Carreras de sacos, la guerra del agua o las sillas, el reclamo que llena de niños la fiesta de prao de Llantones (Leorio)
A las seis de la tarde el prao de las fiestas de Llantones estaba de repleto de niños. Corrían de un lado a otro empapados tras una guerra de globos de agua, se perseguían cubiertos de polvos de colores de la holi party y esperaban impacientes a que empezará el siguiente juego, como el tiro de la cuerda, las carreras de obstáculos, pruebas con esponjas tratando de derramar la menor cantidad de agua y una gran cantidad de clásicos que llevan años formando parte esta fiesta. La imagen decía mucho más que cualquier discurso, las fiestas populares siguen teniendo mucha fuerza cuando consiguen que los más pequeños disfruten de ellas.
[–>[–>[–>No siempre fue así. Quienes vivieron el nacimiento de estas fiestas recuerdan que durante años apenas había niños y que el ambiente era «mucho más adulto». Hoy el panorama ha cambiado por completo. Las nuevas generaciones han tomado el relevo y con ellas también han llegado decenas de familias que no tienen vinculación directa con este barrio de la parroquia de Leorio. Porque muchos de los pequeños que disfrutaban de la fiesta no eran de Llantones, algunos llegaron invitados por un compañero del colegio o por un compañero del equipo de futbol.
[–> [–>[–>Repiten cada verano
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«Vienen una vez y acaban repitiendo cada verano», así lo explicaba Pilar Menéndez, que acude a las fiestas desde sus inicios en el año 1979 y ha visto esa transformación. «Al principio había muy pocos niños», recuerda. Hace años, dice, «jugaban los hijos y los nietos de los que empezamos», y ahora «el ambiente es cada vez mejor», expresó. Y aunque el público haya cambiado, el espíritu sigue siendo el mismo. «Son unas fiestas a la antigua, pero con mucho cariño», concluyó.
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«Las fiestas le dan color a Llantones», señalaron Vanesa Martínez y Jose Manuel Fernández, vecinos del barrio. «Durante el año nos vemos los de siempre pero en verano los niños lo disfrutan muchísimo», afirmaron. Por su parte, Antonio García no necesitó demasiadas explicaciones para justificar el éxito de la fiesta. Mientras señalaba a sus hijos corriendo por la fiesta, sonreía. «No hay más que verlos». Para él, esa es la mejor prueba de que los juegos de siempre siguen funcionando.
[–>[–>[–>Quizás resida ahí el verdadero valor de fiestas como las de Llantones. En demostrar que no hace falta inventar grandes atracciones para llenar un prao de vida. Basta una cuerda, unas esponjas, unos globos de agua y un grupo de niños con ganas de jugar. Los mismos juegos que hicieron felices a sus padres y abuelos son ahora los que construirán los recuerdos de una nueva generación. Y, probablemente, serán esos mismos niños quienes algún día regresen con sus hijos para enseñarles que, en Llantones, las tradiciones también se heredan jugando.
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