Cada trama tiene su Aldama
En su caída al vacío, el PSOE ha logrado incluso corromper a Zapatero, aquí se desvelará que la causa es ontológica. Ser de izquierdas exige la perfección, ya lograda según es notorio por los líderes de estas tendencias. No se puede cometer un solo desliz, hay que ticar todas las casillas, lo cual no solo es exigente, sino muy aburrido. De ahí que los en principio incorruptibles Ábalos o ZP se arrojen en brazos de los Aldamas de turno, que aportan algo de picante por no hablar de dinero a la existencia gris de los izquierdistas de pro. En un ripio, único género literario autorizado por la corrupción casposa, cada trama tiene su Aldama.
[–>[–>[–>En medio de las acusaciones desaforadas a Sánchez en el Supremo como «número uno» de la presunta organización criminal de Ábalos, el Aldama original introdujo en el mitin de ocho horas que le autorizó el Tribunal la revelación de que en el ministerio «había más Aldamas». El apellido ascendía a categoría. Mutatis mutandis y con todas las presunciones del género, el equivalente en la también supuesta organización criminal de Zapatero sería Julio Martínez Martínez, el compañero de running y mecenas del expresidente del Gobierno. De hecho, los empresarios venezolanos agraciados sorprendentemente por el PSOE con 53 millones lo tachan de «lacayo» de ZP. En realidad escriben «lacallo», porque la corrupción no deja espacio para la ortografía.
[–> [–>[–>Julio Martínez (Zapatero) es otra denominación del supuesto trasvasador de fondos públicos que no requiere de mayor valoración semiológica, y que sirve para distinguirlo del Julio Martínez que preside Plus Ultra. La fascinación de los políticos modositos por el mal se traduce en que cada trama tiene su Aldama, una verdad bipartidista. Ni siquiera la deplorable estética aznarista justificaba que los populares se echaran en brazos de personajes como Correa o el Bigotes, los prealdamas. Ya solo falta identificar a los aldamas que permanecen inevitablemente activos en los ministerios actuales.
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