“Bailar es una terapia para abrirnos y utilizar mucho más el alma”
“Hace 25 años inicié este camino con más ilusiones que certezas. Pero mi historia con la danza la empecé siendo alumna, sintiendo los nervios, la disciplina y las dudas, pero también la inmensa ilusión de subirme a un escenario. Porque la danza me formó, me enseñó a caer y levantarme, a escuchar, a expresar y a creer. Ese amor fue el que me llevó a compartirla”. Patricia Laruelo resume el camino y los pasos que le han llevado a disfrutar durante un cuarto de siglo de vida de su academia de baile, un proyecto asentado y referente en Pola de Siero, por el que han pasado multitud de alumnos todos estos años, y que este sábado vivirá una cita especial, con una gala especial en el teatro de la Laboral de Gijón (20.00 horas).
[–>[–>[–>Natural de la parroquia sierense de Vega de Poja, cuando era niña Patricia Laruelo era muy fan de Madonna y Michael Jackson. “Los veía por televisión, pero lo que realmente me fijaba era en sus bailes y coreografías, que era lo que quería imitar. Me fijaba en el elenco de bailarines y me daba cuenta que me sentía libre cuando hacía eso”, rememora, antes de añadir que ahí ya tenía claro que “lo que quería ser de mayor era bailarina”.
[–> [–>[–>Una vía, para su futuro, que no era tan habitual, “y que sonaba hasta ridículo para muchos”, confiesa Laruelo. No obstante tuvo el apoyo de su familia para cumplir su sueño. “Ha sido mi apoyo fundamental, junto al de mis amigos y mi actual pareja”, relata. “Y también el de María Eugenia, mi primera profesora de danza moderna”, añade.
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De las representaciones en el garaje y la iglesia a su propia academia
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Los comienzos fueron duros. Muy caseros, pero a la vez enriquecedores. Desde las representaciones teatrales en el garaje de casa, hasta las de la iglesia, en las que montaba los bailes y coreografías. “Me sentía única, era como estar en los más grande”, indica Laruelo.
[–>[–>[–>Patricia Laruelo, en su academia de baile. / Lne
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Fueron años, los de su juventud, en los que no paró de formarse. Tocó en orquestas. Llegó incluso a participar en la producción del programa “Veo, veo” de televisión. Hasta que, tras clases a un puñado de alumnos, se lanzó en 2001 a abrir en la calle Ángel Embil de la Pola su primera escuela de baile. “Llegamos a tener más de 100 alumnos, hasta que tuvimos que reinventarnos en la pandemia”, cuenta.
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Ahí fue cuando se trasladó al Polígono de La Tejera de la capital sierense, en la nave 6, donde actualmente cuenta con más de 300 bailarines, que imparten una decena de estilos. “Danza moderna, danzas urbanas que es nuestro fuerte, sevillanas, danza americana, danza contemporánea, ballet, breakdance, zumba o bailes latinos”, enumera Patricila Laruelo, junto a la filosofía de la escuela: “Que la persona que quiera ir, que sea él mismo, esté cómodo y aquí encuentre aquí, su familia y segundo hogar”.
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[–>El baile «un refugio y una forma de sentir y conectar»
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Tras un cuarto de siglo, y una vida en la que “el baile siempre ha sido para mí un refugio, esfuerzo y aprendizaje, y una forma de sentir y conectar”, Patricia Laruelo sigue animando a lanzarse y practicar la danza. “Recomiendo bailar porque anos ayuda abrirnos, compartir, trabajar en el interior y también evadirnos de los problemas. Porque bailar es como una terapia para abrirnos y también para utilizar mucho más el alma”, reflexiona.
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Varias generaciones de polesos han pasado por su academia en este cuarto de siglo. Considera que “han dejado una huella única” y que también le han ayudado a crecer. “Para mí ha sido un privilegio de ver a los alumnos convertirse en personas valientes, seguras y llenas de luz. Verlos crecer como bailarines y personas es mi mayor regalo”, concluye.
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