Con los mismos genes, un joven de la Generación Z engorda el doble que un ‘baby boomer’
En el Mundial de Obesidad, el entorno donde crecemos ganar por victoria abrumadora a la herencia recibida. Así lo demuestra un ambicioso estudio internacional liderado por la University College London (UCL) y publicado este jueves en la revista ‘PLOS Genetics’. … que acaba de revelar que la epidemia de obesidad no se debe a un cambio en nuestro material genético, sino al entorno moderno Actúa como un amplificador gigantesco. de nuestros peores boletos genéticos.
Los datos que llevaron a los investigadores británicos a interesarse por el tema sugieren que, aunque la obesidad se ha multiplicado en el último medio siglo, este crecimiento del índice de masa corporal (IMC) no se distribuye por igual en todos los estratos socioeconómicos, ni ellos tampoco. casos de obesidad extrema.
La investigación analizó datos de 19.379 ciudadanos británicos pertenecientes a cuatro generaciones muy diferentes: las cohortes nacidas en 1946, 1958, 1970 y 2001. Al cruzar su IMC a lo largo de su vida con su índices poligénicosUna medida que condensa el riesgo genético acumulado de una enfermedad, los científicos han encontrado un patrón inequívoco: con el mismo riesgo genético, las personas nacidas hoy en la llamada Generación Z pesan mucho más que sus homólogos “baby boomers” nacidos a mediados del siglo pasado. El entorno obesogénico fortaleció significativamente la relación entre genes y escala.
El ejemplo más claro se ve a mediados de la adolescencia. A los 16 años, un aumento de una desviación estándar en la puntuación de riesgo genético resultó en un IMC sólo 0,46 puntos mayor para los niños nacidos en el período de posguerra de 1946. En la generación nacida en 2001, este mismo aumento genético representó un impacto de 0,90 puntos IMC. En otras palabras, con los mismos genes, el aumento de peso prácticamente se duplicó en la generación de los teléfonos inteligentes y la comida rápida.
El código postal supera a la genética
Este descubrimiento refuta la idea de que el rebote global del exceso de peso esté impulsado por mutación biológica repentinaun proceso evolutivo que llevaría miles de años. Lo que ha cambiado a una velocidad vertiginosa es el tablero de juego: la proliferación de alimentos ultraprocesados baratos, el urbanismo hiperconectado y la erradicación del esfuerzo físico en el trabajo y en el tiempo de ocio.
Si bien los niveles de bajo peso apenas han cambiado en cinco décadas, las tasas de obesidad extrema han aumentado a un ritmo muy superior al promedio de la población.
El doctor Cristóbal Morales, jefe de la Unidad de Salud Metabólica, Diabetes y Obesidad del Hospital Vithas de Sevilla y miembro de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), valora con énfasis este descubrimiento: «Sabíamos la idea general, pero es muy importante estudiar genéticamente cuatro generaciones para revelar que el entorno actual mejora la expresión de estos genes que regulan el hambre y la saciedad», dijo al Centro de Medios Científicos (SMC) España. Para el experto, el estudio deja una profunda lectura social: “Un posible título sería que el El código postal provoca la expresión del código genético. con mucha más fuerza. Ahora sabemos que el medio ambiente tiene prioridad sobre el código genético.
Esta realidad se vuelve particularmente sorprendente cuando analizamos la cima de la pirámide del peso. La investigación revela que el impacto ambiental no ha sido uniforme, pero claramente asimétrico. Si bien los niveles de bajo peso apenas han cambiado en cinco décadas, las tasas de obesidad extrema han aumentado a un ritmo muy superior al promedio de la población. Las personas con mayor predisposición genética son precisamente las que más han sufrido el flagelo del entorno moderno, ampliando la brecha de desigualdad en salud.
Una verdad incómoda para la salud pública
A nivel metodológico, el estudio se distingue por el seguimiento de los individuos desde la niñez hasta la vejez. El equipo de investigadores destaca una conclusión tan científica como social: “La epidemia de obesidad ha aumentado el IMC cualquiera que sea el genotipo«Pero aquellos más predispuestos genéticamente a un IMC alto fueron los más afectados», dice el epidemiólogo Liam Wright de la UCL, uno de los autores principales del trabajo.
Sin embargo, la investigación también plantea algunas incógnitas lógicas en un estudio observacional de esta escala. El investigador gallego José M. Ordovás, director de Nutrición y Genómica de la Universidad Tufts de Boston (Estados Unidos), destaca que “el aumento de la obesidad no explicado por cambios genéticos recientessino por cambios ambientales que afectan más a quienes tienen mayor susceptibilidad genética”, explica a SMC.
Pero también señala una limitación: “El trabajo no identifica qué componentes específicos del medio ambiente son responsables del aumento y de esta interacción con los genes”. Puede haber factores tan relevantes como la proximidad a establecimientos de comida rápida, hábitos sedentarios frente a la pantalla o factores relacionados con el entorno familiar. O todo en una combinación siniestra.
Estos resultados demuestran que el destino genético es modificable.
Aunque el estudio se centra únicamente en datos del Reino Unido, sus conclusiones son aplicables a cualquier otro país industrializado. Aunque en España no disponemos de datos longitudinales tan lejanos, la Encuesta Nacional de Salud (ENSE) los recoge desde 1987 y muestra una situación muy similar: hace 39 años, la obesidad (entendida como un IMC superior a 30) tenía una prevalencia del 7,3%, cifra que alcanzó el 17,3% en la última encuesta disponible, de 2023.
Del mismo modo, el porcentaje de adultos españoles que tenían un ligero sobrepeso a finales de los años 80 era del 33%, mientras que hoy es del 39%. Como muestra el estudio “PLOS Genetics”, la obesidad en España ha alcanzado niveles muy superiores al sobrepeso, lo que sugiere causas que van más allá de la genética.
Así, lejos de invitarnos a tirar la toalla con el pretexto del determinismo biológico, los expertos coinciden en que estos resultados demuestran que el destino genético es modificable. Si un entorno nocivo puede duplicar el impacto de los genes, un entorno sano y regulado podría neutralizarlo. “Esto plantea un problema de salud pública y la obligación de legislar para proteger a esta población», concluye el Dr. Morales. “Hoy sabemos que la carga genética influye, pero este estudio nos obliga a actuar y afrontar una verdad incómoda”.
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