Defensa recuerda en Barcelona la aportación española a la independencia de EEUU: “Hollywood nos robó nuestra historia”
En la segunda mitad del siglo XVIII no solo tuvieron lugar las gestas militares de Bernardo de Gálvez, ni se aportó solo la ayuda oficial de la Corona en apoyo de los primeros estados independientes americanos: tuvo lugar también una historia íntima de pobladores hispánicos, indios, esclavos libertos, rebeldes de habla inglesa, frailes, fundadores de ciudades y anónimos aventureros en un territorio inmenso en ebullición.
[–>[–>[–>Por eso en la muestra que este jueves se ha inaugurado entre los mármoles del edificio del Gobierno Militar de Barcelona no solo hay armas de pistón y uniformes que imitan a los de los contendientes de la época, también hay tocados indios, herramientas, relatos en paneles, mapas, un cómic que adentra al lector en el frente de Pensacola…
[–> [–>[–>Es el contenido de la muestra ‘250 Años: Españoles en el Nacimiento de una Nación’, que promueve el Ministerio de Defensa y organizan el Ejército de Tierra y el Instituto de Cultura e Historia Militar de cara a una efeméride principal de 2026: la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica, que el 4 de julio cumple 250 años.
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Los invisibles del XVIII
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Este jueves se ha inaugurado la muestra con una mesa redonda en la que han participado el comisario de la exposición, teniente coronel José Antonio Cuevas, el historiador y coronel de la Inspección General del Ejército Alejandro Rubiella y el profesor de Historia de la Universidad de Barcelona Ramón Bosch. Cuevas ha explicado que la exposición no busca tanto contar la historia de la segunda mitad del XVIII en América -”Para eso ya están los historiadores”, ha dicho- como hacerlo narrando también “la intrahistoria de gentes que conformaron la base de lo que es hoy Estados Unidos”.
[–>[–>[–>Fuera, a las puertas de la fachada neoclásica del edificio que da a la rotonda de Colón y la Rambla, se detenían los turistas a mirar a los extraños soldados que, con casacas blancas y azules, calzas, medias, correajes y tricornios, recrean estos días la uniformidad de la época.
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El comisario de la exposición sobre la contribución española a la independencia norteamericana, José Antonio Cuevas, junto a un tocado indiano expuesto en la Gobernación Militar de Barcelona. / Jordi Cotrina
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Entre los seres intrahistóricos a los que mira la muestra están, explica el comisario Cuevas, las mujeres. “Nunca fueron nombradas gobernadoras, ni capitaneaban un barco -argumenta-, pero articulaban el territorio, y lo acababan defendiendo agarrando el mosquete…”
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[–>Los otros invisibles de la historiografía oficial americana son los indios, el sinnúmero de tribus y naciones hoy extintas, cuyo recuerdo se mantiene en los archivos militares españoles y en anotaciones, crónicas y burocracia que hablan de los semínolas, unidos a la corona por un tratado, a los que los ingleses llamaban “indios españoles”, los apaches, los diversos pobladores de la comanchería, los choktaw y tantos otros.
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La documentación en la que ha buceado Cuevas retrata del papel de las primeras unidades indígenas de los ejércitos hispánicos en Norteamérica -integradas por guerreros pimas y ópatas, en la región del actual Nuevo México que se llamó La Opatería-, de pactos con los sioux, de acuerdos con los comanches, “toda una historia que nos ha robado Hollywood”, dice, y que ahora se recupera y reivindica.
[–>[–>[–>La muestra tiene su oportunidad política, en plena celebración de los 250 años de la independencia norteamericana.. y en plena tensión entre la Moncloa y la Casa Blanca. Pero se da la circunstancia de que la idea de esta exposición nació en 2024, con el Ejército y el general de división Marcos Llago planificando actividades culturales. Trump no había regresado al poder; todavía gobernaba Joe Biden en EEUU.
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Ayuda de guerra
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Dice uno de los carteles de la muestra que España contribuyó a la independencia de EEUU con millones de pesos, miles de proyectiles de fusil y cañón, granadas, morteros, 30.000 mosquetes con sus bayonetas, uniformes para las tropas rebeldes, 216 cañones de bronce, cientos de tiendas de campaña, toneladas de pólvora y unos 11.000 soldados enviados al teatro de operaciones.
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La exposición es itinerante. Antes de llegar a Barcelona ha estado en Málaga y Valencia, y luego se irá a Maó, mientras un material clonado se expone en el Puerto de La Cruz (Tenerife). Pero en Barcelona tiene una implantación especial, pues una parte no menor de la proyección del imperio español por la América del Norte del XVIII es obra de catalanes.
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Lo recuerda Cuevas no solo por Gaspar de Portolá Rovira, gobernador de California. También por el contingente que la corona envió para hacer presencia en Alaska ante la llegada de británicos y rusos, constituyendo la región de Nutca, dependiente del virreinato de Nueva España. En aquella expansión, ese grupo de catalanes da nombre a, entre otros territorios, la isla de Quadra y Vancouver.
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Rebuscar en los archivos, interesarse en esta parte poco divulgada -a vece escondida- de la historia hispanoamericana, ha llevado al teniente coronel Cuevas a trabar amistad con Alfonso Borrego, el descendiente más activo hoy del jefe chiricahua Gerónimo, del que hoy se recupera el recuerdo en España como exponente de la resistencia india y castellanohablante. Borrego y Cuevas se escriben a menudo, entre El Paso (Texas) y Madrid. Se llegó a barajar, de hecho, que el descendiente del jefe indio viniera a España invitado a la exposición.
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Ha interesado en esta muestra subrayar la fundación mestiza de las ciudades, misiones, puestos, presidios y fuertes del extremo más septentrional de la América bajo control español. Habla Cuevas, por ejemplo, de los libertos negros que huían del territorio controlado por Inglaterra. “Nosotros no éramos unos santos, pero aquella parte del imperio español fue territorio de acogida de aquellos que huían de la esclavitud”, algunos de ellos beneficiarios de una manumisión oportunista, por participar en la ayuda militar a los rebeldes liderados por George Washington.
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Poco o nada de esas intrahistorias ha sido recogido en la filmografía hollywoodiense, pese al rastro de presencia española, toponimia, cruces de Borgoña, blasones… que aún queda en lugares mucho tiempo olvidados por la historiografía a este lado del Atlántico, como la ciudad de San Luis de los Ilinoises, en el actual estado de Missouri, o aquel dominio breve y azaroso en la costa norte del Pacífico americano, que aparece en llamativo color azul en uno de los mapas de la entrada.
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