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así respondieron a Beatriz, trabajadora del hogar, cuando dijo que tenía cáncer

así respondieron a Beatriz, trabajadora del hogar, cuando dijo que tenía cáncer
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  • Publishedmayo 26, 2026



Andrea Ropero profundiza en el precariedad del sector de las trabajadoras del hogar con Claudia y Beatriz, dos mujeres que representan la situación de muchos compañeros, en su mayoría inmigrantes, que Trabajan sin contrato, ganando menos del salario mínimo, sin cotizar a la Seguridad Social y con horarios abusivos..

«Nos convertimos en todo, enfermeras, niñeras, todo», afirma Beatriz, que exige «más justicia; que nos reconozcan como personas profesionales». Un trabajo que, afirma, es «ingrato» pese a su gran compromiso, que les lleva incluso a llorar cuando se despiden de los niños o fallece algún anciano a su cargo: «Los amamos como si fueran familia».

Beatriz destaca la labor de la asociación que la ayuda a reclamar sus derechos: «Me acompañan, me asesoran, me defienden de las injusticias que hemos vivido», afirma la profesional, que relata algunas de las numerosas experiencias en las que no le han pagado y que ella, por temor a ser deportada, no denunció.

Claudia, por su parte, sufrió explotación laboral. A punto de cumplir un año trabajando como pasante, pidió sus vacaciones. La respuesta que recibió fue contundente: «No tienes derecho porque no tienes papeles». Su jornada laboral era de 13 horas diarias, de 8:00 a 23:30 horas por el salario mínimo.

Después de pedir vacaciones, el viernes que salió a trabajar le dijeron que no volviera más. Automáticamente llamó al abogado, quien le dijo que no firmara y presentó la denuncia lo cual, indica, «fue satisfactorio».

En el caso de Beatriz Detectaron cáncer y la familia para la que trabajaba le dijo que se fuera. «Cuando le pedí el permiso a mi hijo, me gritó: ‘Me has jodido. Dimite o habla con mi abogado'», recuerda.

Beatriz, en estado de shock, pidió ayuda a la asociación, que, según explica, la recibió con «los brazos abiertos»: «El abogado se centró exclusivamente en mí», afirma. Luego me mandaron un burofax porque sus empleadores la acosaron y nunca más volvieron a hablarle.

Ahora está «muy recuperada, aunque con secuelas del tratamiento» y, a sus 67 años, 27 de ellos en España, sólo cuenta con cinco aportaciones: «Trabajé de negro todo este tiempo. Fue un error tremendo»admite.

Un futuro esperanzador

Ahora el abogado de la asociación le ayuda a tramitar la ayuda a la que tiene derecho. Claudia, por su parte, acaba de completa tu proceso de regularización y afronta un futuro esperanzador. «Quiero terminar de estudiar», afirma esta mujer cuyo principal objetivo es criar a su hijo y traerlo a España: «Es lo más importante para mí». Gracias a la regularización ha conseguido «un buen trabajo. Maravilloso».

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