Colocándose a sí mismo en el lugar de la divinidad, Trump promueve el culto fascista a la personalidad
Jeff Sharlet es escritor y periodista. Da clases de periodismo narrativo en el Dartmouth College de New Hampshire, en la liberal Nueva Inglaterra. Y este curso les ha pedido a sus alumnos que salgan a la calle para escudriñar los efectos del trumpismo. «Cuando hablas con los jóvenes te das cuenta que esto ya ocupa 10 años de su vida. Es normal y extraño a la vez. Ayer mismo conteníamos la respiración: ¿va a estallar una guerra apocalíptica? Quiero ayudarles a desnormalizar la situación», dice durante una videollamada con EL PERIÓDICO. Sharlet ha dedicado parte de su carrera a diseccionar el fundamentalismo cristiano y su estrecha relación con el poder estadounidense. Títulos como ‘La Familia’ han sido convertidos en series de Netflix. En su último libro —‘La resaca: escenas de una guerra civil parsimoniosa’ (Capitán Swing)— explora el auge de la extrema derecha en el Partido Republicano durante la era Trump. La conversación, mantenida la semana pasada, transcurre con la guerra de Irán como trasfondo.
[–>[–>[–>Hasta ayer mismo Donald Trump amenazaba con destruir por completo la civilización iraní. Cuesta encontrar a otros presidentes de EEUU que hablaran en estos términos. Imagino que para algunos estadounidenses esta debe de ser una época de ansiedad extrema.
[–> [–>[–>Ansiedad extrema y, a la vez, una época dominada por la política del meme. Es una de las cosas sobre las que intentaba escribir en el libro. Si tienes a un presidente diciendo que hay buenos y malos, y que vamos a borrar una civilización entera, eso cabe perfectamente en la cabeza de mucha gente. Es muy fácil de entender. Da igual que no sea verdad. Y creo que eso se ha acelerado en Estados Unidos: esa memificación de la política. Trivial y a la vez horriblemente peligroso, como vemos ahora en el mundo.
[–>[–>[–>
Durante esta guerra en Irán hemos visto a varios miembros de la Administración presentar el conflicto en términos religiosos. Incluso Trump dijo hace unos días que Dios quiere esta guerra. ¿Cómo habría que interpretarlo?
[–>[–>[–>Eso es tan familiar en la historia de Estados Unidos como lo es, pese a mi conocimiento limitado, en la de España. Franco, desde luego, no tuvo ningún problema en recurrir a la justificación divina. Es parte de la retórica del nacionalismo cristiano, que ha sido el hilo conductor de mi trabajo durante décadas. Esa corriente tiene una relación histórica con el fascismo, pero yo me resistía a describirlo como tal porque no llegaban a cruzar del todo la línea del culto a la personalidad. Tenían la figura de Jesús. Pero en mi nuevo libro reconozco que me equivoqué. Ese culto se ha desplazado. Trump puede invocar a Dios, pero se ha colocado a sí mismo en el lugar de la divinidad. Es ahí donde aparece un verdadero culto fascista a la personalidad.
[–>[–>[–>
En el libro cuenta cómo la derecha religiosa está fuertemente armada.
[–>[–>
[–>Hay iglesias que tienen sus propias milicias. Estuve en una megaiglesia importante del norte de California. Igual que un lunes podía ser la noche de las mujeres y un miércoles la de los niños, el martes era noche de entrenamiento de la milicia. La iglesia está armada. En Omaha (Nebraska) estuve en otra cuyo pastor predicaba abiertamente a favor de la guerra civil. Después, hablando con la gente en el aparcamiento, aparecieron hombres armados con equipo táctico completo. Y pensé: yo llevo un lápiz y vosotros traéis un arma. Esa es la nueva normalidad.
[–>[–>[–>
¿A quién ven como enemigo?
[–>[–>[–>Durante bastante tiempo muchos académicos e historiadores en EEUU se resistieron a llamar fascista a este movimiento. Y lo entiendo: no basta con que sea autoritario, grotesco y todo lo demás. También tiene que existir la idea del enemigo interior y de una policía secreta. Y eso ha cambiado a lo largo de estos diez años de trumpismo. En 2016, el enemigo interior eran claramente los musulmanes, pero desde entonces han ido añadiendo otros, como las personas trans, los inmigrantes y los medios de comunicación. Y ahora ya tenemos incluso nuestra policía secreta: el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas).
[–>[–>[–>
Cuando el secretario de Defensa, Pete Hegseth, o Trump presentan la guerra en términos mesiánicos, ¿a quién quieren apelar? ¿Piensan en los votantes evangélicos?
[–>[–>[–>
El nacionalismo cristiano no se limita a los evangélicos. Incluye también a una derecha católica cada vez más fuerte, irreconocible incluso para nuestro propio Papa estadounidense, cuya autoridad ellos no reconocen, así como a los pentacostales y a otros. Si vas a los mítines de Trump son mítines profundamente religiosos. Eso no significa que sus seguidores vayan a la iglesia. El nacionalismo cristiano no gira en torno a la observancia piadosa, sino que trata de fusionar la identidad estadounidense con la fe cristiana. De modo que, cuando Hegseth invoca todo eso, no trata solo de movilizar a las iglesias. Esas ya las tiene. Habla para muchísima gente común que quizá no pisa la iglesia un domingo, pero adora la idea de Estados Unidos como nación elegida por Dios.
[–>[–>[–>
Pero hay fracturas en ese movimiento, ¿no es cierto?
[–>[–>[–>
Esa es la buena noticia. Hegseth, por ejemplo, pertenece a una corriente que nunca había estado tan cerca del poder en EEUU: el reconstruccionismo cristiano. Es una teología que, sin exagerar, defiende la esclavitud y no reconoce el derecho al voto de las mujeres. No tiene un seguimiento masivo porque es demasiado extrema para mucha gente. Pero ahí está, en el poder. Por suerte esas facciones compiten hasta cierto punto por el poder, es una noticia alentadora.
[–>[–>[–>
¿Hasta qué punto ha penetrado este nacionalismo cristiano en la Administración Trump y las instituciones?
[–>[–>[–>
No se puede entender el imperio estadounidense sin entender el nacionalismo cristiano. Si repasas prácticamente cualquier guerra, verás hasta qué punto está incrustado en su estructura. La Administración Trump es algo distinta porque presume de ello. No es que esté penetrando, es que ya está ahí. Robert Kennedy Jr. [secretario de Sanidad] o Tulsi Gabbard [directora de la Inteligencia] No son cristianos y, sin embargo, son nacionalistas cristianos y utilizan esa retórica. En parte para complacer al jefe, pero también porque ese mito se convierte en el marco que lo justifica todo. ¿Y cuánto ha afectado a las instituciones? Lote. Estoy en la liberal Nueva Inglaterra. Y ya tenemos una ley que limita mucho lo que se puede enseñar en las escuelas. Desde enseñar que el Holocausto fue un exterminio dirigido contra los judíos hasta que existen los homosexuales. Si un profesor dice en clase que existen los homosexuales, hay una línea directa para denunciarlo inmediatamente. Y esto no es Texas ni Oklahoma. Estamos inmersos en una profunda transformación de la vida estadounidense.
[–>[–>[–>
¿Cree que el trumpismo puede sobrevivir a Trump si se marcha cuando acabe su mandato en 2028?
[–>[–>[–>
Sin duda. Este movimiento no va de personalidades. Va de la energía que las anima. Dejando a un lado la cuestión de la sucesión o de si existe alguien con un carisma equivalente, el hecho es que en torno a un 40% de EEUU ya ha dado un paso vital que antes no había dado. Muchísima gente se ha adaptado a la idea de que no vivimos bajo un Estado de derecho; que la fuerza y el poder son las reglas del juego. Tenemos muchísimos jóvenes que han crecido con la idea de que así es como deben comportarse en el mundo. Y eso no desaparece porque una figura concreta se muera.
[–>[–>[–>
¿Hasta qué punto es real la posibilidad de la guerra civil de la que advierte en su último libro?
[–>[–>[–>
No estamos 1861, con el azul y el gris frente a frente, ni en la España de 1936. No es ese tipo de guerra civil. Pero sí hay víctimas. Y, si lo conectamos con el presente, puede decirse que esa guerra civil parsimoniosa está acelerándose. Por usar el término de algunos extremistas de derechas que se llaman a sí mismos aceleracionistas: «Vamos a precipitar esto».
[–>[–>[–>
¿Es un clima de fondo o hay algo más?
[–>[–>[–>
Yo soy periodista, pero me fijo mucho en los historiadores, que por definición se mueven más despacio en sus análisis. Durante mucho tiempo se resistieron tanto a la palabra «fascismo» como a la idea de «guerra civil». Pero, cada vez más, esos académicos tan cautos dicen que las condiciones para una guerra civil ya están aquí. No significa que sea inevitable, pero las condiciones existen. Están las armas: 450 millones en manos civiles. Y por todas partes hay también pequeñas líneas de fractura. Aunque el nivel de riesgo fluctúa, la posibilidad es real. No me preocupa tanto que vayan a enfrentarse grupos armados de la derecha y la izquierda. El verdadero riesgo está en el Ejército, donde hay también distintas facciones. Qué pasa si Trump da una orden atroz y algunos llaman a desobedecerla. En ese momento entras en el terreno de una guerra civil caliente.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí