Caso Mateu: un secuestro de película y un secreto oculto más de cuarenta años
Cuando Ramon Mateu y su hermano Mariano asumieron el control en Girona de la empresa familiar Mateu & Mateu, la compañía alcanzó su máximo esplendor y se situó entre los de mayor crecimiento del sector. Sin embargo, el deterioro del contexto económico, que también golpeó a grandes entidades como Banca Catalana, frenó en seco su ascenso y precipitó su quiebra.
[–>[–>[–>Tras el colapso en 1979, los hermanos Mateu se encontraban en paradero desconocido. Las autoridades emitieron órdenes de búsqueda y captura para encontrarlos. El 15 de marzo de 1983, Mariano Mateo murió a causa de un cáncer. Ramon Mateu, por su parte, se escondió en Francia bajo identidad falsa. Alojado en un hotel de la costa mediterránea, preparaba el regreso para enfrentarse a la justicia.
[–> [–>[–>Los sucesos se precipitarían. Su huida acabó cuando un detective entonces poco conocido, al frente de un equipo, logró localizarle, secuestrarle y trasladarle de vuelta a España cruzando la frontera. Este investigador privado es Jorge Colomar, el detective catalán afincado en las comarcas gerundenses que con el paso del tiempo se convertiría en uno de los más prestigiosos de todo el país.
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Imagen de destino de un camión de la empresa de transporte Mateu & Mateu. / DdG
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Exlegionario, experto en artes marciales y piloto de aviación privada, Colomar fundó su propia agencia de investigación en 1978 después de formarse en Estados Unidos e Israel. Con los años, su participación sería clave en la resolución de casos complejos y estancados como el llamado asesinato de Caspe o el crimen de Esperanza Comas, consolidando una trayectoria que le situaría como referente de la investigación criminal en la península.
[–>[–>[–>En los ochenta, Colomar era todavía un investigador joven, ambicioso y en plena construcción de su reputación, y el caso Mateu se presentaba como un reto decisivo: una investigación que pondría a prueba sus métodos y marcaría un punto de inflexión en su carrera.
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El grupo que formó Colomar para el operativo creía contar con el apoyo de la Guardia Civil, pero las autoridades se desentenderían. Con el paso del tiempo, el caso se convirtió en uno de los más controvertidos episodios de los primeros años de la democracia. En conjunto, no sólo forma parte de la crónica de un suceso judicialmente complejo, sino que representa en la historia de Cataluña un reflejo de una etapa concreta: una época de tensiones económicas, poder empresarial y zonas grises en los límites entre la legalidad y la acción privada, que marcaría la memoria de esos años.
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[–>Con el paso del tiempo, el caso ha dejado detrás numerosas incógnitas, entre ellas la más inquietante: ¿quién ordenó realmente el secuestro de Ramon Mateu?
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El contexto
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Lo que sería el imperio de transportes Mateu & Mateu fue fundado por Joan Mateu Carbonell en 1890, en Cassà de la Selva. El modesto negocio de transportes de carros se convirtió en la década de 1940 en una empresa ejemplar gracias a los esfuerzos de los hermanos Mariano y Ramon Mateu Casadevall. El escenario les era ideal. El sindicalismo vertical franquista favorecía la estabilidad empresarial bajo control estatal. En la década de 1970, Mateu & Mateu tenía servicios terrestres, marítimos y aéreos, filiales en varios países de Europa y una red que conectaba más de veinte países. Su actividad abarcaba todo tipo de transporte de mercancías. La empresa llegaría a emplear a más de 2.000 trabajadores.
[–>[–>[–>Pero la crisis no tardaría en llegar. A finales de los setenta, muchas empresas en Cataluña entraron en riesgo por una combinación de factores. El principal, el fin del modelo económico protegido del franquismo, que dejó expuestas a compañías poco competitivas. A esto se sumó una crisis financiera que restringió el crédito. Numerosas compañías se endeudaron para sobrevivir y terminaron en quiebra. Algunas de forma ordenada y otras con irregularidades que derivaron en problemas judiciales.
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El detective Jorge Colomar, fotografiado hace unos días en la Costa Brava. / David Aparicio
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En julio de 1979, Mateu & Mateu presentó un expediente de suspensión de pagos ante la crisis del sector y los resultados económicos adversos de diversas filiales. Interventores judiciales designados comprobaron que la situación de la empresa era mucho peor de lo inicialmente declarado: el pasivo real superaba los 4.000 millones de pesetas. En marzo de 1981, un juez de Barcelona decretó la quiebra de Mateu & Mateu y ordenó la ocupación de los bienes de la empresa. Los hermanos Mariano y Ramon Mateu Casadevall, principales responsables, no estaban en España.
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Se les acusaba de estafa, de falsedad documental y de emisión de cheques sin fondos. El fiscal pidió para ellos más de treinta años de cárcel. Además de las acciones penales, la quiebra alimentó querellas civiles por levantamiento de bienes y transferencias a empresas vinculadas que presuntamente despejaron activos en perjuicio de los acreedores.
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El cambio de país le permitió a Ramon Mateu ganar tiempo y dificultar su arresto, al quedar su detención supeditada a los mecanismos de cooperación internacional entre España y Francia. El empresario tenía muchos enemigos que le querían de vuelta para esclarecer sus deudas.
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Fue en ese contexto cuando apareció Jorge Colomar, un joven pero prestigioso investigador privado, conocedor del entorno empresarial gerundense. Alguien recorrió con un encargo inusual: localizar a Ramon Mateu en Francia y traerlo de vuelta a España.
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El detective
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La prensa de la época le describía como un personaje inclasificable: aventurero, ex legionario en África, submarinista, aviador, experto en artes marciales. Colomar había fundado su propia agencia de investigación privada en 1978 en Barcelona. El despacho, frecuentado por abogados y entidades financieras, se especializaba en casos complejos. Desde investigaciones patrimoniales hasta asuntos que no habían logrado esclarecer las fuerzas de seguridad.
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Colomar no era un detective convencional. Combinaba los métodos clásicos de investigación con una forma de trabajar flexible y poco ortodoxa, adaptada a contextos difíciles donde otros no conseguían avanzar. En 1982, con tan sólo treinta y un años, conocía bien el territorio catalán, el tejido empresarial y, sobre todo, cómo desarrollarse en entornos complejos que exigían discreción e iniciativa.
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«Nunca he dicho quién me encargó llevar a Mateu a Catalunya, ni lo diré hasta que muera», asegura el detective privado en Diari de Girona. A partir de ese silencio, Colomar accede ahora a relatar, por primera vez, la historia completa de esa operación.
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«Hablo con el Servicio de Información de la Guardia Civil. Les aviso que me contratan para encontrar a Ramon Mateu. ¿Cómo lo busco? Pincho un teléfono de una casa que tiene en la Costa Brava. El teléfono de su esposa. Un día realiza una llamada. Contesta a un señor en francés: Bonjour, hotel Frentel». Ella indica la habitación, la 808, y poco después atiende a un hombre. Empiezan a hablar en catalán. «Me dije, lo tengo».
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Jorge Colomar con el uniforme legionario. / DdG
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Palomar los grava. Cuando le trae la grabación a su cliente, éste lo confirma. Sí, es Ramon Mateu. Entonces ya saben dónde está. Se trata de un hotel en la población de la Grande-Motte, en el sur de Francia. «El cliente me pregunta: ¿tú le llevarías a Barcelona?». «¿Un secuestro? -pregunto- Qué tontería. A este hombre le busca la justicia, hable con la Guardia Civil, que le pidan a Francia». Me dicen: «Venga, Jorge, no seas ingenuo. Este hombre tiene suficiente poder para salir impune a Francia».
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Colomar quiere subirse a la Grande-Motte para asegurarse si Mateu lleva escolta. Es el 3 de septiembre de 1983. Hace el viaje a Francia de madrugada, más de 600 kilómetros. Hacia las 9 de la mañana, se planta en un bar frente al hotel. Su cliente le ha dado fotos de Ramon Mateu, le reconoce: en esa época se había dejado la barba.
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«Mateo sale del hotel y viene caminando hacia donde yo estoy tomando un café. Me acompaña Miguel Morales, ex oficial de la Guardia Civil, un empleado que ya falleció. Disimulo, Mateo pasa de largo. Veo que compra un diario, La Vanguardia. Cruza el parking que lleva al hotel. Sube a un vehículo. Es un Mercedes blanco. No lleva escolta ni guardaespaldas ni nada».
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En la población costera, la rutina de Ramon Mateu era sencilla, según explicarían a la prensa empleados del hotel. Inscrito con el apellido Mettens, cuando el caso saltó a la prensa nadie podía creer que «este señor tan simpático» tuviera cuentas pendientes con ocho juzgados españoles ni que pudiera ser objeto de atentado alguno. Todos los viernes abandonaba el hotel a primeras horas de la tarde y volvía con la mujer al atardecer. Iba a buscarla a la frontera. La mujer siempre llegaba con papeles y carpetas en los que trabajaba durante la semana. Ramon Mateu pugnaba por arreglar su situación con la justicia y con los restos de la empresa.
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Colomar y Morales vuelven a Barcelona. Colomar duda sobre el tema del secuestro. Ante la ley, Mateu es un delicuente al que busca la justicia. Colomar habla con un grupo de información de la Guardia Civil de Barcelona, del cuartel de Navas. Les plantea el tema, les explica el encargo. Más tarde recordaría las palabras: «Mateo está en requisitoria, adelante».
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«La Guardia Civil me da el ok», asegura el detective. «Si yo se lo entrego en territorio español, ¿vendrían a buscarlo?, les pregunto. Me dicen que sí. Según el artículo 490 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal de España, cualquier persona puede detener a otra si tiene una orden de búsqueda y captura. Claro que esto era traerlo de otro país. Miguel Morales me vacila: no lo hace James Bond, ¿por qué no debes hacerlo tú?».
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Los días siguientes Colomar forma al equipo. Ficha a los guardias urbanos, Ramon Riera Llorens y Enrique Rodríguez Hoyos. Son dos escoltas oficiales del alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall. El tercero es Manuel Vargas, profesional de la lucha libre, dos metros, 140 kilos de peso. No llevan armas. Uno de los escoltas de Maragall es campeón de kárate. Otro ha realizado cursos de conducción ofensiva-defensiva. El domingo 18 de septiembre se reúnen a repasar el plan. Están listos.
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El día del secuestro
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«La ruta la elegí yo, que conocía bien el camino de Companys, utilizado por los contrabandistas. Se llama así porque fue el camino que utilizó el presidente para huir de las tropas nacionales. Cuando llevara conmigo a Mateu, la Guardia Civil debía esperarme en la carretera nacional 152, cerca de Puigcerdà, a unos ciento cincuenta metros de una vía del tren y un restaurante».
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El 20 de septiembre, a las ocho de la mañana, el operativo está en marcha. Actuaban dos grupos. En un Talbot iba el «grupo operativo», compuesto por Jorge Luis Colomar y Miguel Morales. En el otro, un Renault 18, iban Vargas y los guardias urbanos. Vigilan durante el día Mateo. Cuando se aleja del hotel, a las siete de la tarde, Colomar se acerca a él y le dice: «Señor Mateo, está detenido». Mateo intuye que algo malo le pasará, empieza a gritar y se tira al suelo. Se le acaban llevando. Para calmarle, Colomar le dice: «No se preocupe, somos amigos». Y Ramon Mateu responde: «El problema es amigos de quien».
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Subimos a los dos coches. Matad en uno y yo detrás. Salimos del hotel para entrar en territorio español. Cuando llegamos al sitio pactado con la Guardia Civil, no hay nadie. Los llamamos. Nos dan instrucciones que atamos Mateo a un árbol. ¿Cómo debo hacer esto? Mateo tenía entonces sesenta y pico años, ya era noche. No le dejaría allí atado, que tuviera un infarto y muriera, o le ocurriera cualquier cosa. «Dije que no, vamos a Barcelona». El detective esperaba que sus contactos le ofrecieran algún tipo de solución.
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En Barcelona el coche al que iba Mateu aparcó en las Ramblas, frente a la Comandancia. Yo fui a buscar mi contacto de la policía a su casa, pero no lo encontré. Era de noche, de madrugada. Al volver y ver el coche donde estaba Mateu, veo que hay un patrullero al lado y policías que les apuntan con metralletas. Bajo el coche y los encaro. Mateo, al verme, dice: «¡este es la cabeza!».
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– ¿Quién es el cliente? -le preguntó la policía.
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-No hay cliente.
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– ¿Se niega a colaborar con la policía?
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– Todo lo contrario. Les traigo un prófugo de la justicia.
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– El cliente a cambio de tu libertad.
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-No hay cliente.
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El abogado Enric Chinchilla se haría cargo de la defensa. Cárcel preventiva para todos. Ya en la Modelo, Colomar no lo tendría fácil. En los calabozos, Ramon Mateu le había dicho: «Tú sabes jugar duro, pero yo también». Los rumores, en prisión de Barcelona, sobre que el empresario había puesto precio a su jefe -valorado en unos cincuenta millones de pesetas- complicarían la estancia del detective en el centro penitenciario.
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El día 11 de octubre Colomar salía de prisión después de pagar una fianza de cien mil pesetas. «No creía que Ramon Mateu pudiera salir antes que yo, pero así lo hizo, fue increíble». Hubo tira y aflojas a la justicia. El empresario presentó una querella contra el detective por detención ilegal y agresiones.
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Entonces, Colomar intentó despistar a la prensa. Al periodista del diario Avui que le entrevistó le dijo que desconocía quién había organizado el secuestro, que se había gestionado todo por teléfono. Afirmó: «Quizás mis clientes están relacionados con la mafia del transporte, que quería tener a Mateu en Catalunya para embargar sus camiones». Colomar quería esconder el cerebro de la operación.
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Una noticia del diario “Avui” muestra una imagen de Ramon Mateu. / DdG
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«Nunca he dicho quién me contrató. No lo diré. Me metieron en prisión y sin embargo no dije quién me contrató», afirma el investigador privado hoy, en conversación con Diari de Girona. «Será para siempre un secreto», añade.
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El juicio y la resolución
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El desenlace judicial del caso Mateu & Mateu no cerró todas sus heridas. El juzgado número 1 de Barcelona condenó a Colomar en 1997 a la pena de cuatro años de cárcel por el delito de detención ilegal, castigo que compartió con el resto del grupo. Colomar y la banda fueron indultados en el 2000.
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En 1998 condenaron a Ramon Mateu a 18 años de cárcel por delitos económicos vinculados a la gestión de su empresa. El procedimiento se fue diluyendo en una maraña de causas y recursos. Ramon Mateu pasó por prisión y después por libertad provisional en un proceso largo y fragmentado. Su muerte en 2014 cerró su capítulo personal en la historia.
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Décadas más tarde, el caso Mateu & Mateu tuvo un cierre económico inesperado. En 2008, la junta de acreedores formalizó la venta del patrimonio de la antigua compañía a un fondo especializado. La operación permitió recuperar 24,3 millones de euros procedentes de inmuebles repartidos entre Barcelona, Gerona y otras ciudades. Con los fondos obtenidos, y descontados gastos judiciales y fiscales, se logró saldar casi la totalidad de las deudas. Los cerca de 600 exempleados cobraron el 100% de lo que les debían y el resto de acreedores recuperó en torno al 80% del capital.
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El caso quedó como parte de la crónica negra de Cataluña. Reflejo de la estructura económica y de una época en la que la expansión empresarial, las quiebras precipitadas y los conflictos judiciales dibujaron un escenario con un trasfondo tan opaco como convulso.
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Jorge Colomar continuó con su agencia de detectives privados, participando desde entonces en numerosos casos, labrándose un nombre cercano a la leyenda y siendo llamado para intervenir en programas de televisión sobre casos especialmente relevantes.
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Sin embargo, el nombre del cliente invisible que le pagó por el secuestro de Ramon Mateu nunca apareció. Es el secreto que, más de cuarenta años después, sigue siendo la única pieza que nadie ha logrado -o querido- colocar en su sitio.
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Fuente: Diario de Girona
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