Carne a cambio de coches
Agricultores, ganaderos y productores coinciden en el diagnóstico: el pacto de la UE con Mercosur (bloque comercial creado en 1991 por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) abre la puerta a una competencia con reglas distintas (las exigencias de trazabilidad y las limitaciones fitosanitarias exigidas a los países de la UE reducen la rentabilidad), amenaza la viabilidad de explotaciones ya debilitadas y deja a España en una posición de clara desventaja y en situación de vulnerabilidad y, por consiguiente, en proceso paulatino de destrucción del sector primario.
[–>[–>[–>El descontento es generalizado y apunta en dos direcciones. Por un lado, a Bruselas (comandado por socialistas y populares); por otro, al Gobierno de España y al Ministro de Agricultura, a quienes el sector acusa de no haber defendido los intereses nacionales. La ganadería aparece como el sector más castigado, mientras que el aceite de oliva, el vino y la industria transformadora sólo vislumbran ventajas diferidas y condicionadas por una desescalada arancelaria que se prolongará más de una década. Pero el golpe no sólo recaerá sobre los productores, sino también sobre los consumidores. En los últimos siete años han desaparecido en España cerca de 10.000 explotaciones de vacuno. La cabaña se ha reducido hasta los 12,6 millones de cabezas, de las que ocho millones son terneros. Aun así, el vacuno sigue siendo la segunda actividad ganadera del país, sólo por detrás del porcino. La carne importada será carne de menor calidad y sin los controles sanitarios y de bienestar animal que se nos exigen aquí.
[–> [–>[–>El uso de dietas anabolizantes y hormonas prohibidas en la Unión Europea figura entre las principales advertencias del sector. Los beneficiados parecen estar claros: Brasil y Argentina concentran la mayor parte de las exportaciones cárnicas y ya son grandes proveedores de la UE, así que la reducción de aranceles y la ampliación de cuotas facilitarán aún más su acceso al mercado europeo. Aunque mayoritariamente se ha hablado del sector agrario, el acuerdo también cubre la automoción, la maquinaria industrial y los productos químicos y aquí es donde la UE (especialmente Alemania) sí espera grandes beneficios para sus empresas exportadoras en América Latina, especialmente en sectores de alto valor añadido.
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Las únicas expectativas de beneficio para España se concentran en el aceite de oliva y el vino, pero con matices. El aceite de oliva español decrece en la medida en que la avalancha de arranque de olivos aumenta al mismo ritmo que crecen las importaciones fantasmas de aceite de oliva de Túnez (el aceite entra, pero luego desaparece en el etiquetado): 100 toneladas de importación a la UE. Los productos del Mercosur entrarán con arancel cero desde el primer día, mientras que los europeos afrontarán una eliminación progresiva durante quince años. En definitiva, este acuerdo, que es una moneda de cambio para proteger las exportaciones de las grandes multinacionales, principalmente alemanas, del automóvil y farmacéuticas, y es dañino para los intereses de los españoles en general y de los ganaderos, pescadores y agricultores en particular. Un acuerdo que obligará a ser dependientes alimentarios del exterior y que dejará aún más vacíos y abandonados a los pueblos.
[–>[–>[–>Perder la capacidad de decidir y controlar nuestro propio sistema alimentario, volviéndose dependiente de grandes importaciones y grandes corporaciones, lleva a la inseguridad alimentaria, dietas pobres e impacto en la cultura, en la economía y en la salud y debilita la capacidad de alimentación sostenible. Dicho de otra manera, no tener soberanía alimentaria dificulta el desarrollo económico, genera una mayor exposición a crisis globales, genera más desigualdades (sólo los consumidores con altos recursos pueden acceder a los buenos productos) y problemas de salud relacionados con la nutrición deficiente. ¿Se puede parar esto? n
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