Bangladesh regresa a las urnas tras la revuelta de la Generación Z que costó 1.400 muertos
La juventud de Bangladesh recogerá este jueves los frutos de lo sembrado dos años atrás en aquella revuelta que costó 1.400 muertos. Cuando la primera ministra, Sheikh Hasina, huyó en helicóptero con la turbamulta ya en las puertas de su mansión de Dakka, muchos hablaron de «la segunda independencia» aludiendo a la oportunidad de sanear el país. La jornada llega tras un tortuoso camino por el que algunas ilusiones de la Generación Z que organizó aquella revuelta han quedado pisoteadas.
[–>[–>[–>El octavo país más poblado del mundo y uno de los más pobres de Asia regresa a las urnas por primera vez desde 2024. Aquellas fueron las quintas ganadas por la Liga Hawami de Hasina ante el boicoteo de la principal formación opositora, el Partido Nacionalista de Bangladesh (BNP). Las protestas surgieron poco después por un sistema de cuotas que reservaba un tercio del empleo público a los familiares de veteranos que lucharon en la guerra de independencia contra Pakistán. Los jóvenes, que lidiaban con un mercado laboral árido, juzgaron la medida como un regalo al electorado de la Liga Hawami y salieron a la calle. Cuando el Tribunal Supremo recortó aquella cifra hasta sólo el 5 % ya era tarde: los estudiantes pidieron justicia por la mortandad y la dimisión inmediata de Hasina. Escapó a la India y fue condenada en ausencia a muerte por la justicia bangladesí por ordenar disparar a la policía contra los manifestantes. Desde su exilio en la India escuchó la sentencia a muerte.
[–> [–>[–>No han faltado lamentos sobre la parcialidad de la comisión electoral pero se espera de estos comicios que sean bastante más limpios y libres que aquellos que se apuntaba Hasina. Participará por primera vez la diáspora, formada por casi 15 millones de personas, vital para la economía nacional con sus remesas de dinero. En paralelo a la composición parlamentaria se votará en referéndum la llamada Carta de Julio. Será el legado de Muhammad Yunus, Nobel de la paz de 85 años y líder del Gobierno interino. Es un documento que pretende evitar que se retuerzan las instituciones como hizo Hasina. Limita los mandatos del primer ministro, contempla una segunda cámara baja parlamentaria, refuerza las competencias del presidente y blinda el estamento judicial. Su aprobación se da por sentada por el apoyo de todos los partidos y el convencimiento de que urge proteger la democracia de los excesos del poder. Será el último servicio a su país del conocido como el «banquero de los pobres» por su política de microcréditos que ha mejorado la vida de millones de menesterosos.
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Clima de violencia
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Pero ni siquiera el admirable Yunus ha podido asegurar la ley y el orden. Las elecciones llegan en un clima de violencia y vandalismo, con creciente intolerancia religiosa y ataques a la prensa como la reciente detención de una veintena de periodistas críticos con el Ejército.
[–>[–>[–>Aquella revolución bangladesí inspiró a otras juventudes del continente para rebelarse contra el nepotismo y la corrupción de sus clases dirigentes. Ese camino regenerador termina con dos representantes de la vieja guardia discutiéndose el poder. Uno es el BNP, liderado por Tarique Rahman, regresado a Dakka en diciembre tras casi dos décadas en el exilio. Su madre es Khaleda Zia, némesis de Hasina y excarcelada tras su huida. El otro es Jamaat-e-Islami, formación conservadora islamista que se reivindica como la única limpia en la corrupción generalizada.
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De aquel movimiento juvenil que tumbó la autocracia surgió con brío el Partido Nacional de Ciudadanos pero los dos años se les han hecho muy largos a jóvenes con más buenas intenciones que colmillo. No se ha hecho un hueco en el hostil escenario político y ha acabado aliándose con los islamistas para asegurarse la presencia parlamentaria. La medida generó frustración y bajas. Una coalición con un partido contrario a la población secular y sin ninguna mujer en sus filas está muy lejos de la revolución por la que se jugaron la vida en aquellos días de plomo.
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