De los guisantes a la herencia
Me encantan las menestras, las que no tienen carne, solo guisantes, alcachofas, habitas, lechuga y poco más. También me gustan mucho los tirabeques, pero los prefiero solos. No sé si en el XIX ,cuando Francis Galton y Gregor Mendel se fijaron en los guisantes para investigar la herencia, ya los había. Como lo que se come de esta leguminosa es la vaina, no la hubieran empleado. Hace poco los cruzaron con los guisantes y obtuvieron los llamados «sugar snaps», difíciles de encontrar, de vaina crujiente y comestible.
[–>[–>[–>No sé por qué estos dos investigadores de la herencia, de forma separada e ignorándose entre ellos, eligieron los guisantes. Los experimentos de Mendel son muy conocidos. Este monje alemán nacido en lo que ahora es Chequia, elegió «pisum sativa» para observar que ocurría cuando cruzaba las semillas amarillas y las verdes. Resultó que los guisantes hijos eran todos amarillos, se imponían. Llamó a eso carácter dominante. Volvió a cruzar esos híbridos y ocurrió que en los nietos aparecía el color verde en uno de cada tres. Lo llamó carácter recesivo. Pasaron muchos años antes de que los experimentos y conclusiones de Mendel fueran conocidos. Entonces, ya en el siglo XX, a eso que trasmitía la cualidad se llamó gen.
[–> [–>[–>Casi al mismo tiempo, el primo carnal de Darwin, que tenía su propia teoría de la evolución, investigaba con guisantes de olor la herencia del tamaño. Son más interesantes para sus experimentos porque se auto fecundan, de manera que evitan la herencia cruzada. Hizo siete lotes de semillas de diferentes tamaños y los distribuyó entre amigos para que los cultivaran. Me imagino que esa primavera los invitó a comer una menestra y al final de la comida entregó las bolsas: el año que viene me traéis una muestra de la cosecha. Utilizó el tamaño medio de los padres para compararlo con el de los hijos. Observó un fenómeno curioso: que la media de las semillas hijas de padres muy grandes era menor que la de los progenitores. Y al contrario, la media de las semillas hijas de las muy pequeñas eran más grandes que la de sus padres. Eso creo que le inquietó porque él creía que la inteligencia, un carácter cuantitativo como el tamaño, se heredaba. No en vano era nieto de Erasmus de Darwin. Que se perdiera esa excepcionalidad, que hubiera una regresión a lo que denominó mediocridad, para él era decepcionante. De todas formas, es conocido como el padre de la genética. Y de la estadística. Porque en ese experimento, y otros más, observó que aunque se producía esa regresión a la media, no dejaba de ocurrir que las semillas grandes producían semillas grandes y las pequeñas, pequeñas: una correlación entre el tamaño medio de padres e hijos. Las matemáticas de esta relación, y de cómo calcular una a partir de la otra, la describió su discípulo Pearson. Se denomina regresión ( quizá por resonancia con regresión a la media) un fenómeno ampliamente utilizado para predecir el futuro basado en la experiencia. Por ejemplo, si se observa que el número de horas dedicadas al estudio influyen en las notas, se puede predecir, con un error conocido, que nota sacará el estudiante en función de las horas empleadas. O qué cosecha se obtendrá en función de las precipitaciones o de las horas de sol…
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Su primo Charles Darwin basó mucho de su argumento para desarrollar la Teoría de la Evolución en la selección artificial que realizaban, por ejemplo, los cuidadores de perros. La naturaleza haría lo mismo, pero en ese caso la fuerza sería la de la adaptación: el medio seleccionaría los más aptos para crecer y multiplicarse. Esos caracteres que los distinguían de sus congéneres, aparecerían cada vez con más más frecuencia en sucesivas generaciones. Así que por ser más aptos para reproducirse en ese medio desplazarían a los otros.
[–>[–>[–>Darwin, que yo sepa, no se interesó por la selección de los mejores. No había mejores o peores, simplemente más o menos adaptados. Los segundos tenderían a desaparecer en ese medio. O si hubiera un cambio que los favoreciera, resurgirían. La Naturaleza, ciega y sin propósito, solo privilegia a los que se reproducen. Pero Galton quería mejorar la humanidad: seleccionar como reproductores de los mejores y limitar o prohibir la de los peores. Estaba preocupado porque entonces, como en muchos sitios ahora, eran las clases populares, vistas por la aristocracia como desechos humanos, las que más hijos tenían. Eso, desde su perspectiva, ponía en riesgo la calidad de la humanidad.
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El movimiento que proponía la eugenesia tuvo mucha aceptación en las primeras décadas del siglo XX. No en vano las defendían personajes de gran influencia Grahan Bell, inventor del teléfono, proponía prohibir la reproducción de los sordos. Claro, no los comprarían. En España, Marañón en «Amor, conveniencia y eugenesia» la considera un «magnífico ideal de nuestro tiempo». Como consecuencia, en casi todos los países se propusieron leyes que prohibían la reproducción a ciertas personas en función de alguna característica indeseable. El nazismo lo llevó al extremo. Esto provocó en la postguerra un movimiento en contra: todo dependería del medio. Ahora pensamos que ambos influyen e interaccionan.
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