Autogolpe reputacional argentino
«España, 1-Infantino, 0» fue el tuit viral de Gabriel Rufián, diputado de Esquerra Republicana. «Fútbol, 1-Delincuencia argentina, 0» tituló el «Daily Telegraph» en un exceso atribuido al dolor inglés por su eliminación. Otros, sin argumentos, defienden que hay una «conspiración internacional» contra el país austral. Pero ningún locutor, ni los españoles, cantaron el gol de la victoria, el de Ferrán, con la pasión de los brasileños, colombianos o mexicanos. O los egipcios, apeados del campeonato por un robo arbitral que favoreció a Argentina.
[–>[–>[–>Lo valioso de la televisión es que, aunque el VAR se inhiba, sea por instrucciones directivas o no, las injusticias se perciben nítidas. Incapaces de admitir que la selección argentina no tocó pelota contra España, los más «conspiranoicos» periodistas del país han inventado la trola de que «desde arriba se dieron órdenes para no ganar la final, lo que explica por qué no chutaron a puerta ni una vez». Increíble esa capacidad de crear relato.
[–> [–>[–>Pero desbordamientos pasionales y enfermizos aparte, hay que afirmar desde la serenidad y con datos, que España el domingo 19 de julio ganó un Mundial y, además, cosechó mucha reputación. Argentina perdió las dos cosas, en el campo y en la percepción reputacional. Un autogolpe.
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Unai Simón, el casi imbatido portero español, fue despidiéndose educadamente uno a uno de los jugadores argentinos abatidos en el césped por el cansancio y la derrota. Los pocos que no estaban sentados la emprendieron a patadas y puñetazos contra algunos jugadores españoles. No son opiniones. Son hechos a la vista de unos 550 millones de personas en directo y otro tanto en diferido por las redes. Esa es la audiencia calculada. Pero YouTube y TikTok la disparan. Ricardo Vaca, director de Barlovento Comunicación, cree que es el acontecimiento más visto en la historia.
[–>[–>[–>Cuando se entregó la Copa del Mundo a España, los jugadores argentinos en bloque dieron la espalda a la ceremonia. Todos menos uno: José Miguel López, que admite que quizás no lo vuelvan a convocar a su selección por romper la unanimidad; y peor aún, por declarar que cuando vio a Messi dar la espalda a los triunfadores, se le cayó el mito. Blasfemia sacrílega. Como se le cayó a Cucurella, quien asegura por escrito que solo le comentó a Messi que a Cubarsí le sangraba la boca, y se tocó sus labios, y el astro pidió al árbitro que lo expulsara por insultos racistas. Palabra de Messi contra palabra de Cucurella. Voten.
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El asunto, difícil pero interesante, es medir cuanto influyen en la reputación de un país los éxitos futbolísticos y los comportamientos antideportivos. Para Fernando Prado, de Reputation Lab, en los países del G-7 la influencia es baja, pero no así en América Latina. «La reputación es emocional», plantea. Y Argentina, que llegaba al Mundial con una reputación moderada, ha podido retroceder en el grupo americano que lidera Perú.
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[–>En España sucede lo contrario. No es casual que desde el lunes siguiente crecieran significativamente en las webs las consultas inmobiliarias, turísticas, bancarias e incluso las opciones para estudiar en España. Al menos consultas. El país está de moda. Ya lo estaba, pero la tendencia se refuerza. «Todo el mundo quiere venir aquí porque América Latina, salvo Costa Rica, Uruguay, Republicana Dominicana y poco más, está cada vez peor», afirma Fernando Casado profesor de Next Educación que enseñó una década en Ecuador y trabajó en otros países vecinos. Menudo spot publicitario el de la Roja. Gracias.
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