Burka enmascarado
Nunca he visto en Gijón a una mujer bajo un burka o tras un niqab. Ha sido llegar el Antroxu y cruzarme con la primera. Aunque de cerca me pareció una evolución hacia guerrera ninja. Tal vez la pretensión era mezclar conceptos que la realidad difícilmente ofrece juntos. De eso justamente va el Carnaval, paréntesis lúdico para la subversión, con la máscara como símbolo. Esperemos que nadie acaricie la idea de prohibir las mascaradas, sería añorar tiempos de tiranía.
[–>[–>[–>Tengo la convicción de que antes de que quepa la posibilidad de ver un burka en cualquier calle de Asturias, se habrá tomado la medida de limitar su uso. La Unión Europea avanza en ese sentido -Francia, Bélgica, Austria, Dinamarca, Países Bajos, Suiza o Portugal lo han aprobado- y los tribunales de justicia comunitarios han entendido que ir permanentemente embozado en los espacios públicos es una barrera a la convivencia. Llevándolo a mi campo profesional, no imagino a una persona en burka acudiendo a clase y pretendiendo participar en pruebas académicas. Parece de sentido común.
[–> [–>[–>Lo triste es que esto se haya visto abducido e instrumentalizado por intereses partidistas, con sus particulares fobias y cruzadas. Y se ha iniciado una carrera atropellada aquí y allá, para ver quién se apunta el tanto de la obviedad. Acaba manoseado el debate del burka y, cuando realmente toque, ha de ser limpio y sereno.
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Porque los velos que tapan a las mujeres nos duelen mucho a las mujeres. Tal vez por ello hay quien ha querido abrazarse y abanderar una discusión pública con caladero de votos. Pero hay mucha tela que cortar más allá del burka y el niqab, que son de decisión fácil. Hablar del hijab, prenda que cubre la cabeza, pero no el rostro, es mucho más espinoso. La heroicidad de las mujeres iraníes, el asesinato de la joven Mahsa Amini, el exilio de la feminista Masih Alinejad, son la lucha desigual contra la obligatoriedad del niqab que invisibiliza y somete. Pero ¿podemos considerar que, usado aquí, en nuestras democracias, es un ejercicio de libertad individual?
[–>[–>[–>Hoy por hoy, la respuesta colectiva es que sí. Yo quiero reconocer libertad de elección en el pañuelo cubriendo la cabeza de una adolescente. Pero confieso que la duda sobre lo que bulle detrás se me hace bola. La escritora marroquí Najat El Hachmi, residente en España desde niña y con memoria de años con y sin velo, lamenta que «el velo nos persigue más allá de nuestras fronteras, a nosotras, que creíamos haber dejado atrás la cortina que silenciaba a nuestras madres».
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Si, hay que desenmascarar intenciones en la batalla alrededor del burka y abordar como una sociedad madura, con escucha y amplitud de miras, el debate de los velos.
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