China y las expectativas ampliadas
El consenso internacional es absoluto. Del presidente de EEUU, Donald Trump, no es posible fiarse y EEUU ha dejado de ser el socio ideal. Pese a que sigue en el círculo geoestratégico de la OTAN, con sus bases aquí, con un dólar que es medio de pago internacional o que es uno de nuestros clientes y proveedor fundamental, lo cierto es que el presidente ha roto por completo las confianzas. Encima quiere apoderarse por las buenas o por las otras de Groenlandia, una porción de un estado de la UE. Ante el cambio del orden mundial en marcha, la jugada del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de estrechar lazos con China debería valorarse en su justa medida.
[–>[–>[–>China no es una democracia. Ni siquiera sus ciudadanos protagonizan movimientos de protesta para reclamar democracias como la estadounidense, antes idealizada y actualmente puesta en duda. El crecimiento del país ha ahogado cualquier idealismo del voto en favor de promesas de enriquecimiento colectivo. El capitalismo de Estado de China es eficiente y las políticas sociales están en proceso de mejora. La calidad de vida, entendida desde el punto de vista chino, ha mejorado de manera importante en los últimos años. Aceptada la diferencia, reconocida la complejidad cultural y sociopolítica china, el acercamiento de Europa a China parece lógico.
[–> [–>[–>China se ha asentado definitivamente como el mercado a tener en cuenta en la nueva etapa económica global. La idea es que Sánchez considera a China un eje prioritario y estable, no coyuntural, de su estrategia económica exterior. China lidera los sectores que están definiendo el crecimiento mundial: vehículo eléctrico, inteligencia artificial, robótica, energías limpias, infraestructuras, biotecnología y farmacia avanzada. Ámbitos que, según el Ejecutivo, resultan clave para la competitividad futura de la economía española.
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Los expertos de la gestora independiente de fondos de inversión Gesinter consideran que «medida en paridad de poder adquisitivo, China ya es la primera economía del mundo, y todo apunta a que su peso seguirá aumentando en términos nominales». Kai Torrella, consejero delegado de Gesinter, destaca que «desde 2012, China ha más que doblado su PIB, elevando renta per cápita, salarios y pensiones sin generar grandes desequilibrios macroeconómicos. Este proceso se ha sostenido gracias a una capacidad de planificación a largo plazo poco habitual en otras economías, con planes quinquenales que han permitido orientar inversión, innovación y desarrollo industrial durante décadas».
[–>[–>[–>Las exportaciones españolas, cercanas a los 8.000 millones, se concentran en productos químicos y farmacéuticos, agroalimentarios y minerales, mientras que España importa de China bienes de equipo, electrónica, automoción y tecnología vinculada a la transición energética. Este desequilibrio ha llevado al Gobierno a impulsar un cambio de enfoque: pasar de la relación comercial al acceso estructural al mercado chino, mediante alianzas industriales, tecnológicas y de inversión.
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Cualquier extranjero que haya visitado China en el último año habrá percibido el auge de esa compleja sociedad y habrá roto con los tópicos del pasado, como aquel de que China era el exponente de la producción de baja calidad. China es actualmente referente de casi todo y del que es necesario aprender, pese a las barreras culturales evidentes.
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[–>El análisis de Gesinter explica bien las razones del acercamiento de España a China. El crecimiento global ya no se entiende sin China y su papel como socio comercial alternativo, motor industrial y centro tecnológico la sitúa en el centro del nuevo equilibrio mundial: «Cuando China recupere plena tracción, lo hará liderando precisamente los sectores del siglo XXI», concluye Torrella.
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Pese al consenso existente sobre la importancia geoestratégica de China, todavía existen analistas que dudan de la conveniencia de estrechar lazos. La razón es el temor a que pueda molestarse el todopoderoso militar EEUU y su atribulado presidente, Donald Trump.
[–>[–>[–>‘Gato encerrado’
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Otros analistas pueden ir más allá y pensar que hay ‘gato encerrado’ en la estrategia de Sánchez. Lo de ‘gato encerrado’ suele entenderse como que existe una causa secreta para algo, en este caso la visita China en pleno conflicto con Trump. Tener ‘gato encerrado’ es una expresión incluida allá por 1884 por primera vez en el diccionario de la Real Academia, aunque sus orígenes son anteriores. Parece ser que los ladrones solían llevar un bolso de piel de gato en el que transportaban el dinero. El zurrón confeccionado con el pellejo gatuno y el botín se escondían y y su presunción de existencia daba prestigio al propietario, al que se le atribuía fortuna oculta. Fuera de metáforas acusatorias, la mayoría de los analistas coinciden en que China ganará importancia en el futuro y que España no debe dar la espalda a la realidad económica de este siglo. Y Europa, tampoco.
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