Compartir vuestra ubicación os puede salvar la vida
Hacer de la necesidad virtud o resurgir de las cenizas batiendo las alas para proteger a los demás. Tanto el dicho como la metáfora del ave fénix sirven para explicar el tránsito de Marisol Burón Flores, la madre de Marta Calvo, una de las tres jóvenes asesinadas en Valencia por el criminal en serie Jorge Ignacio Palma Jacome, desde aquel 7 de noviembre de 2019, cuando supo por última vez de ella y empezó el calvario que aún perdura: no saber dónde se encuentra la joven, pese a saber que fue asesinada y que su verdugo ya paga con la prisión permanente revisable por ese crimen.
[–>[–>[–>La Marisol que se hundió en la tiniebla más negra cuando supo que a su hija la habían matado de una manera traicionera y cruel, empezó a resurgir mucho tiempo después, y gracias, entre otras cosas, a su carácter luchador, a la red familiar que la ampara y a la labor incansable para reconstruirla de su psicólogo de cabecera, Mariano Navarro, hoy presidente de la Asociación por Marta Calvo Burón. Esa idea, la de crear una fundación con fines solidarios que sea la cuna de iniciativas para ayudar a otras familias en situaciones similares y que sirva de trampolín a su cruzada para que la ocultación del cadáver de una persona asesinada, como es su caso, tenga un castigo ejemplar en el Código Penal, ha sido crucial en su vuelta a la vida. Es, literalmente, la gasolina de su motor vital, porque reúne una acción en positivo, la ayuda potencial a otros, y otra de reivindicación de justicia, que se tipifique ese extra de maldad de mantener a las familias sin saber dónde está su ser querido.
[–> [–>[–>Y mientras llega esa acción legislativa que ningún partido político se ha tomado realmente en serio -ni siquiera el PP, que presentó la proposición de ley en 2022 y no ha movido un dedo en cuatro años, salvo para desempolvar ahora el proyecto, en ciernes de varias elecciones autonómicas y las generales del 2027-, su mirada y sus fuerzas están puestas en la otra pata, la de intentar sacar de la necesidad virtud convirtiendo algo trágico en pedagógico.
[–>[–>[–>
Marisol Burón, rodeada de adolescentes, tras la charla impartida en la Casa de Cultura de Puçol. / Ajuntament de Puçol
[–>[–>[–>
«No es meter miedo, es daros herramientas de seguridad»
[–>[–>[–>
Así, Marisol, flanqueada por Mariano y el vicepresidente de la asociación y cuñado de la primera, Manuel Gea, recorren la geografía valenciana (y si tuvieran que salir fuera, lo harían) para impartir charlas a adolescentes a quienes buscan adiestrar para mejorar sus destrezas ante la adversidad. «No se trata de meteros miedo», puntualiza Navarro, «sino de daros herramientas ante la posibilidad de que os pase algo malo».
[–>[–>[–>La herramienta se llama, básicamente, confianza en los padres y uso de la tecnología para mejorar su seguridad. Antes de que Marisol hipnotice a una audiencia expectante y entregada con el relato, crudo, pero contenido y cuidado, de cómo fue el encuentro de su hija con su asesino y cómo ella misma se entrevistó con él a las 48 horas del asesinato, mucho antes de que ninguna fuerza de seguridad se hubiera puesto manos a la obra, Manuel rompe el hielo y explica someramente por qué y para qué los han convocado.
[–>[–>[–>
Las redes, cielo e infierno
[–>[–>[–>
Manuel les describe lo que van a ver y a escuchar en esta hora que se queda corta y les recalca que las redes sociales, el escenario en el que transcurre buena parte de la vida de los adolescentes y de los jóvenes, encierran las mayores maravillas, pero también posibles trampas. «Queremos daros herramientas para protegeros, no para daros miedo», aclara, y ya anuncia los dos ejes sobre los que pivotará el resto del tiempo: compartir la geolocalización con sus padres y confiar en ellos.
[–>[–>
[–>Un vídeo, ‘Atrapados en la red’, proyectado en el monitor del fondo les empieza a meter en situación. Es un repaso al caso de Marta Calvo. El minidocumental termina con Marisol, la misma que ahora comparte sala con ellos, diciendo a cámara que gracias a que su hija había compartido su ubicación con ella a través de Whatsapp, se supo quién era su asesino y dónde la mató. Y gracias a ello, también, Marisol pudo ir hasta esa casa, en Manuel, y hablar cara a cara con el verdugo sin saber aún que lo era. Pero, cuando lo hizo, cuando llegó y llamó ella sola a ese timbre, cuando declinó la oferta del criminal que la invitó a entrar en la vivienda, no solo no había denunciado aún la desaparición de Marta; ni siquiera había compartido con nadie su ausencia, que conocía su última ubicación y que se había ido sola hasta allí a buscarla. Y esa experiencia personal, ese riesgo que pudo costarle la vida a ella también, es el argumento principal para convencer a ese público joven que la mira expectante: «Yo sabía dónde estaba mi hija, por esa ubicación que me había enviado, pero nadie sabía dónde estaba yo».
[–>[–>[–>
«Siempre hay salida. Pedid ayuda»
[–>[–>[–>
Es el turno de Navarro. Les habla de la sensación de «invulnerabilidad», de ese sentimiento tan propio de la adolescencia y de la juventud de «a mí no me va a pasar», y les explica que no se trata de atemorizarles, pero sí de concienciarles. «El mal existe, y hay que aprender a controlar el riesgo». Los siguientes 15 minutos los aprovecha para introducir otra idea que puede teñir de negro la adolescencia: el suicidio. Les explica cómo esa primera Marisol, la que acababa de saber por la Guardia Civil que ese sujeto que la había invitado a entrar en la casa de Manuel era el hombre que le había arrebatado a su hija, «solo quería morirse» y ahora «ha encontrado un nuevo sentido a la vida, a pesar del duelo imposible al que la ha obligado este individuo al no decirle dónde está el cuerpo de Marta».
[–>[–>[–>Y, a partir de ahí, les hace un llamamiento. «Siempre hay salida, siempre podemos reconstruirnos. No caigáis nunca en la conclusión, incierta, de que la vida no tiene sentido. El suicidio no es el único camino cuando todo está a oscuras. No es así, os lo garantizo. Siempre hay salida. Buscad ayuda y confiad en vuestros padres, de verdad». Recoge el guante Manuel: «Tenéis la asociación para lo que queráis, de verdad. Escribid, porque Marisol siempre contesta, a todos y personalmente».
[–>[–>[–>
Marisol empieza su relato. Primero habla de su vínculo de confianza con Marta. «Me lo contaba todo, desde pequeña. A veces, le decía, ‘Marta, hija, tampoco hace falta que me cuentes todos los detalles, que soy tu madre’. Y ella siempre respondía: ‘Por eso te lo cuento, mamá, porque eres mi madre'».
[–>[–>[–>
Las horas más negras: el relato
[–>[–>[–>
Luego, empieza el peor trago. Desgrana cómo Palma Jacome ejecutaba sus ataques: tres mujeres asesinadas en un plazo de siete meses -Arliene Ramos, Lady Marcela Vargas y Marta Calvo-, entre finales de marzo y principios de noviembre de 2019. Habla del dolor, de esos primeros días de desesperación, de los obstáculos para denunciar y para que empezaran a investigar, del día que supo que el asesino se había entregado, de cómo confesó la gran mentira de que la había descuartizado y arrojado en contenedores de basura, de la búsqueda, infructuosa, del cuerpo de su hija, del juicio, de las primeras sentencias contrarias a lo que esperaba, de la lucha por ese último fallo judicial, el definitivo e inamovible, del Tribunal Supremo, que por fin impuso el máximo castigo al criminal, la prisión permanente revisable.
[–>[–>[–>
Ha relatado una y mil veces esos hechos y han pasado seis años y medio. Pero el tiempo no curte lo suficiente. Los ojos se le llenan de lágrimas una y otra vez, la voz se le quiebra. El silencio en la sala es absoluto. Se ven ojos húmedos. Algunos lloran. Los ojos clavados en esa pequeña mesa sobre el escenario de la sala donde se sientan, casi sin espacio entre ellos, Marisol, Manuel y Mariano.
[–>[–>[–>
«Confiad en vuestros padres»
[–>[–>[–>
Se recompone y aprovecha para pedirles que hagan como su hija, que confíen en sus padres «porque son las personas que más os quieren y las que nunca os harán daño» y que compartan permanentemente su ubicación con ellos. «No os van a estar controlando. Al revés, si pueden ver dónde estáis, no se preocuparán. Me encantaría que cogierais esa rutina. No cuesta nada y os puede salvar la vida Y recordadlo, me tenéis para lo que necesitéis». Los 200 chavales estallan en un aplauso sincero y prolongado.
[–>[–>[–>
Manuel cierra la charla ofreciéndoles algunas de las herramientas digitales que permiten compartir la geolocalización con el círculo de confianza, desde Whatsapp a Google Maps, pasando por Life 360 (solo para Android), Buscar personas (en los iPhone de Apple) o la aplicación Alertcops de la Policía Nacional y de la Guardia Civil que ya incorpora el botón ‘Compartir ubicación’. Y luego, como ha ocurrido en cada una de las charlas anteriores, y como seguramente sucederá en las siguientes, una nube de adolescentes baja hasta la platea para rodear a Marisol y fundirse en un reparador abrazo con ella. La madre de Marta, que espera ansiosa que más institutos y colegios reclamen su presencia, se va, una vez más, renovada. Y feliz. Sobre todo cuando una de las chicas, con las mejillas aún húmedas, le dice mientras la rodea con sus brazos: «¡Muchas gracias! Yo ya acabo de compartir la ubicación con mi madre».
[–>[–>[–>
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí