De la democracia orgánica a la democracia agónica
En España tuvimos en tiempos pasados y oscuros la democracia orgánica que contaba con aquellos pilares tambaleantes que eran la familia, el municipio y el sindicato.
[–>[–>[–>Con el tiempo, la democracia española se ha hecho agónica. Hay quien se duele, pero ofrece ventajas, por ejemplo, saber que en ella el pensamiento político es plano y, por consiguiente, el análisis que de la situación se hace es gris, anodino, vulgar, soñoliento… un fruto atolondrado de la modorra y el letargo. Y esto proporciona una vida sin complicaciones intelectuales.
[–> [–>[–>Hemos cambiado. Porque nos acabamos de enterar de que el análisis en boga es el relevante. «Análisis relevante» es el nombre de una empresa dedicada a expandir sus benéficos frutos entre la peña. Ya es suficiente para el agradecimiento.
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Sin embargo, es algo de mayor entidad pues, si nos aficionamos al análisis relevante, inauguraremos una etapa de nuestra historia en la que la frivolidad habrá sido sustituida por el estudio sesudo y la bagatela por el fuste del pensamiento aquilatado.
[–>[–>[–>Donde había desatino y un errático errar habrá ahora, gracias al análisis relevante, una realidad engalanada por el resplandor del examen macizo y un resplandor como de romería.
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Pralelamente al «Análisis relevante» ha surgido otra empresa que lleva como nombre comercial «Inteligencia prospectiva». ¡Menudo sustantivo y menudo adjetivo! Porque prospectiva significa – lo he tenido que mirar en el DRAE- «conjunto de estudios realizados con el fin de explorar o de predecir el futuro en una determinada materia».
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[–>De manera que ya no tendremos forma humana de equivocarnos si pensamos que, de la relevancia del análisis, pasamos a la contemplación del futuro con la pupila de una inteligencia «premium» y con galas de plata.
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En estas venturosas condiciones no es extraño que hayamos acuñado un nuevo concepto capital para los modernos sistemas políticos. Nadie puede arrebatarnos el privilegio de haber dado con la palabra cabalística que todo lo explica.
[–>[–>[–>¿Cuál es? El lector inteligente ya lo habrá adivinado: la trama.
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John Locke inventó la división de poderes, Rousseau la voluntad general, Montesquieu los jueces «que pronuncian las palabras de la ley», otros autores ¡cualquiera sabe!…
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Nosotros hemos dado a luz en el paritorio de las ideologías ¡a la trama!
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En verdad, querido lector, nos han venido a visitar las musas y nos han prestado, sin merecerlo, su ingenioso entendimiento.
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Porque tramas hay en abundancia: las mascarillas, los hidrocarburos, las sobrinas, las putas, los hermanos sinfónicos, los zapateros, las comisiones, las venezolanas, las chinas, las obras públicas, las saunas privadas, un variado muestrario.
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En puridad, la trama es la piedra filosofal que va a convertir el plomo de la vulgaridad conservadora en el oro del progresismo confederal.
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El poeta lo dijo de otra forma:
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Estos, Pedro ¡ay dolor!
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que ves ahora
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Campos de suciedad,
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mustio legado.
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fueron un tiempo
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España famosa.
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