ACCIDENTE DE TREN ADAMUZ (CÓRDOBA)
Empezando por el final, un optimista concluiría que Óscar Puente ha perdido el tren. Quedará marcado para siempre por la tragedia de Córdoba. No se ha proclamado ‘alcalde de España’, a diferencia del neoyorquino Rudy Giuliani, elevado a ‘alcalde de América’ tras el 11-S. Es demasiado bronco para culminar sus lícitas aspiraciones a una promoción, de ministro raso a inquilino de La Moncloa. Porque el titular de Transportes, como su propio apellido indica, había dejado de ser gregario, estaba más preocupado por su futuro personal que por blindar al líder máximo. En su delicada situación presente, ha perdido el futuro. Ya no aspira, se conforma con respirar.
[–>[–>[–>Puente juega al golf, aunque quizás no sea el momento. El impacto de una catástrofe se mide en la intensidad con la que desfigura la biografía de sus protagonistas. El tercer hijo del ministro, al que presentó en sociedad con el desparpajo de los usuarios de X, no ha cumplido un año.
[–> [–>[–>De hecho, el maestro de las redes aprende a actuar sin red, como Pinito del Oro sentada sobre dos patas de su silla en el trapecio. Da la cara, pero no explica lo ocurrido, el especulador nato ofreció más hipótesis en la medianoche del domingo aciago que en los días sucesivos.
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Improvisa, es un campeón del stand-up. Antes de Trump, era imposible contemplar al responsable de un escenario de catástrofe pronosticando que «habrá sorpresas», como si fuera el guionista de la representación en lugar de su primera y más señalada víctima política. También se atreve a reconocer meditabundo que, tras el segundo accidente mortal de tren en 48 horas, se preguntó «qué más puede pasarme».
[–>[–>[–>Óscar Puente no es Salvador Illa, el discurso del titular de Transportes viaja a velocidad de AVE y golpea a cientos de kilómetros por hora.
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Pero, y aquí viene la prestidigitación, no dice nada. Las dos horas y media de agotadora confrontación periodística del pasado miércoles acabaron en tablas, las preguntas golpean sobre el caparazón de una tortuga.
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[–>El ansia de protagonismo de Puente es hereditaria, su hija participó en La Voz Kids con el padre de la criatura entusiasmado entre bastidores.
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Habituados al ocultismo que sigue a las tragedias, deslumbra la ubicuidad casi procaz del ministro. Hasta que, de nuevo, se advierte que no está ofreciendo ningún dato consistente. Incluso se equivoca sobre el número de fallecidos en la comparecencia más crucial de su carrera, habla de 42 cuando ya se sabe que son 43, y 45 en el momento de sellar este escrito.
[–>[–>[–>La ocultación de Puente bajo los focos y su carácter dicharachero obligan a formularle la misma pregunta ficticia que a Mary Todd Lincoln. Tras el asesinato de su marido en el teatro, se le plantea a la viuda de Lincoln un sarcástico «al margen de eso, ¿qué tal la función?». Porque el ministro abusa de la decoración, se entretiene en los datos macroeconómicos, no pronuncia ni una palabra que sirva a las víctimas para clausurar su duelo. Y por supuesto, Transportes no tiene la culpa, y mucho menos Adif o Renfe. El Gobierno vuelve a intentar la táctica del apagón, zafarse sin un rasguño ni una explicación coherente.
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Con su modestia habitual, Trump concluyó durante su primer mandato que «soy el Hemingway de Twitter». Castellanizando el galardón, Puente es el Valle Inclán de X. Se ha insistido en que los 42, 43, 45 muertos han sofocado su furor tuitero, pero el tigre no pierde las rayas tan fácilmente. Al día siguiente de la colisión ya abrillanta sus colmillos, para acusar al Gobierno de Rajoy de que «la inversión descendió muchísimo en el ámbito ferroviario». Por respeto al dato, el último presidente del PP subió a los altares de la jubilación forzosa hace ocho años. Hay tragedias en diferido, pero la credulidad tiene un límite.
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El ferrocarril juega un papel esencial en la biografía de Puente. Había sido alcalde de Valladolid durante dos mandatos, pero adquirió notoriedad precisamente en el AVE, a raíz del enfrentamiento con un pasajero que le increpó. La opinión pública descubrió a un político que siempre elegiría el temple sobre la templanza.
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España se ha criado en el desastre, y la mayor incógnita del actual radica en la larga duración de la tregua política subsiguiente. Para explicarla, cabe recordar que Ábalos y Puente son los arietes utilizados por Pedro Sánchez en la moción de censura contra Rajoy y en la investidura fallida de Feijóo. El actual líder popular sufrió una humillación comprimida en «de ganador a ganador», los dos candidatos más votados que no habían conquistado ni la alcaldía ni la presidencia del Gobierno. El PP ha retrasado el choque frontal con el ministro porque le teme, así de sencillo. Con todo, y acabando por el principio, un pesimista hubiera emprendido este retrato barajando si Óscar Puente ha perdido el último tren.
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