Abrir mercados sin cerrar el campo
Abrir mercados, con competencia leal y salvaguardas eficaces, es una forma de fortalecer el empleo, la estabilidad y el futuro productivo de Asturias. Cada vez que se habla de Mercosur, el debate se tensa en Asturias: ¿oportunidad para vender más o amenaza para el campo? La respuesta no cabe en un sí o un no. El acuerdo UE-Mercosur plantea una oportunidad que Asturias haría bien en analizar con rigor y sin apriorismos. Estamos ante un mercado de más de 260 millones de consumidores y una reducción progresiva de más del 90% de los aranceles. Para una comunidad con vocación industrial y un sector agroganadero que sostiene buena parte del territorio, el debate no debería ser dicotómico (a favor o en contra), sino práctico: cómo aprovechar la apertura y, a la vez, cómo asegurar reglas y salvaguardas eficaces para que nadie compita con ventaja.
[–>[–>[–>Efectos económicos: exportaciones, PIB y empleo.
[–> [–>[–>Más allá del debate político, conviene atender a las estimaciones disponibles. Un estudio encargado por la Secretaría de Estado de Comercio apunta a un efecto positivo para España: +37% de exportaciones hacia Mercosur cuando el acuerdo se despliegue plenamente, +0,23% de PIB y más de 22.000 empleos. Con las cautelas propias de cualquier proyección, el mensaje de fondo es claro: la reducción de barreras puede traducirse en actividad si se acompaña de estrategia. Y hay precedentes útiles: el CETA con Canadá también generó en su día pronósticos apocalípticos; sin embargo, desde su aplicación provisional se ha consolidado como un acuerdo avanzado, con un aumento sostenido del comercio y un impulso notable de las exportaciones europeas, incluidas las agroalimentarias. Más allá de los porcentajes, deja otra lección relevante: los acuerdos entre socios fiables refuerzan cadenas de suministro y cooperación en un contexto internacional cada vez más incierto, marcado por riesgos y retos comunes. En clave asturiana, la cuestión es cómo convertir esa oportunidad en resultados: más ventas exteriores, más estabilidad para las pymes y, sobre todo, más futuro para el medio rural.
[–>[–>[–>
Asturias ya exporta a Mercosur: con menos barreras, podemos escalar.
[–>[–>[–>Partamos de un hecho: Mercosur ya existe en la balanza comercial asturiana. En 2023, nuestras exportaciones al bloque alcanzaron 197 millones de euros (el 3,13% del total regional), con Brasil como principal destino. Y se logró con aranceles elevados. Si reducimos fricción, ganamos margen para que más empresas –incluida la cadena agroalimentaria— se atrevan a dar el salto. A esta base real se suma un factor en el que España –y, por extensión, Asturias– parte con ventaja frente a otros países europeos: la cercanía cultural y el idioma compartido con buena parte de los países de Mercosur. Este elemento, a menudo infravalorado en los análisis comerciales, reduce costes de entrada, acorta curvas de aprendizaje y facilita relaciones de confianza estables, especialmente relevantes para pymes y cooperativas. Hablar el mismo idioma no es solo una cuestión de comunicación: implica más agilidad en la negociación, menos intermediación, mejor comprensión de hábitos de consumo y mayor fluidez en lo comercial y lo técnico. En procesos de internacionalización, estas ventajas «blandas» pueden ser tan decisivas como las arancelarias para llegar antes, consolidarse mejor y permanecer en el mercado. La consecuencia es clara: con menores costes de acceso y una afinidad cultural que otros competidores europeos no tienen, las pymes asturianas pueden competir mejor, probar nuevos nichos y consolidarse. Y aquí el sector primario tiene un papel doble: como productor y como motor de industria transformadora (lácteos, cárnicos, conservas, bebidas), donde se crea empleo y valor en origen.
[–>[–>[–>
Salvaguardias: el punto crítico para el sector primario.
[–>[–>
[–>Para un ganadero o agricultor asturiano, el acuerdo solo es aceptable si el sector primario no compite en desventaja. Sobre el papel, la UE prevé un Reglamento de Salvaguardias Agrícolas reforzado para suspender ventajas arancelarias cuando un producto sensible cause –o amenace con causar– perjuicios significativos. La clave, como casi siempre, no está en la letra, sino en la práctica: vigilancia del mercado y capacidad real de actuar sin demoras. Además, el acuerdo fija contingentes para ordenar el flujo importador en productos sensibles. En el caso de la carne de vacuno, el cupo sería de 99.000 toneladas anuales, con un arancel del 7,5%; en términos de escala, equivale a alrededor del 1,5% de la producción anual de vacuno de la UE. Y, aun así, si el mercado se distorsiona, podrían activarse mecanismos adicionales de protección: por ejemplo, cuando las importaciones aumenten de media más de un 5% durante tres años o los precios caigan más de un 5%. En resumen: las herramientas existen, pero deben convertirse en control efectivo y respuesta rápida si se necesitan.
[–>[–>[–>
Un sector pequeño en PIB, grande en valor social.
[–>[–>[–>Conviene, además, poner el debate en cifras y en perspectiva. En Asturias, el sector primario aporta en torno al 1,5% del PIB regional, mientras que la industria agroalimentaria representa aproximadamente un 2,3%. En conjunto, la producción primaria y su transformación apenas alcanzan el 3,8% del PIB asturiano, una cifra modesta si se compara con su potencial económico, su capacidad de arrastre sobre otras actividades y su papel en la cohesión territorial. Esta brecha entre peso actual y potencial no es un dato menor: indica que existe margen real para crecer si se desarrollan políticas que refuercen la rentabilidad del campo, impulsen la transformación en origen y consoliden cadenas de valor más largas y estables. Hacer crecer el sector primario y su industria asociada no es una cuestión defensiva, sino una apuesta estratégica de desarrollo. A ello se suma un factor que va más allá de la contabilidad económica: el alto valor social y emocional del sector. La ganadería y la agricultura son esenciales para preservar el territorio, mantener vivos los pueblos y sostener una cultura tradicional que forma parte de la identidad asturiana. Proteger y fortalecer el campo no es solo una política económica: es una política de equilibrio territorial, de paisaje y de futuro.
[–>[–>[–>
Competir sí, pero con la misma regla: estándares UE sin atajos.
[–>[–>[–>
Si algo debe quedar fuera de discusión es esto: nadie puede competir contra quien juega con otras reglas. El tratado establece que los productos importados desde Mercosur han de cumplir normas UE de seguridad alimentaria, sanidad, trazabilidad y etiquetado. Para Asturias, donde producir bien cuesta, esta reciprocidad no es un detalle: es la base del contrato social del acuerdo. Y, además, la trazabilidad y el origen claro son aliados del productor asturiano: cuando el consumidor puede elegir con información, la calidad y el territorio cuentan. Esa es una batalla que Asturias sabe librar si se la dota de promoción y canales.
[–>[–>[–>
El campo asturiano: competir diferenciando y ganando valor en origen.
[–>[–>[–>
Habrá competencia, por supuesto, y sería ingenuo negarlo. Pero el campo asturiano no se sostiene encerrándolo: se sostiene haciéndolo más rentable. El acuerdo puede empujar una agenda útil: más transformación en origen, más cooperación, más innovación y más marca. El objetivo no es producir más a cualquier precio, sino capturar más valor por cada kilo, litro o pieza. Hay, además, un ángulo menos visible y muy relevante para las explotaciones: el de los costes de los insumos. Si la mayor integración comercial reduce trabas y costes de importación de materias primas —como forrajes o fertilizantes— puede ayudar a contener gastos, mejorar la capacidad de planificación y amortiguar episodios de tensión de precios. Para un sector con márgenes ajustados, cualquier avance en estabilidad de costes es, también, una política de rentabilidad. Mercosur no es solo volumen: es también un mercado donde crece la demanda de productos agroalimentarios europeos de calidad –sidra, vino, miel, quesos, conservas, elaborados–. Asturias, con su reputación y su potencial de industria alimentaria, tiene aquí una ventana para no solo vender más, sino también vender mejor.
[–>[–>[–>
El acuerdo no es solo campo: es industria, empleo y cadenas de valor.
[–>[–>[–>
Reducir barreras comerciales también significa dar aire a la industria y a los servicios asociados (logística, ingeniería, consultoría, tecnología). Si además se abre acceso a contratación pública, hasta ahora vedado, y se facilita un marco estable, pueden llegar alianzas e inversión. A ello se suma un factor a menudo olvidado: los países de Mercosur están inmersos en amplios programas de modernización que demandan nuevas infraestructuras y soluciones técnicas, ámbitos en los que nuestras empresas son especialistas y pueden competir en muy buenas condiciones como proveedoras. Pero nada de esto ocurrirá por inercia: hay que acompañarlo con promoción, inteligencia de mercado y apoyo a la internacionalización.
[–>[–>[–>
Conclusión: oportunidad, sí; con estrategia y control.
[–>[–>[–>
Asturias debe afrontar este acuerdo sin ingenuidad, pero también sin miedo: abrir mercado puede beneficiar a la región si se cumple lo esencial, esto es, competencia leal (estándares UE y controles efectivos) y protección de los sectores sensibles mediante salvaguardias y contingentes que permitan reaccionar cuando el mercado se distorsione. La oportunidad no es abstracta: está en más exportación, más industria transformadora y más valor en origen para sostener empleo y territorio. Para convertir esa posibilidad en resultados hacen falta decisiones. Las administraciones deben reducir burocracia, agilizar tramitaciones y orientar políticas agrarias y ganaderas hacia inversión productiva, tecnología e innovación. Y, en paralelo, hay que asumir el marco internacional en el que nos movemos: un nuevo orden geopolítico que cierra puertas con brusquedad obliga a abrir otras con inteligencia y diligencia. Mercosur es una de ellas; aprovecharla con reglas y estrategia es, hoy, una cuestión de futuro. La experiencia histórica muestra que el comercio, cuando se apoya en reglas claras y confianza entre socios, impulsa la prosperidad y tiende puentes de cooperación, un activo especialmente valioso en tiempos de incertidumbre. Pero en Asturias el listón es sencillo de enunciar y exigente de cumplir: abrir mercados no puede significar cerrar explotaciones. En ese contexto, conviene no perder la perspectiva: la audacia sin reglas es temeridad; y las reglas sin audacia, resignación.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí