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así se desmoronó todo hasta acabar en ruinas

así se desmoronó todo hasta acabar en ruinas
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  • Publishedmayo 11, 2026



Él Real Madrid Terminé de despedirme de EL Liga de la peor manera: derrotado en Él Clásicodominado por el rival que le arrebató el campeonato y obligado a pasar al siguiente proyecto.

El 2-0 de Barcelonacon objetivos de Marca Rashford Y Ferrán Torrescertificó matemáticamente el título del Barça y dejó a los blancos con 14 puntos de ventaja a falta de tres jornadas para el final.

No fue sólo una derrota. Fue el resumen de una temporada que empezó con ambición, continuó entre los cracks y acabó convirtiéndose en una ruina deportiva.

El Madrid llegó al tramo decisivo sin fútbol, ​​sin estabilidad y sin una idea reconocible. Durante meses, cada viaje parecía explicarse como un accidente aislado, pero la acumulación de golpes acabó revelando una realidad mucho más dura: el equipo había caído desde el interior.

Eliminación en Campeonesla cadena de derrotas en Liga y la sensación de que el vestuario había dejado de creer en el camino trazado por Álvaro Arbeloa Convirtieron el final de la clase en una agonía. El Clásico no abrió la crisis, simplemente lo hizo imposible de ocultar.

El Real Madrid toca fondo tras el Clásico y urge una respuesta

La semana más agitada que cualquiera pueda recordar Valdebebasdespués del incidente cometido por Valverde Y Tchouaméniel clímax fue el acampar nosotros. O Vinícius Incluso dos veces se enfrentó a la multitud que le cantaba. «pelota de playa»el responde con El gesto de la 15 Champions.

A poco más de 600 km, en Madrid, Mbappé Siguió el partido desde casa. El francés colgó en internet una foto del partido acompañada de un “Hala Madrid” cuando ya iba perdiendo 2-0. Otro gesto torpe de una estrella con un creciente desapego de todo y de todos.

Vinicius observa una pelota de playa lanzada desde las gradas del Camp Nou


Vinicius observa un balón de playa lanzado desde la grada del Camp Nou

EFE

Estas dos escenas son los dos últimos reflejos de los tiempos difíciles que vive el Madrid. Arbeloa se huele -si no lo sabe ya- que no seguirá: «Tendremos una conversación con el club, como es normal», reconocía en la sala de prensa del Camp Nou.

En el club ya se asume que su ciclo ha quedado consumido por una temporada que nunca encontró continuidad. El Madrid necesitaba una respuesta emocional tras cada revés y apenas encontró silencios, partidos planos y una fragilidad impropia de un equipo construido para competir hasta el último día.

La imagen final es la de un grupo agotado, más pendiente del final que de una reacción, incapaz de sostenerse cuando el calendario empezó a exigir carácter.

Mourinho otra vez

Esta es la razón el nombre de José Mourinho reapareció con fuerza en las oficinas. No como una nostalgia decorativa, sino como una opción real, interior y cada vez mejor posicionada.

El portugués es hoy el favorito del Real Madrid para hacerse cargo en cuanto se abra la puerta contractual que le permitirá hablar con quien crea oportuno al final de temporada con él. Benfica.

Mourinho, mientras tanto, ha insistido públicamente en que no ha habido contactos: «No he tenido ningún contacto con el Real Madrid, no lo he tenido, y hasta el último partido de Liga contra el Estoril no lo tendré». Pero esa frase, lejos de cerrar el caso, lo mantiene en suspenso.

También añadió que después de ese partido tendrá «una semana» de libertad para hablar con quien crea conveniente. En Madrid, esa ventana suena a invitación.

Mourinho no ha querido aparecer como un entrenador en plena campaña de autopromoción, pero fue el primero en colocarse en privado como candidato al banquillo. Esa diferencia entre lo público y lo privado explica el momento actual: oficialmente no hay acuerdo, pero la opción ya vive instalada en el club.

Klopp también fue valorado. Su nombre seduce por prestigio, energía y capacidad para levantar proyectos, pero el alemán ha desmentido reiteradamente que vaya a abandonar su cargo en Red Bull.

José Mourinho, antes de un partido del Benfica


José Mourinho, antes de un partido del Benfica

EFE

La vía Mourinho, en cambio, parece más transitable. El portugués conoce la casa, conoce el peso del escudo y, sobre todo, representa algo que el Madrid siente que ha perdido esta temporada: autoridad competitiva.

Su regreso, de confirmarse, no implicaría una revolución masiva en entradas y salidas. El club no quiere incendiar la plantilla ni convertir el verano en una demolición total. Pero sí se espera un cambio profundo en la convivencia interna, en la exigencia diaria y en la jerarquía del vestuario.

Mourinho no llegaría para administrar inercias, sino para romperlas. Y ese matiz importa en un equipo que ha parecido demasiadas veces resignado a su propio deterioro.

El (deseado) regreso de Kroos

En este escenario también aparece tony Kroos. Su regreso al club, probablemente en un rol cercano a los jugadores, sería una figura de equilibrio.

Mourinho puede aportar tensión, mando y mensaje; Kroos, pausa, lectura y predominio natural en un vestuario que necesita recuperar la confianza sin perder su identidad. Esta combinación reflejaría una idea clara: potenciar el proyecto sin desvincularlo del ADN reciente que permitió a Madrid dominar. Europa.

La temporada deja heridas que no se pueden curar con un simple cambio de entrenador. El Madrid perdió partidos, pero sobre todo certezas. Le faltó pegada cuando había que intimidar, control cuando había que madurar los partidos y soberbia cuando el marcador exigía rebeldía.

El Clásico fue una fotografía cruel porque condensaba todos esos fallos en noventa minutos. El Barcelona jugaba con la ventaja de saber hacia dónde iba; Madrid, con el peso de quien ya intuye el final.

La despedida matemática de La Liga deja también una lectura simbólica. Que el rival celebrara el título en un Clásico multiplica el daño anímico. No hay derrota más incómoda para el madridismo que la que transforma al Barcelona en campeón ante sus ojos.

Y no hay diagnóstico más grave que darse cuenta de que, en un partido que debería haber despertado orgullo, el equipo ha vuelto a fallar.

Thibaut Courtois mira el balón en su portería durante el gol del Clásico de Ferran Torres

Thibaut Courtois mira el balón en su portería durante el gol del Clásico de Ferran Torres

EFE

Ahora comienza otra era. El Real Madrid mira ahora más al banquillo que al calendario. Los días restantes se utilizarán para cerrar la temporada, pero no para salvarla.

Arbeloa se marcha marcado por una caída colectiva que le desbordó; Mourinho espera a lo lejos, midiendo cada palabra; y el club prepara una decisión que puede cambiar el clima de Valdebebas desde el primer día.

El Madrid no sólo busca entrenador. Busque un batido. Busca redescubrir el miedo, el orden y la convicción. Asegúrate de que la próxima crisis no encuentre al equipo tan indefenso como éste. Y es por eso que Mourinho sigue teniendo sentido, incluso con todo lo que implica su nombre.

Porque cuando una temporada acaba en la ruina, a veces el club no elige al entrenador más cómodo, sino al que promete llegar con casco, levantar el polvo y obligar a todos a mirar de frente al colapso.



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