Asturias 2030, un eclipse eléctrico que debemos aprovechar
La exposición del viceconsejero de Industria, Juan Carlos Campo, en el webinar de CAXXI del pasado día 18 sobre el estado y los retos de la red eléctrica asturiana nos llevó a pensar en otro momento excepcional que vivirá Asturias el 12 de agosto de 2026: el eclipse solar total –el primero visible desde la península ibérica en más de un siglo– que sumirá nuestra región en oscuridad durante unos segundos al encontrarnos dentro de la banda de totalidad.
[–>[–>[–>De algún modo, también ahora atravesamos nuestro propio «momento eclipse»: una convergencia inédita de cambios tecnológicos, una transición energética que impacta todos los sectores, la necesidad de atraer y retener talento, la urgencia de reforzar nuestra competitividad y un debate creciente sobre las aspiraciones de Asturias.
[–> [–>[–>Asturias no solo será un lugar privilegiado para observar aquel fenómeno astronómico; vive también un punto de inflexión en el que se alinean tecnología, energía, talento, ciencia, industria y una renovada ambición territorial. Un «momento eclipse» que, como el de 2026, ocurre muy pocas veces y que debemos aprovechar sin demora.
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Durante décadas, Asturias vivió conectada a un modelo energético que ya no existe. Fuimos una región generadora, exportadora neta de electricidad, apoyada en centrales térmicas que marcaban la estructura de toda la red. Hoy, esa realidad ha cambiado por completo consumimos más energía de la que producimos, y la capacidad renovable disponible –debido a circunstancias de diversa índole– no podrá cubrir la demanda futura.
[–>[–>[–>Asturias, con un consumo eminentemente industrial (casi tres cuartas partes del total), se encuentra ante un punto de inflexión.
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A partir de aquí emerge la verdad central de esta intervención: o reforzamos nuestra red eléctrica ahora, o Asturias quedará desconectada del futuro industrial europeo.
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[–>La red actual ya no vale para la Asturias que viene
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La electrificación de procesos industriales esenciales está creando un salto sin precedentes en la demanda:
[–>[–>[–>• Hornos de arco eléctrico para la descarbonización siderúrgica.
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• Transformación de industrias del vidrio, o de la industria de química básica, que pasan de procesos térmicos a eléctricos.
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• Empresas que no pudieron recibir ni siquiera 3 MW adicionales para crecer.
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• Nuevas actividades en ZALIA, los puertos y los futuros polos logísticos.
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• La llegada de consumidores inéditos hasta ahora: hidrógeno verde e infraestructuras para la inteligencia artificial, con consumos gigantescos.
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Hoy muchas subestaciones muestran capacidad disponible cero. No es una previsión, es un hecho. La red no da más de sí.
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Sin una infraestructura robusta, mallada y de alta capacidad, esos proyectos –los que ya están en marcha y los que podrían llegar– simplemente no podrán conectarse. Y donde no hay conexión, no hay industria.
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El anillo central de 400 kV: la pieza que lo cambia todo
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Lo que en 2008 nació como un proyecto para evacuar energía desde Asturias, hoy renace con un propósito totalmente distinto: traer energía y distribuirla internamente para sostener el crecimiento industrial.
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Toda planificación debe responder a las necesidades de hoy y también a las de mañana, anticipándose a los cambios que ya están en marcha.
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La nueva planificación 2026-2030 contempla por fin:
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• La conversión a 400 kV de la columna vertebral de nuestra red (Soto-Tabiella).
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• Nuevas subestaciones estratégicas (Cardoso, Reboria, Asturiana, Pinzales y Puerto de Gijón).
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• Un eje occidental para preparar la eólica marina.
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• La posibilidad de que por primera vez muchos consumidores industriales se conecten directamente a la red de transporte.
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Los plazos más optimistas sitúan la entrada en funcionamiento del anillo en 2029. Es el límite para que el desarrollo industrial asturiano encaje con los tiempos reales de la inversión empresarial.
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Un mensaje claro: «Esta oportunidad no pasa dos veces»
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Juan Carlos Campo lo expresó con mucha claridad: no existe en Asturias un proyecto de infraestructura más decisivo que este.
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De su ejecución depende:
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• La continuidad de industrias electrointensivas claves.
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• La llegada de nuevas inversiones.
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• La competitividad de Asturias en energías limpias, datos, puertos e hidrógeno.
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• La posibilidad real de crear empleo industrial en la próxima década.
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El «dios de la oportunidad», recordaba Campo, se representa con un mechón en la frente y la cabeza calva por detrás: solo se puede agarrar cuando llega. Cuando pasa, ya es tarde.
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La planificación está bien diseñada. Responde exactamente a las necesidades que Asturias tiene hoy. Pero falta lo más difícil: que se apruebe, que se ejecute y que se haga en tiempo. Y eso exige consenso político, madurez social y una visión clara de futuro.
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Asturias no puede volver a perder un tren industrial como ya ocurrió en otras transiciones. No habrá una segunda oportunidad. El eclipse no llega cuando queremos, sino cuando se alinean los planetas.
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Este anillo es más que una infraestructura energética: es la base de la Asturias que queremos ser en 2030.
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