cuando la puerta de entrada del sistema sanitario amenaza con colapsar
Servicios de emergencia hospitalarios (shu) han vuelto a convertirse en el termómetro que mide la la verdadera salud del sistema de salud pública. Lo que ocurre allí no es una anomalía concreta ni una crisis estacional: es la expresión más visible de un modelo llevado al extremo. Así lo denuncian los Coordinadores de Emergencias en una reciente declaración, que pone en palabras una realidad que se repite, con matices, en prácticamente todas las comunidades autónomas del país.
Él El diagnóstico trasciende fronteras.. Los aumentos sostenidos de la demanda, el agotamiento del personal, las dificultades para cubrir los turnos, los retrasos en los ingresos hospitalarios y la incapacidad de la atención primaria para absorber parte de la presión asistencial conforman un cóctel que amenaza con desbordarse el principal punto de acceso de los ciudadanos al sistema sanitario.
Emergencias, la red de seguridad del sistema
EL Emergencias hospitalarias Durante años, han sido mucho más que un recurso para situaciones críticas. Son la puerta de entrada a miles de pacientes que no encuentran respuesta en otros niveles de atención. Durante la pandemia, demostraron su capacidad para adaptación y resistenciaasumiendo riesgos y cargas extraordinarias. Pero lejos de volver a una normalidad previaLa presión siguió creciendo.
Según los coordinadores, la actividad de atención de emergencias ha aumentó hasta un 30% en comparación con máximos históricos anteriores, batiendo récords año tras año. Una tendencia que no es exclusiva de ninguna comunidad concreta, sino que se repite en los principales hospitales y centros regionales de todo el país. «Somos los garantes de accesibilidad y equidad en el sistema sanitario», subrayan en el comunicado, recordando que la población acude a donde obtiene una respuesta inmediata.
Tallas al límite y un modelo que no aguanta
El aumento de la demanda no estuvo acompañado de una refuerzo estructural de los recursos humanos. A la falta de profesionales se suma la todavía ausencia de especialistas. entrenado vía MIR en medicina de emergencia, cuya primera clase no llegará hasta dentro de algunos años. Mientras tanto, los servicios sobreviven gracias a cobertura personal constante bajas por enfermedad, vacaciones y reducciones de jornada, a costa de turnos más largos y una mayor carga de trabajo.
El resultado es un agotamiento físico y emocional que los propios coordinadores califican de extrema. Profesionales «absolutamente cansado y harto«Apoyan un sistema que depende cada vez más del compromiso individual en lugar de una planificación eficaz. Una situación que no sólo pone en peligro su salud, sino también la calidad y seguridad de la atención al paciente.
El cuello de botella de los ingresos hospitalarios
Uno de los mayores factores que contribuyen al colapso del departamento de emergencias es la dificultad para admitir pacientes que lo necesitan. La falta de camas disponibles y el retraso en los traslados a hospitalización transforman las salas de urgencia en zonas de espera prolongada, vulnerando la privacidad y dignidad de los pacientes y comprometiendo el manejo de patologías verdaderamente urgentes.
«Se convierten almacenes de pacientes«, denuncian los coordinadores, advirtiendo de un riesgo creciente para la seguridad clínica. Una realidad que nos obliga a recordar la necesidad de respetar los protocolos existentes y hacer asumir a la dirección que el problema no se puede resolver únicamente con la buena voluntad de los profesionales.
Atención primaria y responsabilidad compartida
La declaración también destaca otra elemento clave del debate: el papel de la atención primaria. Largos tiempos de espera para una cita, que en algunos casos llegan a varias semanasempuja a muchos pacientes a la sala de emergencias. No por mal uso, sino por falta de alternativas reales.
Asumir que el primer nivel de atención y la atención continua no son una opción, sino una obligación consagrada en la legislación sanitaria vigente. “Es hora de que todos, sin excepción, nos movilicemos”, exigen los firmantes, pidiendo una responsabilidad colectiva que vaya más allá de territorios específicos.
Una advertencia que llama a todo el sistema.
Lo que hoy se denuncia desde Galicia es en realidad una opinión para todo el sistema sanitario español. Las emergencias no pueden seguir siendo el parche que solucione todas las disfunciones del modelo. Si no se toman medidas estructurales, el riesgo de colapso dejará de ser un aviso y se convertirá en una realidad cotidiana.
La urgencia consiste en asistir, tratar y cuidar a los propios servicios de urgencia. Porque cuando fallan las emergencias, la red de seguridad de todo el sistema colapsa. Y luego, el amenaza de colapso deja de ser invisible.
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