Éramos una familia de clase media. Mi madre no trabajaba y con mi padre no tengo ningún vínculo
el nombre de Yan Diomandé acapara toda la atención mediática en este dinámico mercado estival. Con sólo 19 años, el veloz extremo marfileño procedente de RB Leipzig Se ha consolidado como una de las revelaciones más deslumbrantes del fútbol mundial.
En las últimas horas, su futuro parece más cerca que nunca de Santiago Bernabeu. Él el verdadero madrid ha pisado el acelerador y las negociaciones se encuentran en una fase verdaderamente decisiva, hasta el punto de que en la capital española ya se habla de una oferta formal que ascendería a unos 90 millones de euros fijos más otros 10 millones variables.
El propio futbolista tiene muy clara su prioridad: su gran sueño es vestir la camiseta blanca este verano.
Antes de convertirse en una de las mayores estrellas en ascenso en BundesligaDiomandé tuvo que romper piedras. Su breve paso por el fútbol español con Leganés Fue sólo el preludio de su emergencia definitiva en Alemania.
Sin embargo, detrás de las cifras astronómicas de su traspaso y su inminente fichaje por el equipo más exitoso del planeta, se esconde una historia íntima fuertemente marcada por las dificultades.
Yan Diomandé, con Costa de Marfil en el Mundial.
En un comunicado, el jugador abrió su corazón para recordar cómo fue su compleja infancia en Costa de Marfil.
Echando la vista atrás, describe su contexto antes de dar el salto a Europa con una frase demoledora: «Éramos una familia de clase media. Mi madre no trabajaba y no tengo ninguna conexión con mi padre», confesó.
Diomande explicó que tras la trágica muerte de su única hermana biológica, creció como hijo único, rodeado de primos que se comportaban como verdaderos hermanos con él. «Ni ricos ni pobres, digamos que teníamos el nivel mínimo de subsistencia», añadió sobre la modesta economía de su país.
El aspecto más crudo de sus palabras aparece cuando aborda la figura de su padre, un hombre completamente ausente en su desarrollo humano y profesional. Como explicó el 25 de julio, la distancia es un muro infranqueable: «No sé qué hizo mi padre. No vivíamos en el mismo país, él estaba y está en Francia».
Hoy, este joven que ha madurado superando importantes carencias emocionales y materiales, se prepara para firmar un contrato millonario en las oficinas de Valdebebas. Es el contraste absoluto entre un pasado humilde y un futuro brillante.
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