Cobardía, engaños, regresismo
En breve. De los residuos que constituyen la basura, unos son reciclables, como el vidrio, los envases o la comida. Para otros no tenemos de momento procedimiento. Por otro lado, el reciclado requiere de la colaboración de los ciudadanos, de que reviertan los sobrantes de su consumo y de que lo hagan en los contenedores adecuados.
[–>[–>[–>¿Y cómo andamos los asturianos respecto a los objetivos de reciclaje establecidos? Pues frente al objetivo de reutilizar un 55% de peso de la materia reciclable para 2025, andamos en el 24,4%, en proporción variable según los concejos. Ahora bien, al coste del servicio de reciclaje (camiones, contenedores, empleados, etc.) hay que añadir las multas que recaen sobre los ayuntamientos por no llegar a los objetivos señalados, multas que, evidentemente, se traducen en tasas que pagan cada ciudadano o cada empresa.
[–> [–>[–>Sobre el problema del destino de la basura, fundamentalmente el vertedero de Cogersa, en Serín, poco les voy a contar que no sepan: el incendio de la planta de tratamiento de basuras, las peleas políticas y de gestión, la falta de seguros… Pero la clave no es esa: el vertedero está colmatado y ahora se trabaja sobre un recrecido que tiene sus límites. Pero, en cualquier caso, en ese vertedero sobran anualmente unas 75.000 toneladas anuales de basura que ni es reciclable ni enterrable, el llamado CSR (combustibles sólidos recuperables). ¿Qué hacer con ello?
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El destino de ese material debería ser la incineración, ¡pero, ay, amiguinos, estamos en Asturies.
[–>[–>[–>La incineración en España y Europa: por no ir muy lejos, Galicia, Cantabria y País Vasco optan por quemar la basura que no sirve para producir energía. Aquí al lado, como quien dice. En el resto de España existen otras ocho incineradoras. En Francia, 126. En Alemania, 121. Ahorro los datos del resto de Europa.
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Hace pocos días, el Gobierno central lanzó la idea de construir 12 incineradoras de última generación, entre otras razones, para cumplir con las exigencias de la UE en materia de reciclaje. La parte del Gobiernu de IU puso el grito en el cielo; la otra parte, se plegó al grito y reculó. Porque desde hace mucho tiempo, por la oposición de IU y algún grupo ecologista, y con el acoquine del PSOE existe una negativa rotunda a las incineradoras, alegando males que no parecen causar el mismo pavor en el resto de España y de Europa. Aquí nos echamos al monte ante esa posibilidad y nos empelayamos en nuestro moderno «no pasarán».
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[–>¿Y de la basura sobrante qué?
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¿Qué hacer con ella, si no hay dónde meterla? Pues una opción posible sería llevarla a alguna planta industrial para ello. La oposición ha sido la misma que para la incineradora, de ningún modo. Últimamente, incluso, se ha sugerido la posibilidad de llevarla a quemar a León, a la cementera de La Robla. Los gritos de los mismos se han oído en el cielo, el recule de la otra parte del Gobiernu, idéntico. ¿Y qué hacer con ese sobrante que no hay dónde meter? Oiga, ¿a mí qué me cuenta? Respete usted mis principios o mis prejuicios, y, por lo demás, «comamos hoy y bebamos, que mañana moriremos».
[–>[–>[–>¿Por qué no cuentan la verdad al ciudadano? El dinero que ya está pagando por no cumplir los objetivos de reciclaje de la UE, lo que va a aumentar el monto de esas sanciones. La imposibilidad de buscar destino al sobrante, la limitación del vertedero de Serín, la realidad de la incineración en España y Europa, la de nuestro entorno inmediato. En vez de eso, prefieren proferir gritos para asustarlo en el presente y ocultarle tanto el presente como el futuro.
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Pero no piensen que el PP es distinto en esto. Critica, sí, los errores del Gobiernu, sus fallos de gestión o les engarradielles internes, pero azorrona y calla, sin proponer una solución para la cuestión central de la basura.
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En fin, tal vez la razón la haya manifestado en su día Borja Sánchez García, consejero de Ciencia, Innovación y Universidad. Preguntado por su mayor decepción en su experiencia política, manifestó: «Yo creo que la mayor es que en Asturias hay gente que tiene una resistencia feroz al cambio que no me explico».
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«Regresismo» se llama, aunque se disfrace de su antónimo.
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