“Empecé a estudiar en una dictadura, he debido de romper muchos techos de cristal, pero lo hice de forma natural”
Isabel Viña (Gijón, 1956) puede decir que ha dedicado toda su vida a la Universidad de Oviedo. Ha sido estudiante de ingeniería de minas, docente, vicerrectora, y ahora es la Defensora Universitaria, por lo que ha pasado por todos los perfiles posibles que ofrece la enseñanza de la institución académica. Ocupa este último cargo desde 2022 y ha llegado la hora de jubilarse. En reconocimiento por su trayectoria, ha sido galardonada por la Asociación Mujeres Empresa con los premios Prestosa, en la categoría de «Profesional», coronando de esta manera una carrera profesional que siempre ha girado en torno al mismo eje: la pasión por la enseñanza.
[–>[–>[–>-Ha sido reconocida con el premio «Mujer Prestosa 2026» en la categoría «Profesional», ¿qué significa para usted recibir este galardón?
[–> [–>[–>-En un primer momento fue un susto, porque no esperaba este reconocimiento. Pero después sentí alegría, porque llega en un momento muy bonito, al final de mi vida profesional. Me falta un mes para llevar 44 años en el mundo universitario haciendo de todo, así que este reconocimiento por parte de la Asociación Mujeres Empresa es como la guinda al pastel de mi carrera.
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-Después de tanto tiempo vinculada a la Universidad, ¿cómo ha visto evolucionar a la institución?
[–>[–>[–>-Yo lo primero que conocí fue una universidad franquista, empecé a estudiar en una dictadura. Aun así, siempre digo que me pude matricular en una carrera profundamente machista: soy ingeniera de minas y nadie me puso ningún inconveniente para que yo me matriculase. Después hay otras barreras que tuve que saltar, pero nunca lo viví distinto de lo que lo hacía el compañero hombre de mi lado. De hecho, los profesores eran paternalistas conmigo, incluso me tenían un poquitín de miedo porque era algo que no habían visto nunca, una mujer estudiando una carrera. He debido de romper muchos techos de cristal, pero la verdad que lo hice de manera natural.
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-¿Se ha ido revirtiendo esa tendencia?
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[–>-Delante de mí salieron cinco ingenieras, y en mi promoción salimos cuatro, esas fuimos las primeras. Después, ya llegó un momento que casi igualábamos a los hombres. Me pasé a la docencia en octubre de 1982, por lo que aparte de ver cómo ha evolucionado la Universidad he podido entender cómo ha evolucionado la mujer. Por ejemplo, antes había algunas mujeres que daban clase en las ingenierías, pero impartían asignaturas básicas de química o física. Casi todos los profesores de ingeniería de aquella época eran hombres, yo debí de ser la tercera o la cuarta en serlo. Ahora hay muchas más mujeres, pero sí es cierto que el número de estudiantes femeninas ha bajado. No le encuentro mucha explicación, seguramente sea por modas.
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-En 2022 pasó a ocupar el cargo de Defensora Universitaria, colocándose en un lado neutral del pupitre. ¿Cómo valora su paso por este puesto, que acabará el próximo agosto?
[–>[–>[–>-Se trata de un cargo independiente y elegido por claustro. Escucho a todo el mundo, pero en principio nadie me puede decir lo que tengo que hacer, cómo lo tengo que hacer o si puedo hacer una cosa. Incluido el rector. Al principio no sabía por dónde me daba el aire, ya que entré en postpandemia y mi antecesora hacía años que había dejado el cargo. Yo me lo construí a mi manera, e hice lo que me hubiera gustado que hicieran conmigo si fuera estudiante. Se trata de un trabajo muy empático, ya que basa en hablar con los estudiantes. Ahora nos escuchamos muy poco entre nosotros porque siempre vamos con prisas y mirando el móvil, así que, aunque yo no pueda solucionar las cosas, hablar con los estudiantes les ayuda.
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-¿Cuáles son los problemas que más acusan los estudiantes?
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-Sobre todo, la evaluación y el entrar en la carrera que quieran. Después hay otros problemas que también la gente protesta mucho con las aulas o los turnos de mañana y tarde.
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-¿Han cambiado estos problemas respecto a su generación?
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-Ahora los alumnos son mucho más reivindicativos de lo que éramos nosotros. Nosotros no teníamos derecho a nada, el profesor era Dios y tú no le podías decir nada. Te suspendía y no había más discusión. Desde luego, la Universidad de Oviedo de ahora ha mejorado muchísimo frente a la Universidad de Oviedo que yo conocí.
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-En la institución estuvo como vicerrectora de 2003 a 2008 y como directora de área de 2000 a 2002, mirando atrás en el tiempo, ¿cómo valora esa etapa?
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-Aprendí mucho en esa etapa, hubo un plan de inversiones muy bueno que nos permitió construir edificios, y yo cómo soy profesora de estructuras, fue una buena época. Además, en ese momento la Universidad de Oviedo tuvo unos años muy buenos. Sentí que hacía un trabajo distinto al docente, algo más profesional. Pero vaya, que era un cargo exigente, ya que no había ni sábados, ni domingos, ni festivos. Estoy muy agradecida con el rector de la época, Juan Vázquez, por pensar en mí, desde luego que tenía mucha libertad de maniobra, pero las cosas que había que hacer tenían que estar hechas.
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-¿Cuál es el mayor reto que tiene ahora la Universidad?
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-Primero está gestionar bien sus edificios, algo que sobre todo pasa en Oviedo más que en Gijón. A ver qué pasa con el Campus del Cristo y con los edificios del HUCA, ahí hay un lío que yo no acabo de ver. Nada de esto se acaba de plasmar en un documento oficial, además que claro, va pasando el tiempo y los edificios de la Universidad comienzan a tener años, lo que produce goteras. Deben de acomodar los espacios a las titulaciones y necesidades actuales, ya que ahora tienen bastante menos alumnado. Y sobre la privada, no la veo mal, porque a mí tener en frente a alguien que haga lo mismo que yo me sirve de incentivo, crea competitividad. Además, la pública tiene todo el equipamiento y el profesorado necesario para que la privada no sea un rival, siempre que se ponga las pilas.
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-Tras 44 años en la Universidad, ¿tiene ganas de jubilarse?
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-Yo el 31 de agosto paso a la reserva. Ahora haré las cosas que me gustan, iré a clases de pintura… Soy una persona que me muevo mucho y lo seguiré haciendo, pero no tengo nada pensado porque hay que saber también dar un paso al lado.
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-¿Qué es lo que más va a echar de menos?
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-Entrar en un aula. Yo soy docente de vocación, me encanta dar clase. La juventud me da chutes de energía, tengo la vida y la fuerza que tengo por estar siempre rodeada de gente joven.
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-¿Qué consejo le daría a un alumno que acaba de realizar la PAU y quiera hacer una ingeniería en la Universidad de Oviedo, por ejemplo?
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-Que disfrute. Que disfrute las distintas etapas de la vida. La universidad hay que vivirla, no es solo ir a clase, ahora tienes muchas más cosas para divertirte que cuando yo era joven. Antes era la primera vez que salías de casa y te sentías independiente, así que hagan nuevos amigos, se formen todo lo que puedan y que disfruten, que no se pongan límites, porque eso ya lo van a hacer los demás. n
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