AsturiaNO
El frente del «no» se extiende sin fin. A los numerosos proyectos industriales o energéticos a escala regional que de un tiempo a esta parte se descartan de raíz, han de sumarse infinidad de iniciativas locales más modestas en su dimensión, pero nunca para el interés de sus promotores. Va a acabar siendo cierto que somos un paraíso natural, pero no solo para la promoción institucional turística, sino para lo demás. En contraste con lo que se hace en comunidades limítrofes, aquí parecemos desconocer que las inversiones productivas pueden condicionarse al cumplimiento de infinitos extremos, prefiriendo la negación de raíz o la callada por respuesta con idéntico sentido denegatorio.
[–>[–>[–>En esto nos parecemos poco a nuestros vecinos del oeste y competidores directos a la hora de atraer empresas, acostumbrados como están a ese «non sí» o «sí non» del que hablara Cunqueiro. El gran escritor mindoniense, a la hora de retratar el alma ecléctica y pactista del gallego, solía contar que sus abuelos habían mandado un buen día a su criado a vender una vaca al mercado y al cerrarse en banda el tratante en una cifra, aquél le espetó: «Pero vamos a ver, carallo, ¿no tienes más que una palabra?, ¡como si fuésemos castellanos!». Las prácticas al uso que gastamos aquí debieran ser calificadas por el estilo, al obstaculizar sin cesar ideas que nos vendrían de perlas para mantener esa creciente mochila presupuestaria sufragada por los contribuyentes, unas personas anónimas que trabajamos para el Gobierno sin haber sacado las oposiciones a funcionario, como dejó dicho aquél recordado mandatario norteamericano.
[–> [–>[–>El asturiaNO instalado en su oposición a todo, rara vez acostumbra a informarnos sobre aquello en lo que sí está de acuerdo. Su objetivo pasa siempre por rechazar de plano lo que tiene por conveniente, retorciendo si es el caso la realidad a su antojo técnico o confeccionando normas para dar cobertura a una censura revestida de autoridad en ocasiones discutible e impostada. Este asturiaNO es de los que prefiere un problema para cada solución, y no al revés. Tampoco le hablen de fórmulas para poder congeniar los intereses públicos en presencia merecedores de atención, porque lo suyo es el no por sistema, y en orden a ese criterio se van despachando los asuntos tan ricamente.
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Entre esos intereses a compatibilizar, el económico suele desdibujarse ante la preeminencia de otros sin duda esenciales, pero que no debieran determinar de forma fatal los planes, salvo supuestos que caigan de cajón, como aquella delirante central nuclear prevista para la Concha de Artedo, pongo como ejemplo. Con ocasión de la instalación en Navia de su fábrica de celulosa, hubo protestas hace medio siglo por la afección ambiental al espacio que ocupaba con su emplazamiento, pero supongo que nadie pondrá en duda el bien que ha generado esa industria para la comarca, Asturias y España. Y no tengo demasiado claro que algo así resultara autorizable en la actualidad, tal y como se abordan hoy estas cuestiones.
[–>[–>[–>Este peculiar asturiaNO es incapaz de descubrir matices en las cosas. Y de reconocer que poco hay de negro o blanco en ellas, porque están llamadas a saber encontrar ese punto medio que permita el desarrollo de tecnologías y modos de producción con la necesaria defensa del patrimonio natural, social o cultural, que es de todos.
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En lo que aquí señalo se localizan buena parte de nuestras asignaturas pendientes. A lo que aquí cerramos la puerta se va inexorablemente a otras latitudes donde saben apreciar con inteligencia estas materias, dejando a esto como un solar. Y, para evitar esta odiosa tendencia, hemos de contar con responsables que no teman trabajar con la amplia gama de grises que hay en innumerables propuestas de trasfondo inversor, alejándose del simplón e injusto blanquinegrismo que les encanta a los que nada tienen que perder porque deben pensar que sus sueldos caen del cielo y no del dinamismo económico que se traduce en ingresos fiscales.
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[–>Asturias necesita con urgencia deshacerse de este tipo de asturiaNO y de apostar por aquellos otros que crean en un futuro esplendoroso que puede ser presente si lo gestionamos con inteligencia y sentido común.
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