"Cortina de humo"
Parecía una mala película de guerra, de esas que se utilizan como ruido de fondo mientras se echa una siesta tras una copiosa comida familiar. Pero no. No fue una película ni una broma. Los cuatro hombres con cara de ceño fruncido, especialmente el rubio teñido, no eran actores, aunque estuvieran actuando, y el decorado era real, aunque pareciera papel maché. Los discursos también eran reales y hablaban de cosas increíbles, de hazañas dignas de la mejor literatura bélica y de héroes al nivel de Aquiles, con la diferencia de que aquí nadie había muerto.
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