Cómo un aeropuerto regional de Polonia se ha transformado en un ‘hub’ militar y humanitario para Ucrania
Adam Szyszka, paramédico polaco de 45 años, es un hombre ocupado. En cuestión de horas, recibirá en el centro médico de tránsito Jasionka, sito en un enorme almacén junto a las pistas del aeropuerto de Rzeszow, a apenas 90 kilómetros de la frontera con Ucrania, a decenas de pacientes recién llegados por carretera desde el vecino país en guerra. Se trata de heridos en el frente bélico o víctimas civiles de los bombardeos rusos contra las ciudades, aunque también de pacientes ucranianos aquejados de enfermedades graves que no pueden recibir tratamiento adecuado en sus lugares de origen. Pasarán apenas unas horas en estas instalaciones, dotado de habitaciones medicalizadas y preparadas con mimo de antemano, antes de que ser trasladados por vía aérea a Alemania, Dinamarca o Noruega, donde ya se ha pactado previamente su ingreso en hospitales locales.
[–>[–>[–>Adam exuda entusiasmo a la hora de explicar la tarea que realiza el personal que trabaja en el hub Medevac, financiado en un 95% por fondos de la Unión Europea (UE), y entre los que se encuentran traductores, paramédicos y hasta psicólogos. El proceso de evacuación de los pacientes se desarrolla en tres fases: en la primera semana, «Ucrania envía un requerimiento al Centro de Coordinación de Respuesta a las Emergencias» (ERCC, por sus siglas en inglés), que busca «potenciales hospitales» de destino en los países aliados de Kiev. En la segunda semana, se procesa esa información y se traslada al paciente un abanico de opciones, quien normalmente, por motivos logísticos, elige el país «más cercano» a Ucrania, para así facilitar las visitas de familiares, detalla. Por último, en la tercera semana, se trasladan a los pacientes desde sus ciudades de residencia, concentrándolos en un «punto de recogida en Lviv», en Ucrania occidental, desde donde son traídos en un «autobús-ambulancia hasta aquí», detalla gráficamente Adam con la ayuda de un rotulador frente a un mapa de Europa.
[–> [–>[–>El paramédico Adam Szyszka ilustra en el mapa el proceso de evacuación de pacientes ucranianos. / MARC MARGINEDAS
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Se trata de una tarea con grandes altibajos, que requiere de una planificación mucho más laboriosa que un desastre natural o un accidente. En un terremoto, por poner un ejemplo, «podemos hacer cálculos sobre la extensión y la población afectada», y prever el número de pacientes que trataremos, mientras que una guerra «es totalmente impredecible», explica. Respecto a los números, Adam tan solo puede determinar el número total de pacientes que han pasado por sus manos, y los porcentajes de grupos de enfermos: de los casi 4.000 que han sido atendidos hasta la fecha en el hub Medevac Jasionka: un 60% son pacientes de traumatología, en particular casos de amputación, un 30% personas aquejadas de dolencias oncológicas, y un 10% restante con otros diagnósticos.
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Aspecto psicológico
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Es importante, eso sí, no descuidar los aspectos psicológicos del tratamiento. La instalación cuenta con una amplia colección de libros en polaco y ucraniano para mantener «la cabeza ocupada» de los enfermos. Y es que se trata de individuos que, en muchos casos, «nunca han salido del país o ni siquiera han viajado en un avión», por lo que cualquier incidente puede reavivar traumas recientes dada la presencia en muchos de ellos de Síndrome de Estrés Postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés). En una de las alas del centro incluso se pueden encontrar juegos, juguetes y mesas para niños, al igual que en una pequeña guardería.
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El paramédico Adam Szyszka muestra un autobús ambulancia. / MARC MARGINEDAS
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El hub Medevac no es más que una parte de la profunda transformación que ha experimentado la instalación que, en el invierno de 2022, prácticamente de la noche a la mañana, pasó de ser un pequeño aeropuerto regional polaco a convertirse en un enorme centro logístico que debía gestionar grandes aparatos como Boeings 747, Lockheed C-130 y Antonovs 225 -el avión más grande del mundo-, y hasta acoger líderes políticos europeos haciendo escala en Polonia antes de proseguir viaje hacia Kiev. «Antes de la invasión realizábamos 20 operaciones al día, ahora ese número se ha doblado», aseguran fuentes de la dirección. «Todo el mundo ha pasado por aquí», continúan dichas fuentes, que no especifican si el avión del presidente Volodímir Zelenski está basado en este lugar.
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La mutación ha venido acompañada de cambios de calado en la organización. Si antes del inicio de las hostilidades trabajaban en el aeródromo menos de 300 personas, ahora superan las 550. Los tanques para almacenar combustible se han ampliado, y con el objetivo de evitar que se acumulen los vuelos en horas punta, en ocasiones las autoridades aeroportuarias se han visto obligadas a replanificar los vuelos. Los portavoces insisten en que Jasionka no es ningún aeropuerto militar, y que en su certificado se estipula que se trata de una infraestructura «civil». No obstante, la proximidad con la Ucrania invadida y los incidentes transfronterizos con drones lanzados desde la vecina Rusia han obligado a extremar las precauciones. En los márgenes de las pistas, se identifican baterías de misiles antiaéreos, mientras que los trabajadores no parecen inquietarse ante los incidentes con aviones no pilotados. «Estamos protegidos», concluyen, aparentemente despreocupados.
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