CONFLICTO SÁHARA | La República Árabe Saharaui cumple medio siglo sin paz a la vista
Un día como hoy hace cincuenta años comenzaba un nuevo capítulo en la historia del Sáhara Occidental. Un capítulo enquistado. España comunicó el 26 de febrero de 1976 al Secretario General de la ONU que daba por terminada su presencia en el territorio y un día después, se proclamó la creación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Un acontecimiento que se inserta en uno de los procesos de descolonización más prolongados de la historia al mantenerse desde entonces como uno de los 17 territorios pendientes de descolonizar según Naciones Unidas. Ocupación, refugiados y un conflicto armado son solo algunos de los ingredientes de la tormenta perfecta que se ha generado en la región en las últimas cinco décadas.
[–>[–>[–>Ese 27 de febrero, mientras se producía la retirada y el abandono de España, el Consejo Nacional Saharaui provisional y el Frente Polisario proclamaron desde Bir Lehlu –un pozo situado a 130 kilómetros de la forntera argelina y muy cerca de Mauritania– la RASD. La propuesta se presentó como un Estado libre, independiente, soberano, regido por un sistema nacional democrático, y de religión islámica.
[–> [–>[–>«La República Árabe Saharaui Democrática pide a la comunidad internacional, cuyas metas son el establecimiento del derecho y la justicia en aras de reforzar los pilares de la paz y de la seguridad mundiales: que colabore en la construcción y en el desarrollo de este nuevo país para garantizar en el la dignidad, la prosperidad y las aspiraciones de la persona humana», señala la carta de proclamación de independencia.
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El proceso que desembocó en aquella proclamación se había acelerado en los meses previos. El 6 de noviembre de 1975, miles de ciudadanos marroquíes cruzaron la frontera en la denominada Marcha Verde, una movilización impulsada por el entonces rey Hasán II. La entrada, presentada por Rabat como una acción pacífica, se produjo en un contexto de creciente presión diplomática y coincidió con los últimos días de la vida del general Francisco Franco.
[–>[–>[–>Pocos días después, el 14 de noviembre de 1975, el Gobierno español presidido por Carlos Arias Navarro firmó con Marruecos y Mauritania los llamados Acuerdos de Madrid. A través de ese entendimiento, España transfería la administración del territorio a ambos países, aunque la soberanía sobre el Sáhara Occidental no fue formalmente objeto de cesión en el acuerdo. Mauritania se retiraría en 1979, mientras que Marruecos consolidaría su control sobre la mayor parte del territorio.
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El Sáhara Occidental había permanecido bajo dominio español desde finales del siglo XIX y, en 1958, el régimen franquista lo había convertido en provincia española, en un movimiento que coincidió con la entrada de España en la Organización de las Naciones Unidas y con el avance de los procesos de descolonización en África. En paralelo a estos acontecimientos, el Frente Polisario –fundado en 1973– intensificó su actividad armada y política con el objetivo de lograr la independencia. Tras la retirada española y la entrada de tropas marroquíes y mauritanas, se inició un conflicto armado que provocó el desplazamiento de decenas de miles de saharauis hacia campamentos de refugiados en la provincia argelina de Tinduf, donde aún hoy permanece una parte significativa de la población saharaui. Ese es el contexto inmediato en el que, el 27 de febrero de 1976, se proclamó la República Árabe Saharaui Democrática, dando inicio a una nueva fase de un conflicto que, cinco décadas después, sigue sin una solución definitiva y bajo la supervisión de Naciones Unidas.
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[–>Distintas fases
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Desde entonces, el conflicto ha atravesado distintas fases, combinando enfrentamientos armados, iniciativas diplomáticas y periodos de estancamiento político, en un escenario marcado también por los intereses estratégicos de los países de la región y de actores internacionales.
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Tras más de quince años de guerra entre Marruecos y el Frente Polisario, el 6 de septiembre de 1991 entró en vigor un alto el fuego auspiciado por la ONU. Meses antes, el 29 de abril de 1991, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas había aprobado la Resolución 690, por la que se establecía la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso). La misión fue concebida con el objetivo de supervisar el cese de hostilidades y organizar un referéndum de autodeterminación, en el marco de las propuestas aceptadas en 1988 por Marruecos y el Frente Polisario. Sin embargo, las discrepancias sobre el censo electoral y las condiciones de la consulta han impedido hasta ahora la celebración del referéndum. En las décadas posteriores se han sucedido rondas de negociación, planes de arreglo y propuestas de estatus, sin que se haya alcanzado una solución definitiva aceptada por las partes.
[–>[–>[–>En los últimos años, el escenario diplomático ha experimentado nuevos movimientos. Países con peso en el Consejo de Seguridad de la ONU como Estados Unidos y Francia han expresado su respaldo al plan de autonomía presentado por Marruecos en 2007 como base para una solución al conflicto. Ese apoyo internacional ha tenido reflejo en las resoluciones más recientes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre la Minurso, en las que se menciona la iniciativa marroquí como uno de los marcos sobre los que articular el proceso político. La última renovación del mandato de la misión, a través de la Resolución 2797, insta a las partes a reactivar las negociaciones sin condiciones previas. Y así ha sido.
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En el 50 aniversario de la proclamación de la RASD, el delegado del Frente Polisario en España, Abdulah Arabi, señala que, pese a esos contactos, «todavía no se ha entablado ningún tipo de negociación formal» con Marruecos bajo el respaldo de Estados Unidos y la ONU, y rechaza que el diálogo deba circunscribirse exclusivamente al plan de autonomía marroquí.
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Arabi sostiene que la posición del Polisario sigue siendo la defensa del derecho de autodeterminación. En este sentido, plantea que, si la autonomía es presentada como «la mejor solución», debería permitirse que la población saharaui pudiera pronunciarse sobre ella en un referéndum junto a otras opciones.
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El representante saharaui subraya que el proceso de será «complejo y largo». Al mismo tiempo, reafirma la voluntad de su organización de apostar por una vía negociada, sin renunciar a lo que considera una «línea roja»: que la solución final permita a los saharauis decidir sobre su estatus.
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En Canarias, el conflicto del Sáhara Occidental no ha sido una cuestión lejana. La proximidad geográfica –apenas un centenar de kilómetros separan el Archipiélago de la costa africana– y los vínculos históricos derivados de la etapa en que el territorio fue administrado por España han tejido durante décadas relaciones humanas, comerciales y culturales entre ambas orillas. Numerosas familias canarias mantuvieron lazos personales con el Sáhara durante el periodo colonial, y tras el inicio del conflicto el Archipiélago se convirtió en uno de los principales puntos de acogida y solidaridad con la población saharaui.
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