De banco
A principios de los años ochenta, hace unos cuarenta y cinco años, tuvimos la visita de unos familiares franceses que estuvieron con nosotros unos días. En conversación sobre el estilo de vida en Francia y aquí, nos dijeron algo que nos pareció entonces increíble: decían que por tener dinero en el banco, aún siendo clientes desde siempre, tenían comisiones y tarifas, debían pagar por gastos de mantenimiento, transferencias y más. Aquí, al menos en la que era Caja de Ahorros de Asturias, todavía había un trato deferente a los clientes y no había prácticamente cargo de gastos en las cuentas corrientes.
[–>[–>[–>Las cosas fueron cambiando y a cada cambio de nombre de la entidad se asociaba un cambio a menores en el servicio. Terminaremos los clientes haciendo las labores básicas de los bancarios en directo y por internet. Me dio por esto porque este fin de semana, en una céntrica entidad bancaria de Pola de Siero los cajeros automáticos de los que dispone estaban en colapso. Uno de ellos decía estar fuera de servicio y el otro dejaba iniciar la operación de reintegrar dinero, pero tras el primer movimiento indicaba que no era posible.
[–> [–>[–>Varios clientes hicieron comentarios contra la eficiencia del servicio. En todo el sábado no funcionaron. El domingo tampoco. Vi que la entidad disponía de un teléfono de 24 hora de atención al cliente. Llamé. Me contestaron y cuando relaté el motivo de mi llamada me dijeron que no podían intervenir en ello y me comunicaron un teléfono que comenzaba por 8, diciéndome que igual mi operador no tenía activadas las llamadas a ese número. Le pregunté si no podían gestionarlo desde allí con quien fuese necesario. La respuesta fue no. Llamé al telefonito de marras y la voz de ultratumba de los teléfonos me dijo que las llamadas a ese número no estaban activadas. Dije algo que empieza por «m» y pensé que Francia nos ha quedado pequeña.
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