Concierto y desconcierto de los impuestos
Escucho gente vuestra aflicción / y escucho el concierto triste / que forman tocando impuesto / y Castejón, ahora barbón.
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Mayo es el mes de las flores, sí, pero el principal mes del año en que visualizamos qué parte de nuestro trabajo –o de nuestra riqueza acumulada– se nos va de las manos.
[–>[–>[–>Es evidente que los impuestos son necesarios, y, en general, justos. Pero la evidencia primera es la enunciada en el párrafo anterior: que es parte de nuestra historia -de la producción material de nuestra historia personal- la que se aliena en los impuestos. La segunda, que algunas decisiones que se toman sobre el destino de esa nuestra propiedad enajenada no son muy adecuadas, son ineficaces o, acaso, injustas o injustificables.
[–> [–>[–>Como siempre, en esta época abundan las quejas sobre esa extracción de la propiedad personal, y, en particular, sobre su acrecentamiento progresivo. Les daré algunos datos, que no parecen lamentos puramente personales, sino que tienen razones objetivas.
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La principal, el excesivo esfuerzo que el tejemaneje impositivo ejerce sobre el trabajo: según la OCDE «España mantiene una estructura fiscal que penaliza en exceso el trabajo, desincentivándolo, y reduce la eficacia de las mejoras salariales». En concreto: «Desde que gobierna Pedro Sánchez (2018) la presión fiscal en España ha estado de forma sistemática por encima de la media de los países más ricos. En 2025, un trabajador soltero y sin hijos soportó una cuña fiscal del 41,4 por ciento de sus costes laborales, frente al 35,1 por ciento promedio de la OCDE. Este diferencial no es menor ni coyuntural: refleja una estructura impositiva que penaliza la generación de renta y limita su traslación efectiva al bolsillo del ciudadano». Y, de este modo, «España entra en el top 10 de países con más impuestos sobre los salarios».
[–>[–>[–>Y, si quieren más, según el instituto Juan de Mariana, cada 182 euros que paga la empresa por trabajador, solo van a este 100, es decir, el Estado recibe el 45% del salario del trabajador en cotizaciones, IRPF e IVA.
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O, en términos más recientes, en 2025 la subida de impuestos se comió el incremento de los sueldos.
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[–>Si vamos a los autónomos -la mayoría de los cuales no son más que obreros sin empleador-, que tienen limitaciones en las prestaciones que reciben por enfermedad o accidente, oímos un clamor de protestas por las subidas, a partir de abril de este año, para los profesionales por cuenta propia con sociedades, así como para sus familiares colaboradores, que en Asturies se estiman en unos 25.155, el 36% del total de activos autónomos. La subida supone un coste adicional de 1.620 euros al año. Lo han calificado de «salvajada».
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Para tener una perspectiva temporal de ganancias e impuestos: la Encuesta Financiera de las Familias publicada el 16 de abril por el Banco de España muestra que la renta de los hogares españoles solo superó en 2024 el máximo histórico previo que databa del año 2002. España tardó más de dos décadas en volver a la situación que tenían los hogares hace 22 años.
[–>[–>[–>Y podemos pasar del concierto Castejón al concierto Barbón (aprovechando la Oda al Dos de Mayo de Bernardo López García, que arriba parodio). Verán ustedes muchos anuncios y mucha presunción de «la vía fiscal asturiana» y su justicia impositiva. Pues bien, sepan que en Asturies no solo se paga mucho más por donar y por heredar, sino que también la mayoría de las rentas, las que perciben entre 35.000 y 60.000 euros, quedan fuera de las deducciones del IRPF, sobre tributar más por la inflación, ya que somos una de las pocas regiones que no deflactaron el IRPF en el último lustro en relación al IPC, con lo que padecemos una alevosa y silenciosa subida continuada del impuesto. De ese modo, la llamada «vía fiscal asturiana» ha sido calificada de «rimbombante» y tildada de «poco más que un slogan». Es evidente que todo ello, el concierto castejoniano y barbonino, no solo tiene sus consecuencias, dolorosas, fastidiosas, aunque necesarias en parte, en el bolsillo de cada uno, en la exacción de su historia y su esfuerzo personal, sino en el ámbito colectivo: menor contratación de trabajadores, y emigración, fuera de Asturies, unos, fuera de España, otros.
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Busquen ustedes esta entrevista con Rubén Cantero García, uno de tantos españoles que se han trasladado a Polonia a trabajar y vivir: «Mi padre era camarero y ganaba más de lo que yo consigo como ingeniero. Pero en España ni tenía trabajo fijo ni podía ahorrar y optar a comprarme un piso. En Polonia sí. Por eso me he instalado aquí y, tal y como están las cosas, no me planteo volver».
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Denle una vuelta, por favor, a todo el asunto, a lo justo y lo injusto, a lo necesario y lo innecesario, a la realidad y a la propaganda.
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