Cuba: una sociedad sin petróleo
En un artículo anterior, a raíz de la captura de Nicolás Maduro, comenté la importancia del petróleo en las sociedades avanzadas y ya avancé que la economía cubana, sin importaciones de petróleo venezolano, acabaría colapsando con serios problemas sociales, sanitarios, etcétera.
[–>[–>[–>Es un paradigma en las sociedades occidentales la sustitución de los combustibles fósiles (gas, petróleo y carbón) por las «energías limpias y renovables» (eólica y solar). Se trata de electrificar y descarbonizar la economía pues los combustibles fósiles liberan CO2. Se olvida, interesadamente, que la electricidad sólo representa un 20% de nuestro consumo energético total. Los combustibles fósiles cubren el 80% restante. Muchos sectores económicos como el transporte pesado, la siderurgia, la petroquímica, el cemento, el vidrio, la cerámica, etcétera no son «descarbonizables». No somos conscientes de la trascendencia de los combustibles fósiles en nuestras vidas.
[–> [–>[–>Hoy, apenas tres meses después de la «extracción» de Maduro y de la prohibición de exportación de petróleo impuesta por los Estados Unidos, Cuba está al borde del abismo económico y social por falta de hidrocarburos. Es un caso paradigmático para que nuestros políticos reflexionen acerca del uso de la energía. Los expertos siguen el caso cubano con gran interés. Constituye un experimento energético a escala real. La situación energética es desesperada. La isla depende completamente de los hidrocarburos incluida la generación eléctrica. El 85% de la electricidad proviene de plantas termoeléctricas que queman crudo o derivados. Se trata de plantas muy antiguas que ocasionan frecuentes apagones por fallos técnicos y de mantenimiento. La red eléctrica es muy frágil e ineficiente.
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Cuba produce 40.000 barriles/día de petróleo crudo pesado y con alto contenido de azufre que es difícil de refinar y poco eficiente energéticamente. La producción radica en la costa septentrional (región de La Habana–Matanzas). Como el consumo de petróleo es de unos 100.000 barriles por día, Cuba ha dependido siempre de aliados ideológicos para completar sus necesidades. Hasta ahora, recibía de estos países petróleo en condiciones preferenciales. La caída de Maduro y las restricciones americanas han producido un déficit energético severo con la generación de problemas continuos, escasez de combustible, apagones prolongados, infraestructuras eléctricas y de refino obsoletas y falta de divisas. Los intentos parciales de solución mediante la instalación de energías renovables son escasos y sólo producen alrededor del 5% del consumo eléctrico. La falta de inversiones retrasa el crecimiento de las plantas renovables que tardarán años en alcanzar cuotas de producción razonables.
[–>[–>[–>En la actualidad se intenta explorar la plataforma meridional de la isla, en el Golfo de México, que presenta aguas muy profundas. La participación de empresas extranjeras en la investigación petrolera es limitada lo que hace más difícil obtener resultados. Las importaciones rusas hace tiempo que desaparecieron y Estados Unidos presiona a México para cerrar los envíos de petróleo. El último barco de PEMEX con 86.000 barriles atracó en enero.
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Así, Cuba tiene un problema sistémico, no solo energético, y está atrapada en un modelo económico completamente dependiente del petróleo. Las crisis son recurrentes. El futuro energético no es sencillo pues depende sobre todo de factores geopolíticos, técnicos y económicos. Se espera que, una vez colapse la economía, haya una transición energética lenta y con crisis intermitentes. Continuará la dependencia del petróleo nacional y de importación; los apagones, aunque controlados, seguirán produciéndose y la energía solar tendrá un crecimiento muy lento. La falta de inversiones, la dificultad para acceder a financiación internacional y la reconstrucción de la infraestructura eléctrica tendrán lugar en un plazo superior a una década. El futuro energético de Cuba no depende solo de la energía sino también del modelo económico que se implante, de la apertura al mundo de una sociedad cerrada y de la estabilidad política que permita garantizar la seguridad jurídica de las inversiones internacionales.
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[–>La crisis energética impacta fuertemente en la vida diaria, la economía de cada ciudadano y en la estabilidad social. Los apagones afectan a todos los sectores. Así, la alimentación pierde sus productos por falta de refrigeración; la cocina en los hogares se hace con electricidad; el suministro de agua subterránea se interrumpe por falta de energía para bombeo y, por la misma razón, no existe saneamiento en las calles ni depuración de aguas residuales; la refrigeración de hogares y oficinas es nula por falta de energía en ventiladores y aire acondicionado. Este aspecto es especialmente duro en el trópico. La calidad de vida sufre un gran deterioro. La productividad de la economía, con paradas continuas de la producción, es muy baja. La hostelería y el turismo cierran muy a menudo por falta de suministro eléctrico. Cuando funcionan, deben asumir costes extra por la utilización de generadores alimentados con gasóleo. La llegada de aviones y turistas a la isla está comprometida pues éstos no pueden ser repostados por la carencia de combustible de aviación y las compañías deben planificar trayectos mas largos y caros que permitan repostar en países cercanos a Cuba. El resultado global es la falta de crecimiento económico y de rentas ciudadanas, la desmotivación laboral y la pérdida de las expectativas de mejora.
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Los servicios públicos bajo presión tienen un impacto inevitable. Los hospitales dependen de generadores que, con el riesgo del fallo del combustible, puede impedir las operaciones quirúrgicas, el bombeo de aire y oxígeno y la refrigeración, etcétera. El transporte presenta una fuerte escasez de combustible lo que provoca la imposibilidad de movimiento de personas y mercancías y, por esta misma razón, no se retiran las basuras de las calles con los riesgos sanitarios que esto implica. La educación está colapsando con interrupción o suspensión de las clases. El sistema está constantemente en estrés lo que afecta a la población psicológicamente. La incertidumbre, la irritación social por la frustración acumulada y la necesidad de organizar la vida y las rutinas en función de los cortes eléctricos hace que se imponga una sensación de «supervivencia diaria». En fin, la crisis energética actúa como «multiplicador de problemas» pues agrava la pobreza, reduce la productividad y aumenta la frustración ciudadana. La energía en forma de combustibles fósiles o electricidad es básica para la estabilidad social y la riqueza económica del país.
[–>[–>[–>Nuestros políticos deberían de tomar nota de este «experimento energético cubano a escala real» que permite conocer lo que le sucede a una sociedad que carece de combustibles fósiles. Deberían, a la vista de lo descrito, aparcar los intentos, baldíos por otra parte, de sustituir el petróleo, gas y carbón por energías renovables. Un error de libro a este respecto fue la demolición de todas las centrales eléctricas españolas de carbón. En la actualidad esas centrales suministrarían electricidad independiente de los precios internacionales del gas que subirá mucho por la guerra de Oriente Medio. Concentrar la producción de energía en pocas tecnologías por consideraciones ideológicas es nefasto y caro. La inquina oficial contra estos recursos fósiles que, dicho sea de paso, no se pueden explorar por ley en nuestro territorio es suicida. Para muestra, un botón.
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