a más consumo de niños, más hipertensión en adultos
Un vaso de zumo de naranja en el desayuno se asocia tradicionalmente a una dieta saludable por su combinación de vitaminas y azúcares procedentes de la fruta. Sin embargo, este halo se va desvaneciendo poco a poco, asociando los zumos, especialmente los industriales, … a la obesidad infantil. Sin embargo, una exhaustiva investigación que sigue a más de 25.000 personas durante un cuarto de siglo, publicada hoy en ‘Circulation’, la revista insignia de la American Heart Association (AHA), va aún más allá al revelar que el consumo habitual de zumo de frutas desde la infancia está directamente asociado con mayor riesgo de desarrollar presión arterial alta tan pronto como llegue a la edad adulta.
Los resultados subrayan la necesidad de controlar lo que beben los jóvenes, en un momento en el que los problemas cardiovasculares se producen cada vez más temprano. «Los hábitos alimentarios tempranos pueden tener consecuencias para la salud a largo plazo», advierte Vasanti Malik, profesor de nutrición en la Facultad de Medicina Temerty de la Universidad de Toronto y autor principal del estudio.
“La hipertensión aparece cada vez antes, con tasas cada vez mayores en niños y adolescentes”
Vasanti Malik
universidad de toronto
Para el investigador canadiense, el problema ya no es exclusivo de la mediana edad: «La hipertensión aparece cada vez más temprano, con tasas crecientes en adultos jóvenes, niños y adolescentes, lo que pone de relieve la importancia crucial de la detección y la prevención tempranas».
El discreto peligro de los líquidos
Para comprender el impacto de estas pautas sobre líquidos, el equipo analizó datos del Estudio Growing Up Today (GUTS), que ha reclutado a miles de niños y adolescentes estadounidenses de entre 9 y 16 años desde mediados de los años 1990. Utilizando cuestionarios dietéticos detallados repetidos periódicamente, los investigadores monitorearon el consumo de refrescos, bebidas deportivas, jugos de frutas y frutas enteras. Los resultados después de 25 años de seguimiento son claros: quienes consumían dos o más porciones de bebidas azucaradas al día tenían una 52% mayor riesgo de desarrollar hipertensión que aquellos que sólo las tomaron de forma anecdótica.
Pero la verdadera sorpresa del estudio reside en las opciones denominadas “saludables”. Los participantes que bebían una porción y media o más de jugo de frutas al día tenían un riesgo 35% mayor de hipertensión que aquellos que consumían menos de un vaso por semana. Cuando se desglosa por categoría, cada porción diaria de jugo de naranja aumenta el riesgo en un 20%, un impacto que no se observó significativamente con el jugo de manzana. Los investigadores sugieren que esto puede deberse en parte al hecho de que muchos consumidores confunden refrescos o néctares sabor a naranja – cargado de azúcares agregados – con jugo 100% prensado.
La falsa equivalencia de la fructosa
La clave de este fenómeno no reside necesariamente en la cantidad total de azúcar o fructosa que ingerimos, sino en la matriz en la que se produce. El cardiólogo Amit Khera, director de cardiología preventiva del Centro Médico Southwestern de la Universidad de Texas y experto de la AHA, señala que este estudio aclara una confusión popular generalizada. «Existe la idea errónea de que la fructosa en general es perjudicial para la salud cardiovascular, independientemente de su fuente, y que los zumos de frutas siempre son beneficiosos. «Este estudio demuestra que ninguna de estas afirmaciones es correcta», afirma Khera.
Reemplazar una ración diaria de zumo por una fruta entera reduce el riesgo de hipertensión en un 19%
Según el especialista, la fruta entera aporta fibra, saciedad y una absorción mucho más lenta de azúcares directos, que Se pierde por completo al prensarlo o licuarlo.. El modelo estadístico de los investigadores mostró que reemplazar una sola porción diaria de una bebida o jugo azucarado por una pieza entera de fruta reducía el riesgo de hipertensión en un 22% y un 19%, respectivamente. La sustitución de los refrescos por agua o leche también se relacionó con una disminución del 13% en la probabilidad de padecer esta afección, que sirve como preludio de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares.
Hacia políticas sanitarias más restrictivas
Aunque el estudio tiene limitaciones (al estar basado en cuestionarios declarativos y en una cohorte predominantemente blanca), los autores señalan que el impacto real podría ser incluso mayor en poblaciones minoritarias procedentes de entornos vulnerables, donde el consumo de refrescos y bebidas procesadas es generalmente mayor. Respaldada por evidencia científica, la Asociación Estadounidense del Corazón insiste en que las porciones de jugo de frutas, incluso las naturales, deben limitarse al máximo y consumirse con moderación, privilegiando siempre el agua y la fruta fresca.
Las porciones de zumo de frutas, incluso las naturales, deben limitarse al máximo y consumirse con mucha moderación.
Ante este panorama, la institución médica defiende la aplicación de políticas públicas más agresivas para frenar la epidemia de hipertensión en las escuelas. Entre las medidas propuestas se encuentran la introducción de impuestos específicos a las bebidas azucaradas, la drástica mejora de los estándares nutricionales en los menús escolares y el impulso de un etiquetado mucho más transparente e informativo en el sector de la restauración.
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