Canadá certifica su acercamiento a China para adelgazar la dependencia de Estados Unidos
Una nueva relación estratégica con China para un mundo nuevo. El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha finiquitado hoy la época turbulenta de su predecesor, Justin Trudeau, en su propósito de adelgazar la dependencia con Estados Unidos. Su giro confirma que Donald Trump tiene propiedades curativas en las relaciones exteriores chinas. Ahora Canadá y antes India, por hacer la lista corta, superaron viejos pleitos y se echaron a los brazos de Pekín tras los embates estadounidenses.
[–>[–>[–>Carney ha animado a Xi Jinping, presidente chino, a «crear una nueva relación adaptada a las nuevas realidades globales». Su petición se ajusta al mensaje que la prensa china ha repetido en la previa: Ottawa necesita una autonomía estratégica o, en otras palabras, deslindarse de Estados Unidos. Carney aterrizó tres días atrás en Pekín y se ha visto hoy con Xi en el Gran Salón del Pueblo. Es una visita inusualmente larga para los estándares chinos, pero también es inusual que un país no envíe a su primer ministro en ocho años.
[–> [–>[–>Canadá ha sido siempre muy beligerante con la falta de derechos humanos en China y, en tiempos de Trudeau, los roces se extendieron a todos los campos. Tocaron fondo en 2018 con el arresto en Vancúver de Meng Wanzhou, hija del fundador de la tecnológica Huawei, por unas vaporosas acusaciones estadounidenses sobre violaciones del embargo a Irán. Canadá quedó atrapada en medio de la primera guerra comercial entre Pekín y Washington y se llevó las bofetadas. China respondió con la detención de dos canadienses por cargos de espionaje, tampoco muy sólidos. Meng fue liberada tres años después tras alcanzar un pacto con la fiscalía estadounidense y días después recuperaron la libertad los canadienses.
[–>[–>[–>
«El viejo mundo ya no existe»
[–>[–>[–>
También ha acusado Canadá a China de intervenir en sus elecciones, aunque investigaciones públicas han relevado su impacto mínimo. En los últimos años han levantado muros arancelarios recíprocos. A Pekín le irritó que Ottawa, al igual que Washington, gravara sus coches eléctricos, y atacó a su producción agrícola. Carney ya anticipó el pasado año en la cumbre de la APEC, tras verse por primera vez con Xi, que aquella dinámica carecía de sentido en un mundo que veía los mayores cambios desde la caída del muro de Berlín. «El viejo mundo de la expansión económica sólida y del comercio y las inversiones basadas en reglas, el mundo que generó gran parte de la prosperidad de las naciones, Canadá incluida, ese mundo ya no existe».
[–>[–>[–>Carney entendió que en estos tiempos no se puede vivir sin China, y aún menos contra China, e inició la aproximación. Trump la había aceitado elevando los aranceles al acero, aluminio y vehículos canadienses. Las posteriores negociaciones comerciales quedaron rotas porque el Gobierno de Ontario había recuperado un viejo discurso de Ronald Reagan advirtiendo de que los aranceles empobrecen a todos. Carney contestó que sólo las retomaría «cuando los estadounidenses estén listos» y reveló su deseo de que Canadá doble en la próxima década las exportaciones ajenas a Estados Unidos. Le queda un largo camino porque ahora suponen el 75% del total. China, el segundo mercado canadiense, apenas contó con el 4% de sus exportaciones en 2024. Pero Canadá, como China, sabe que en estos tiempos urge diversificar mercados, especialmente si tu principal socio comercial es Estados Unidos.
[–>[–>[–>
Tampoco ayuda a la convivencia que Trump coquetee con la anexión de Canadá para convertirla en el estado número 51 del país. En ese contexto ha llegado a Carney a Pekín. «La cooperación es la base de nuestra nueva sociedad estratégica. La agricultura, la energía y las finanzas es donde podemos conseguir progresos inmediatos», ha revelado. Partirá con un acuerdo preliminar para eliminar y rebajar aranceles. Los de la colza o canola, por ejemplo, pasarán del 84% al 15%. Calcula Canadá que las medidas generarán pedidos por valor de 3.000 millones de dólares. A cambio, permitirá la entrada de 49.000 vehículos eléctricos chinos al año con un arancel mínimo del 6,1%. También han firmado la cooperación en energías limpias y combustibles fósiles y la reapertura de las conversaciones ministeriales.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí