Admirable como profesional y como ciudadano
La noticia del fallecimiento de Orlando Sanz tiñó ayer de luto el periodismo asturiano, del que en la actualidad formaba parte como uno de sus miembros más admirados y, a la vez, respetados y queridos. Llevaba ya bastante años jubilado de la actividad propiamente periodística, pero es seguro que esos sentimientos seguían vivos en los lectores que, al haber podido convivir con su época de actividad profesional, retenían en su memoria lo mucho que habían podido disfrutar de la calidad y el interés de unos artículos que no dejaban a nadie indiferente, incluidos los que discreparan de aspectos de su contenido, en los que el ovetensismo, en el mejor sentido de la palabra, era un protagonista habitual. Porque Orlando era un enamorado de Oviedo, su ciudad, la cual –qué menos– lo reconoció dedicándole una calle. Él, por su parte, puso en su defensa lo mejor de sus cualidades, como la precisión de la información, la agudeza crítica y la calidad literaria. También la capacidad representativa, pues fue presidente de la Asociación de la Prensa de Oviedo después de haber sido vicepresidente de la de Gijón, lo que indica la falta del sectarismo que algunos quisieran reprocharle.
[–>[–>[–>A estas virtudes profesionales añadía Orlando Sanz unas cualidades humanas que le hicieron particularmente apreciado como ciudadano, como su discreción, su generosidad y su sencillez. Decir que le echaremos mucho de menos deja de ser en el caso de su fallecimiento un tópico para expresar una dolorosa realidad.
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