Avilés, corazón industrial de Asturias
Hablar de Avilés es hablar de industria. Nuestra ciudad y nuestra comarca no se entienden sin sus fábricas, sin su Puerto, sin su tejido empresarial auxiliar y sin una cultura del trabajo que ha sostenido durante décadas buena parte de la economía asturiana. Avilés, aún conserva un peso industrial extraordinariamente alto para una ser una ciudad española de su tamaño. No en vano, la Comarca de Avilés es líder nacional en empleo industrial relativo, estimándose que el 26,7% del empleo comarcal pertenece a la industria y que uno de cada cuatro empleos está vinculado al sector industrial. Por eso, Avilés no puede afrontar el debate industrial europeo como algo lejano.
[–>[–>[–>La energía cara, la descarbonización, la competencia desleal y el exceso regulatorio no son conceptos abstractos: son factores que determinan si una comarca industrial conserva fábricas, empleo y futuro productivo, o si, por lo contrario, se convierte en una economía cada vez más dependiente y menos industrial. Europa ha impulsado una agenda climática ambiciosa, pero la realidad ha demostrado que la descarbonización solo será viable si va acompañada de competitividad industrial.
[–> [–>[–>La propia Comisión Europea ha tenido que reaccionar con el Clean Industrial Deal, planteado para unir transición verde e industria. Esa rectificación confirma que el problema existe: Europa exige a sus fábricas producir con menos emisiones, pero muchas compiten con energía más cara, mayor carga regulatoria y rivales internacionales que no siempre soportan los mismos costes ambientales, laborales y fiscales. La industria europea no se opone a la descarbonización. Lo que reclama es descarbonizarse sin dejar de producir en Europa y, si esta situación no se corrige, el resultado no será una industria más limpia, sino menos industria europea y más dependencia exterior.
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Asturias, es perfecta conocedora de esta contradicción. Sin ir más lejos, ArcelorMittal, necesita hornos eléctricos, pero eso requiere electricidad abundante, red estable y competitiva, demanda de acero bajo en carbono, ayudas ejecutables, reglas claras y protección frente a competencia desleal.
[–>[–>[–>Saint-Gobain, EDP, el Puerto y las empresas auxiliares necesitan además de red, seguridad jurídica y planificación. Fertiberia, demuestra que no estamos ante un mero debate teórico: la exclusión provisional del proyecto de descarbonización de su planta de Trasona del PERTE, no puede analizarse como un simple expediente administrativo, no sólo porque se trate de una industria estratégica para Corvera, la comarca y el conjunto del país, sino además porque los fertilizantes son esenciales para la agricultura y la seguridad alimentaria. Por ello, exige una respuesta institucional inmediata. No basta con declaraciones prudentes, notas de apoyo o buenas palabras.
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Cuando está en juego una inversión estratégica, el mantenimiento de empleo industrial y el futuro de una planta clave para la comarca con una escasa vida útil, los dirigentes asturianos tienen la obligación política de llevar a cabo un acompañamiento institucional efectivo que implique presionar, coordinarse, pedir explicaciones, exigir y defender con firmeza los intereses de Asturias ante el Gobierno central. Y aquí el Gobierno del Principado tiene una responsabilidad evidente. Podrá decir que la resolución corresponde al Ministerio, pero gobernar Asturias también implica defender Asturias en Madrid. Así, el Principado debe pasar de observar el problema a liderar su solución porque si Asturias no defiende sus plantas industriales con fuerza y firmeza, nadie lo hará.
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[–>Si falla una gran industria, no pierde solo una empresa. Pierde actividad el Puerto, pierden carga los transportistas, pierden contratos los talleres, los servicios auxiliares, se destruye empleo de calidad y se debilita toda la economía local y comarcal. Por eso, Avilés tiene la obligación de seguir siendo el corazón industrial de Asturias y debe a aspirar a ser referente en España y en Europa, pero no desde la nostalgia, sino desde la ambición de una política industrial moderna, sostenible y realizable. La prioridad es clara: competitividad. Competitividad significa energía abundante y a precio razonable. No basta con producir energía renovable si esa electricidad no llega donde la industria la necesita, la falta de red genera sobrecostes: más restricciones técnicas, más servicios de ajuste y una factura menos competitiva para las empresas. Y, eso supone, apostar por el anillo eléctrico central como infraestructura estratégica.
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El acceso a la red se ha convertido en una condición básica para la supervivencia industrial, si las empresas no pueden acceder a la potencia eléctrica necesaria, no pueden electrificar sus procesos, no pueden sustituir tecnologías intensivas en carbono y no pueden ejecutar las inversiones comprometidas.
[–>[–>[–>Muchas inversiones no se bloquean porque falte voluntad empresarial, sino porque no existe capacidad real de acceso a la red, de ahí que sea prioritario garantizar su acceso, agilizar permisos, reducir cargas burocráticas innecesarias, formar trabajadores cualificados y ofrecer seguridad jurídica a quienes quieren invertir. Y, sin ese refuerzo no habrá electrificación real para Arcelor, Fertiberia, Saint-Gobain, almacenamiento, hidrógeno, centros de datos o nueva industria y, en definitiva, futuro industrial. Sí, el anuncio de su inclusión en la planificación eléctrica es positivo, pero lo decisivo no es anunciar sino ejecutar.
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No basta con anunciar ayudas a la descarbonización, ni con fijar objetivos de reducción de CO2₂, la red eléctrica debe dejar de verse como un coste del sistema y empezar a verse como una infraestructura industrial estratégica, porque sin red suficiente no hay electrificación; sin electrificación no hay descarbonización industrial.
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Nadie compromete inversiones de largo plazo si las reglas cambian constantemente, si las ayudas no llegan a tiempo, si los permisos se eternizan o si no existe certeza sobre el acceso a energía y red. Sin planificación, es decir, sin previsibilidad regulatoria no hay inversión; sin inversión no hay descarbonización; y sin descarbonización viable no hay futuro industrial.
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Avilés no parte de cero porque tiene Puerto, suelo industrial, empresas tractoras, tejido auxiliar, talento, tradición y cultura productiva. Hablar de futuro industrial exige también tomar decisiones sobre el suelo disponible: los terrenos de las antiguas Baterías no pueden seguir instalados en la incertidumbre, porque representan unas de las grandes oportunidades de Avilés para atraer inversión, generar riqueza y reforzar su papel como corazón industrial de Asturias. Ha de aspirar, además, a convertirse en polo de industria descarbonizada que combine energía renovable, hidrógeno verde, economía circular y servicios industriales; pero, para ello necesita energía disponible, regulación estable y trabajadores cualificados.
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De ahí que, la FP dual deba convertirse en prioridad industrial, no solo educativa. La formación tiene que estar conectada con las necesidades reales de las empresas. No se trata sólo de formar, sino de retener y atraer talento.
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La transición ecológica solo será justa si conserva industria, autonomía y empleo de calidad. No se trata de elegir entre medio ambiente e industria. Se trata de hacer posible una industria más limpia, pero también más competitiva. Descarbonizar sí, pero no a costa de desindustrializar.
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Avilés no pide privilegios, pide condiciones para competir porque tiene potencial, talento, e industria; pero quiere tener futuro industrial y ese futuro exige decisiones para convertir su potencial en inversión y empleo.
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Sin industria, no hay empleo de calidad con vocación de durabilidad; sin energía, no hay descarbonización viable y sin decisiones no hay futuro.
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