así cuesta 14.000 millones el torneo de EEUU, México y Canadá
El Mundial de 2026 aspira a romper prácticamente todos los récords del fútbol. Ha sido el primero con 48 selecciones, el primero organizado conjuntamente por tres países y el primero que superará la barrera de los 100 partidos, con un total de 104 encuentros repartidos entre Estados Unidos, Canadá y México que cerrará el círculo con la final de este domingo entre España y Argentina.
[–>[–>[–>Pero el torneo también amenaza con convertirse en el más caro y en el de mayor huella ambiental de la historia del fútbol moderno.
[–> [–>[–>La paradoja es llamativa: frente a las multimillonarias inversiones en estadios de Brasil 2014 o Qatar 2022 (para este Mundial se invirtieron más de 220.000 millones, el récord hasta ahora), el Mundial norteamericano se apoyará casi exclusivamente en infraestructuras ya existentes. Sin embargo, el coste agregado del evento podría situarse en el entorno de los 14.000 millones de dólares, según diversas estimaciones económicas internacionales, una cifra comparable a la de Rusia 2018 y solo muy inferior a la excepcional inversión realizada por Qatar.
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Un Mundial con menos hormigón y más servicios
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La principal diferencia respecto a anteriores ediciones es que el gasto no se concentrará en la construcción de estadios, sino en la adaptación de instalaciones existentes y en el refuerzo de servicios públicos y privados vinculados al evento.
[–>[–>[–>Las administraciones locales han asumido inversiones faraónicas en seguridad, transporte, movilidad urbana, limpieza, telecomunicaciones y gestión de grandes concentraciones de visitantes, además de las mejoras necesarias en los entornos de los estadios y las denominadas “fan zones”.
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En paralelo, el sector privado espera beneficiarse del aumento del turismo y del consumo asociado al campeonato. Hoteles, aerolíneas, restauración, alquiler vacacional y comercio figuran entre los principales beneficiarios previstos por los estudios de impacto económico elaborados para el torneo.
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[–>La propia FIFA estima que el Mundial generará decenas de miles de millones de dólares de actividad económica en los tres países anfitriones y cientos de miles de empleos directos e indirectos durante el ciclo de organización y celebración del campeonato.
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La FIFA espera ingresos históricos
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El crecimiento del torneo también tendrá reflejo en las cuentas del organismo rector del fútbol mundial.
[–>[–>[–>El presupuesto del ciclo 2023-2026 aprobado por la FIFA contempla unos ingresos récord impulsados por la ampliación del campeonato, el incremento de partidos y el crecimiento del negocio audiovisual y comercial.
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Los derechos televisivos, el patrocinio global, la venta de entradas y los paquetes de hospitalidad convertirán previsiblemente el torneo norteamericano en el más rentable de la historia para la organización.
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La ampliación de 64 a 104 partidos supone un incremento cercano al 63% en el número de encuentros, lo que multiplica el inventario comercial disponible para patrocinadores y operadores audiovisuales.
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No obstante, numerosos estudios académicos sobre grandes eventos deportivos llevan años advirtiendo de una realidad incómoda para las administraciones públicas: los beneficios suelen concentrarse en los organizadores y determinados sectores económicos, mientras una parte significativa de los costes es asumida por los contribuyentes locales.
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La otra factura: energía y emisiones
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El debate económico del Mundial de 2026 no puede separarse de su impacto energético y climático.
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Diversos análisis independientes apuntan a que el torneo acabará generando entre 7 y 9 millones de toneladas de CO2 equivalente, una cifra que lo convertiría en el Mundial más contaminante jamás celebrado. La mayor parte de esas emisiones no procederán de los estadios, sino del transporte aéreo.
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La dispersión geográfica de las sedes ha obligado a millones de aficionados, periodistas, patrocinadores y trabajadores vinculados al torneo a recorrer miles de kilómetros entre ciudades como Vancouver, Miami, Ciudad de México, Nueva York o Los Ángeles.
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A ello se suma el elevado consumo energético asociado a la climatización de estadios cubiertos en ciudades especialmente cálidas (se han llegado a alcanzar los 35ºC en el Mundial), las retransmisiones audiovisuales en alta definición, los centros internacionales de prensa y las infraestructuras digitales necesarias para seguir el evento en todo el mundo.
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La reutilización de estadios, considerada inicialmente uno de los grandes argumentos de sostenibilidad del torneo, podría quedar así eclipsada por el impacto del transporte y de la propia dimensión del campeonato.
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El nuevo modelo económico del fútbol global
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El Mundial de 2026 marcará probablemente un cambio de paradigma en la economía de los grandes eventos deportivos. Menos inversión en hormigón y más gasto en servicios, movilidad y logística. Menos construcción de infraestructuras permanentes y más dependencia del transporte internacional y de la conectividad global.
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Un modelo que reduce algunos de los excesos urbanísticos asociados a anteriores campeonatos, pero que abre nuevos interrogantes sobre la sostenibilidad económica y ambiental de los megaeventos deportivos del futuro.
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Porque el torneo que presumirá de reutilizar estadios podría terminar siendo, al mismo tiempo, el más rentable para la FIFA y el más costoso para el clima.
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