así desgrana las claves de su éxito empresarial su hijo Manuel Alonso
Manuel Corripio Alonsovicepresidente del Grupo Corripio, recogido este viernes en Gijón, en representación de su padre, José Luis «Pepín» Corripioel XV premio “Álvarez Margaride” a la trayectoria empresarial de un asturiano nacido en 1934 en Arroes (Villaviciosa) que ha conseguido construir un auténtico emporio empresarial con 14.000 empleados en República Dominicana; un grupo de empresas presentes en todos los sectores de la economía dominicana. el discurso de manuel corripioen el que glosa la figura de su padre -también de su madre-, Ana María Alonso– y detalla la cultura familiar y empresarial que los llevó al éxito
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Constituye un gran honor dirigirme a ustedes en ocasión recibir por cuenta de mi padre, José Luis Corripio Estrada, Pepín, este premio Alvarez – Margaride, y les transmito su saludo fraternal, el que le hubiese gustado poder dar personalmente.
[–>[–>[–>Enorgullece a nuestra familia Corripio Alonso que nuestro padre haya sido considerado merecedor del mismo. A la par de este orgullo, nos honra formar parte de ese selecto grupo de extraordinarias personalidades galardonadas en sus catorce entregas previas; siendo papá el primero del extranjero que lo recibe que no forma parte de esa importante comunidad astur-mexicana. Particular gratitud a la Asociación “Asturias Patria Querida”, en la persona de su Presidente, Pedro Sainz de Baranda, quien tuvo a bien proponerlo, y al jurado por haberlo acogido favorablemente. Agradecimiento extensivo a los patrocinadores: Banco Sabadell–Herrero, Asturiana de Zinc, Thyseen Group (TK) Elevator y DKV Seguros que hacen este premio sea posible y que perdure en el tiempo como uno de los principales reconocimientos asturianos.
[–> [–>[–>Confieso que recibirlo en su ausencia me concede una ventaja inesperada: la libertad de hablar de él y sus méritos con una generosidad que a él le pudiera parecer exagerada y que por su modestia quizás no aprobaría. Pido antes de empezar su indulgencia. Habla el hijo, que lo hace desde la profunda admiración, y en estos casos la objetividad suele ceder algo de terreno al afecto.
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Manuel Corripio, durante el discurso de agradecimiento en el acto de entrega del premio «Álvarez-Margaride» a su padre, Pepín Corripio. / Ángel González / LNE
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Les hablaré de un hombre conocido en Asturias principalmente de referencias orales y por los medios de comunicación los que asiduamente en sus crónicas recogen, no solo sus proezas empresariales, si no su sabiduría y su calidad humana. Su vida y obra, al estar geográficamente distantes de Arroes en su Villaviciosa natal, concentrándose en la “la Otra España”, puede generar algo de desconocimiento y hasta misterio. Es mi intención cerrar -en lo posible- ese vacío.
[–>[–>[–>Nuestro Santo Domingo querido, abrió sus puertas de par en par a nuestra familia hace algo más de cien años. Nuestro abuelo, Manuel, apenas un niño de trece años, llega en 1921, habiéndole precedido su hermano mayor Ramón; ambos oriundos de Valbuena (Cabranes). Mi padre, de cuatro años y nuestra abuela Sara, su madre, de Niao, también de Cabranes; lo hacen en 1938. Esta nueva tierra, terreno en el que materializar sueños, los acogió, como hace con todos los españoles de cualquier época: como suyos; y lo hizo como sucede con los inmigrantes en los que su único patrimonio es la esperanza, la buena voluntad y las ganas de trabajar honradamente.
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A pesar de sus hazañas empresariales y personales de toda una vida, papá no se autopercibe como el mítico “hombre hecho a sí mismo”, atributo que erradamente se le reserva a aquellas personas, como él, que sus realizaciones materiales son evidentes. Si algo hemos aprendido de nuestro padre es que esos hombres no son tales. Existen, siempre, los padres que se sacrifican, la esposa que acompaña, los colaboradores que creen en su proyecto y lo adoptan, un país que acoge y propicia, y sobre todo una Providencia que bendice.
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[–>Papá tampoco no se considera el creador de un legado. Ese mérito se lo reserva a sus padres. No se ve co
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mo objetivo del mismo: ese corresponde a las generaciones futuras. El es gestor temporal de un proyecto, su custodio, el que recibió de sus antecesores y engrandeció, porque ese es su propósito en todo lo que toca; y el que entregará a sus descendientes, a sus colaboradores, al país, y a su Asturias natal honrando su origen y apellido, el que se recoge en esa copla popular y antigua que dice: “Muy antiguos de Cabranes son Corripios y Corrales”.
[–>[–>[–>Al hablar de papá es inevitablemente hacerlo de empresas, de diversidad, de comunicación. Papá es un gran emprendedor. Nótese que digo “es”; porque ha demostrado que el acto de emprender, el que hoy en día parece reservado en exclusiva a los jóvenes, no es cuestión de edad. Es una virtud personal que no conoce lugar, edad, ni circunstancia; solo determinación. A sus cumplidos noventa y dos años, conserva la energía vital de siempre para no detenerse en su pulsión vital: emprender. Su padre fue su ejemplo y nos cuenta que en los años de formación no le dio la oportunidad de ser de otra manera. El ejemplo de nuestro abuelo Manuel vive en nosotros. Trabajó hasta sus últimos días a la edad de 97 años. Papá nunca ha contemplado el retiro. Que la Divina Providencia, a la que siempre cita, le permita, como a su padre, seguir haciéndolo por muchos años.
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Manuel Corripio recibe el premio «Álvarez Margaride» de manos del presidente del Principado, Adrián Barbón. / Ángel González / LNE
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El don de la pobreza
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Dentro de los dones recibidos, papá siempre resalta uno, paradójico, pero fundacional: el de la pobreza; la que forjó su carácter determinado y su frugalidad personal; y si bien de ésta, hoy sólo queda su respetuoso recuerdo. Por la intensidad con la que fue vivida, dejó su impronta; la que se percibe en el accionar cotidiano en el que prima el esfuerzo personal constante y el trabajo tesonero, aún hoy en día, cuando pudiera parecer que ya no fueran tan necesarios siguen siendo su esencia, en la que lo económico, para él, deja de ser métrica de éxito y se vuelve accesorio. Lo hace como una forma de educar, mediante el ejemplo, a las generaciones que le sucederán. Recomienda a todos que se viva una pobreza inducida. Cuento como anécdota que en todos nuestros viajes familiares a Asturias nos llevaba, como ritual, primero a nosotros, sus hijos, luego a sus nietos y ahora a sus bisnietos, a la muy humilde casa natal de su padre, del siglo XIX, típica de aldea asturiana, con las habitaciones arriba y la cuadra abajo. Esa casa es la semilla de mostaza del árbol que hoy es su familia. Todos recordamos con orgullo y respeto que se viene de la pobreza.
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Papá dedicó su vida a sus tres grandes pasiones, que son las alimentan de energía todo propósito de vida que valga la pena: su familia, su vocación profesional y sus países: la República Dominicana y España, haciendo de estos dos una amalgama inseparable. En el conviven, como planos simultáneos, sin oposición ni conflicto, lo dominicano y lo asturiano.
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Cinco claves
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Desde su llegada a Santo Domingo dedicó su vida junto a sus padres a crear un patrimonio y lo lograron mediante un método tradicional y nada espectacular. Primero: trabajo constante y paciencia. Ni prisas, ni privilegios inmerecidos. Segundo: Posposición de comodidades personales, accediendo a ellas con años de retraso. Me refiero a aspectos tan elementales, como vivir en una casa alquilada con tal de dejar los flujos en el negocio para su robustez. Se trabajaba de lunes a lunes. Tuvieron que pasar lustros, varios, para que nuestros abuelos pudieran tomar sus primeras vacaciones y volver a Asturias por descanso unos días. Tercero, que este crecimiento fuera acompañado de otros, sus colaboradores; muchos de ellos “pedidos” a Asturias a sus familiares; quienes forjaron el grupo Corripio, hoy un pujante grupo empresarial diverso en todas las ramas de la economía dominicana que da oportunidades de desarrollo a más de catorce mil colaboradores de forma directa y entre quienes se distribuye generosamente lo producido, permitiendo que el progreso fuera de todos. Cuarto, respeto de la tradición. En ella se fundamenta el presente y de ella obtiene su coherencia. Y, quinto, con agradecimiento, el que se ve en múltiples actividades solidarias, las más, de forma privada y anónima; y, otras de forma pública, por medio de nuestra Fundación Corripio en República Dominicana y hoy en día, como realización de un anhelo de siempre: la Fundación Corripio Alonso en Asturías que entregará sus primeros reconocimientos y aportes este mes de octubre en Villaviciosa.
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No puedo hablar de papá sin mencionar su incursión en medios de comunicación. Estos han sido una forma de contribuir al desarrollo de nuestra democracia, en un principio imperfecta, luego funcional. Estos medios de comunicación de nuestro grupo: prensa, radio y televisión, tradicional y digital, hoy en día son patrimonio de la República Dominicana, y somos todos en la familia conscientes de su rol en la sociedad.
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La proveedora de paz: Ana Mary Alonso
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Papá no es entendible por sí solo. Hace falta alguien más: su compañera de toda la vida, su esposa Ana Mary, también asturiana, de Coya (Piloña), mi madre. Solo por medio de ella se explica su éxito. Proveyó la paz, y armonía, elementos que suaviza las aristas, por momentos de cierta aspereza, propia de los inicios de todo emprendedor. Ella es imprescindible para hacer de su éxito algo completo. Integral. Este reconocimiento es tanto de ella como de él.
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Es característica de papá su relación, sin contrariedad ni fisuras, con la realidad, la que acepta tal como lo que es: una sola. Nunca confunde deseo con realidad. Se cuida de no actuar bajo optimismo temerario ni pesimismo paralizante. He notado en discursos anteriores que parte de los galardonados aprovechan este foro para hacer alguna sugerencia que sirva como guía en estos tiempos. Asumo que ésta que ahora, humildemente presento, basada en la filosofía de vida de papá, pueda cumplir ese propósito: se viven tiempos de una aparente incertidumbre global, un mundo nuevo que se conforma, hasta ahora de forma algo caótica. Papá aceptó las cosas como son y supo separar del polvo de la crisis el grano de la oportunidad. Nuestra familia vivió una ocupación militar americana a su llegada, la depresión del 29, un ciclón que asoló la ciudad y todo lo que en ella había, incluido el pequeño negocio del abuelo; su regreso a Asturias, aquí la Guerra Civil, vuelta y reinicio desde cero en Santo Domingo, una cruel dictadura de 31 años, un golpe de estado, una guerra civil, tanteo democrático, crisis políticas, sociales económicas, locales y globales; y así hasta nuestros días, y en medio de todo esto se sigue adelante. Lo vivido tanto entonces como en estos tiempos, nos parece un dejá-vu que da vigencia a Mark Twain en su atribuida idea, aquella de que la historia no se repite, pero a veces rima. Aceptemos la realidad como lo que es, que siempre será más poderosa que nosotros y trabajemos desde ella dando lo mejor de nosotros. No confundamos, como no lo hace él, esperanza y optimismo. Entendamos los matices: El optimismo carece de toda negatividad. Pretende desconocer la duda. El optimista está convencido de que todo estará bien y que el futuro está a su disposición. La esperanza supone acción. Con ella, como papá, emprendamos hacia lo desconocido, a lo que todavía no es y que podemos hacer realidad con nuestro esfuerzo y con nuestro entusiasmo cauto. El optimismo nos ciega a las posibilidades, dando el éxito por hecho. La esperanza nos abre a ellas y a considerarnos dueños de nuestro destino.
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Al final de estas palabras, hijas de la admiración, hilvanadas con orgullo, concluyo con decir que papá salió de Asturias porque así lo quiso el destino, pero Asturias nunca salió de él. Este premio cierra un círculo en el que Asturias sembró, Dominicana acogió. Una vida dedicada trabajo y vivida desde el amor hizo el resto.
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