Cuando voy por la calle con ropa de seguridad, me gusta que me miren, me siento orgullosa de lo que soy
Cuando Maryoli Montes lleva el uniforme de trabajo por la calle, le miran «raro». Con casco, ropa y botas de seguridad y cinturón portaherramientas, esta venezolana de 40 años dice sentirse «orgullosa» de ser lo que es: una mujer electricista en un sector de hombres. Maryoli es, de hecho, de las pocas que hay en Asturias.
[–>[–>[–>«Cada vez que voy por la calle con el uniforme, ando con la cabeza bien alta y me gusta que la gente me mire. Aunque también me gustaría que se normalizase más», afirma Maryoli Margarita Montes Lima, que anima «al cien por cien» a otras mujeres a lanzarse y formarse como electricistas, soldadoras o fontaneras.
[–> [–>[–>A esta vecina de Oviedo, madre de una niña de 7 años, le apasiona su oficio: «Es una cosa extraordinaria para mí». Le encanta estar en contacto con las máquinas y jamás hubiese imaginado dedicarse a la electricidad. Maryoli estudió en Venezuela, durante cinco años, la licenciatura de Educación Preescolar, el equivalente en España a Magisterio Infantil. Ese fue siempre su sueño, pero en 2021 se vio obligada a hacer las maletas y salir de su país. Al año siguiente llegó a Asturias, tierra en la que ya había estado viviendo durante tres años, cuando su madre estudió el doctorado en la Universidad de Oviedo.
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Maryoli Montes, en su lugar de trabajo / LNE
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Titulación universitaria no homologada
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Ya instalada en el Principado, Maryoli se vio en la situación de que su título no estaba homologado. Pero necesitaba trabajar. «Una representante de la escuela de mi hija me habló que una amiga estaba estudiando electricidad y me animó a seguir sus pasos. Como yo soy un poco polifacética y también manitas, decidí arriesgarme. Y me gustó tanto que decidí hacer un segundo curso». El de Montaje y Mantenimiento de Sistemas de Automatización Industrial, que es de lo que actualmente trabaja en un centro logístico de la región. «Viene a ser una rama de la electricidad y lo que hago en mi empresa es rearmar robots. A veces fallan, chocan, se desencajan o tienen un plástico o un cartón que les sobresale. Mi papel es descubrir dónde está el fallo y arreglarlo», explica.
[–>[–>[–>Comenzó a trabajar nada más acabar los estudios
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Maryoli encontró trabajo nada más acabar su formación. La fichó la empresa en la que hizo las prácticas el pasado mes de marzo. «Quería estudiar algo que se necesitara, que me pudiera salir un empleo rápido y a la vez que me gustara, claro», afirma. Y la electricidad tenía todo eso. A Maryoli no le importó que fuese un oficio muy masculinizado ni ser la única mujer en el curso de Automatización Industrial. Al contrario, anima a más mujeres a seguir sus pasos: «A mucha gente que no le gusta su trabajo o que está cansada de la hostelería les digo: ¿Y por qué no estudias electricidad?».
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Entre ser electricista o maestra, Maryoli se queda con la primera. «Estoy contenta donde estoy ahora, porque tengo mi trabajo de electricidad, que me genera entrada de dinero, tengo mi nómina, mis vacaciones… Y a la vez también continúo con mi actividad como maestra. Doy clases de apoyo escolar en centros sociales de Oviedo», cuenta.
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[–>En su empresa está a turnos (de mañanas, tardes y noches) y, gracias a que vive con su abuela, su hija siempre está atendida. Ella alucina con que su madre sea electricista y trabaje con robots. «Hasta yo misma, cuando entré en la empresa, dije: ‘Guau’. Esto es lo que vi en clase pero multiplicado por cinco».
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