Almaraz y el coste de no decidir
La central nuclear de Almaraz sigue pendiente de un paso que el Gobierno y el Consejo de Seguridad Nacional no parecen tener prisa por dar. Cerrarla o alargar su vida hasta 2030 no es solo un dilema técnico. Se trata de una decisión política, a un año del fin oficial de la legislatura, con efectos directos sobre el sistema eléctrico, la actividad económica, el empleo y hasta la credibilidad de la planificación energética. Lo que ocurra en Extremadura, que supone casi el 7% del consumo eléctrico del país, podría, además, sentar un precedente para otras centrales con cierre programado.
[–>[–>[–>El Gobierno se escuda en que el calendario está pactado con las empresas. Cualquier prórroga –argumenta– exige que sean ellas quienes la soliciten y que asuman los costes. Formalmente, es así. Las compañías, de hecho, ya lo han pedido. Lo que sigue sin aclararse es cómo actuará el Ejecutivo ante esa petición ni en qué plazos. La tramitación avanza con una lentitud difícil de justificar, acompañada de mensajes públicos contradictorios, como si el Gobierno aspirara a que el paso del tiempo resolviera una decisión que le corresponde asumir.
[–> [–>[–>A esta falta de definición se suma un déficit de transparencia preocupante. La Administración aún no ha hecho público el informe sobre el impacto del cierre de Almaraz, ni los planes de reactivación económica y territorial que deberían acompañar a esa decisión si se ejecutara. La ausencia de ambos documentos alimenta una conclusión difícil de esquivar: la prórroga es hoy la única opción realista, en un contexto en el que todos los actores saben que el calendario de cierre es materialmente imposible de cumplir y que la transición energética no está en condiciones de sustituir, ni en plazo ni en garantías, a esta central.
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Almaraz no es una abstracción ni un símbolo ideológico. Es una infraestructura crítica. Cada día que pasa sin una decisión no acerca una transición ordenada, sino que incrementa el coste energético, económico y político de una prórroga que nadie podrá eludir.
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