Cada vez hay más séniors que desean acabar cuanto antes la carrera laboral
El deseo de jubilarse es motivo habitual de conversación entre los trabajadores, sobre todo entre los veteranos que tienen empleos más agotadores o exigentes. De hecho, seis de cada diez españoles en activo indican que les gustaría jubilarse antes de los 67 años, según desvela una encuesta de Funcas. Eduardo Vara, médico, experto en ‘burnout’ y autor de ‘Maldito Trabajo’, analiza en esta entrevista por qué la jubilación es una fantasía recurrente, sobre todo a partir de la cincuentena.
[–>[–>[–>¿Ha observado en sus investigaciones o en su entorno el deseo de jubilarse? Sí que parece existir un deseo creciente de acabar cuanto antes la carrera laboral pero, si nos atenemos a las estadísticas, se trata de un deseo frustrado. En la última década, el porcentaje de jubilaciones anticipadas ha ido cayendo gradualmente del 44% en 2015 hasta el 27% en 2025.
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¿A qué factores achaca ese deseo? Se trata de una generación de ciudadanos, la de los ‘hijos de la Transición’, que piden en su madurez lo que les prometieron en su juventud: que el progreso les permita jubilarse antes. Ha llovido mucho desde los 90, pero el PSOE y el PP apoyaban permitir jubilaciones anticipadas para fomentar el empleo juvenil, hasta que los fondos para las pensiones empezaron a no cuadrar. Por eso, ahora descubren que deben trabajar más años y en empleos más precarios, con una sobrecarga de tareas que solo crece y en un contexto de transformación digital. Mientras, en sus hogares continúan teniendo cargas familiares y problemas de conciliación. Resulta comprensible que quieran abandonar sus entornos laborales cuanto antes. Están decepcionados y sin expectativas. Les prometieron un futuro donde su esfuerzo, implicación y experiencia se premiarían y se han encontrado con un mercado inclemente, que usa a los trabajadores como combustible y duda de su talento por atribuirles menos aguante y disponibilidad, y por salir menos baratos.
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«Empezaron a trabajar cuando los empleos finalizaban al cerrar la puerta de la oficina y, de repente, siempre queda un resquicio digital por el que pueden colarse avisos o tareas extras»
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¿Los trabajadores de más edad son los más quemados? Las encuestas globales de ‘burnout’ autodeclarado muestran un 45% en ‘millennials’ frente a un 25% en mayores de 50 años. La razón está en que los jóvenes pasan de su etapa formativa a un mercado laboral en llamas, con empleos inestables y teniendo que hacer frente a hipotecas o alquileres caros. Y con una disponibilidad incompatible con sus deseos de tiempo personal. Por contra, las generaciones mayores entraron en un mercado que fue caldeándose progresivamente bajo la búsqueda de cada vez mayores beneficios. Muchos trabajadores veteranos se han ido quemando tan poco a poco que ni son conscientes, lo justifican o simplemente lo asumen.
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¿Qué provoca el ‘burnout’ a esa edad? A cualquier edad, el cerebro necesita tres cosas para estar motivado: control, propósito y reconocimiento. Si, en vez de eso, le damos presión constante, ausencia de horizonte y sensación de irrelevancia, sus engranajes comenzarán a friccionar hasta entrar en combustión. Es lo que les ocurre a muchos trabajadores veteranos. La presión proviene de una espiral de exigencias cada vez mayores y menos realistas; la ausencia de horizonte surge de culturas laborales que anteponen las ganancias a principios profesionales antes sagrados; y la sensación de irrelevancia llega por la sustitución del oficio por el beneficio y por un evidente edadismo que, además de anteponer la ‘sangre joven’ al bagaje probado, busca acallar las críticas de quienes tienen una visión más amplia y formada. De modo que el ‘burnout’ proviene de trabajar en exceso y hacerlo para organizaciones que anteponen sus objetivos al bienestar de sus trabajadores.
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¿Cómo está influyendo la falta de desconexión digital? Antes el trabajo tenía un horario y se podía desconectar por completo. Se ha ganado en productividad, pero el coste es un mayor agotamiento. Porque nuestra fisiología no está diseñada para vivir en alerta. Necesita ciclos de esfuerzo y descanso para recuperarse y funcionar de modo óptimo. Los más veteranos han comprobado lo que supone esa pérdida. Empezaron a trabajar en un mundo donde un empleo finalizaba al cerrar la puerta de la oficina y, de repente, siempre queda un resquicio digital abierto por el que pueden colarse avisos o tareas extra. Y ha sido una transición rápida y no negociada. Lo cual aumenta la sensación de pérdida para quienes llegaron a disfrutar de la desconexión.
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¿Cómo les afecta seguir teniendo responsabilidades familiares? Se trata de una generación ‘sándwich’, con hijos que, pese a estar encauzados, aún necesitan apoyo y padres cada vez más longevos que requieren cuidados. Y más aún en el caso de las mujeres, las principales cuidadoras. Desde un enfoque de salud mental, implica mayor carga cognitiva, mayor responsabilidad emocional y menos espacio propio. Es decir, mayor riesgo de colapso.
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¿Pueden influir también en el hartazgo que no exista una seguridad sobre las pensiones y el debate sobre alargar la edad de jubilación? Sin duda. Cuando alguien lleva 30 años trabajando en un entorno cada vez más exigente y escucha que deberá hacerlo 15 años más, la motivación se desploma. El cerebro humano funciona con objetivos y reglas de juego claros. Si, en una carrera, la línea de meta se aleja constantemente, desaparecen las ganas de participar.
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¿Y el miedo al edadismo y a perder el trabajo? Carecer de alternativas viables es otro de los principales factores del ‘burnout’. De otro modo, muchos trabajadores abandonarían los empleos que les dañan. En el caso de los más veteranos, el miedo a perder el trabajo y no encontrar uno nuevo es mayor y por buenos motivos. Cuanta más edad tiene un desempleado, más tarda en volver al mercado laboral. Los salarios previos más altos, la especialización concreta y la proximidad relativa a la jubilación suelen reducir el interés de muchos empleadores por los perfiles séniors y, por supuesto, el edadismo. Casi un 60% de los mayores de 50 años que buscan empleo ha sentido discriminación por edad.
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¿Cuáles son las posibles soluciones? Como marco general, necesitamos redefinir nuestra idea de productividad para establecer un ritmo que respete límites sanos y éticos y una relación contractual justa, no el vasallaje a un presunto bien supremo que fomenta la explotación, las argucias para imponer tareas extra y los regateos salariales. Y, más en concreto para los trabajadores veteranos, necesitamos combatir el edadismo premiando su experiencia y promoviendo que la apliquen en espacios de mentoría y transferencia de conocimiento.
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