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del cisma en el imperio galletero al millonario divorcio de Silvia y Pérez Simón

del cisma en el imperio galletero al millonario divorcio de Silvia y Pérez Simón
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  • Publishedjunio 2, 2026



En 1916, dos de los seis hermanos Gómez-Cuétara, juan y florencio -luego se les uniría el resto-, hicieron las maletas y se fueron a probar suerte a Méxicoallende los mares. Salieron prácticamente con lo que llevaban; con poca ropa pero cargada de ilusiones para prosperar, emprender.

Sus aspiraciones eran magnánimopero el éxito que lograron fue exponencialmente mayor. Ni en sus sueños más locos los hermanos Gómez-Cuétara podían pensar que de su humilde negocio de galletas Su mayor creación iba a salir en esos hornos, la galleta maria.

Eran tiempos de reconocimiento, de grandes beneficios. El famoso Las galletas, como no podía ser de otra manera, llegaron a España y aquí la expansión y el éxito empresarial fue aún mayor. incontestable. Con el tiempo, el armonía La familia terminó quejándose.

Aunque la primera generación sentó las bases y arraigó una empresa más que solventeLa segunda y tercera generación de Galletas Cuétara participaron en Guerras familiares y episodios turbios. en el que intereses, traiciones y herencias millonarias.

Silvia Gómez-Cuétara con su exmarido, Juan Antonio Pérez Simón.

Silvia Gómez-Cuétara con su exmarido, Juan Antonio Pérez Simón.

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Décadas más tarde, a este fatídico escenario, se sumaría otra guerra, esta vez de carácter sentimental: la protagonizada por Silvia Gómez-Cuétara –nieta de Florencio Gómez-Cuétara, uno de los fundadores originales de la empresa- y su exmarido, Juan Antonio Pérez Simón.

Pero antes de llegar a esta historia presente que estuvo ligada a la papel cuchédebes saber el comienzo de una de las sagas empresariales y gastronómicas más potentes de España.

Detrás de una de las marcas de galletas más emblemáticas se esconde una realidad -conocida-. lleno de luces y sombrasque comienza con seis hermanos emigrados a México.

Décadas después, la historia personal de Silvia, una de sus herederas más visibles, también se convierte en una especie de guerra, aunque esta vez en forma de un turbulento divorcio. Entonces dos batallas: yosobre dinero y amor.

La primera de estas disputas se remonta a principios del siglo XXcuando los seis hermanos Gómez-Cuétara abandonaron su querida Cantabria para buscar oportunidades en México, como decíamos unas líneas más arriba.

Como muchos emigrantes de la época, comenzaron a trabajar en trabajos modestospero pronto demostraron una extraordinaria capacidad de negocios. Juan se instaló en la capital mexicana y comenzó a trabajar en el lleno de sus tios.

Los seis hermanos Gómez Cuétara que se fueron a México.


Los seis hermanos Gómez Cuétara que se marcharon a México.

Poco después, y con el apoyo de su hermano Florencio, decidió emprender su propio camino y fundó en 1935 La Espiga de Oro, una pequeña fábrica en la que ambos iniciaron la producción de galletas, pastas alimentarias para sopas y especialidades de inspiración italiana.

Aquella iniciativa, nacida casi como un experimento, se convirtió en el germen de lo que más tarde sería el imperio Cuétara.

La buena marcha de la compañía y el prestigio que los hermanos habían alcanzado en México los animaron a capitalizar su apellido y ampliar el negocio.

Así, La Espiga de Oro adoptó el nombre de Galletas Gómez Cuétara, y a la fábrica de Ciudad de México se sumó en 1945 una nueva planta en la localidad de Veracruz, consolidando la expansión del proyecto familiar.

A pesar de ese crecimiento, la muerte de dos de los hermanos, la inestabilidad política que atravesaba México y la nostalgia por su tierra natal llevaron a Juan y Florencio a tomar una decisión determinante.

Apenas un año después de inaugurar la sede de Veracruz, regresaron a España, se instalaron en Reinosa y retomaron el trabajo que mejor conocían: la elaboración de galletas.

A mediados del siglo XX abrieron fábricas en Cantabria y posteriormente en otras regiones, consolidando la marca Cuétara como un referente en los hogares españoles.

Silvia Gómez-Cuétara, en una imagen de archivo.


Silvia Gómez-Cuétara, en una imagen de archivo.

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En 1947, Juan y Florencio dieron un paso decisivo al adquirir una pequeña galletera en Santander y fundar Gómez Cuétara Hermanos.

En Reinosa -Cantabria- nacieron y se elaboraron por primera vez las recetas originales de muchas de las galletas que aún hoy forman parte del consumo cotidiano.

La planta, que ha contado con 170 empleados, presume de ser una de las instalaciones tecnológicamente más avanzadas del grupo.

En menos de una década, la empresa se había convertido en un competidor sólido frente a las marcas nacionales, incluso en un contexto tan restrictivo como el de la dictadura, cuando materias primas esenciales como la harina estaban sometidas a fuertes limitaciones.

Las galletas María, las Napolitanas o las Tostadas se convirtieron en productos habituales en la despensa de millones de familias.

Sin embargo, el crecimiento del negocio trajo consigo un problema que ha afectado a muchas sagas empresariales: la convivencia de distintas ramas familiares con intereses y visiones divergentes. Dicho en castellano, cuando se mezcla el amor con la cuestión crematística.

Silvia Gómez Cuétara, junto a su hoy expareja, Simón.


Silvia Gómez Cuétara, junto a su hoy expareja, Simón.

La estructura empresarial, inicialmente cohesionada bajo la dirección de los seis hermanos fundadores, comenzó a resquebrajarse cuando la segunda generación tomó posiciones dentro de la compañía.

Al llegar los problemas, se expuso sobre el tapete la opción de vender, de deshacerse de la empresa.

Los dos fundadores concentraban la totalidad del capital de la empresa. Florencio, que poseía el 40% de las acciones, era partidario de vender, mientras que Juan, con el 60% restante, se oponía por completo a esa operación.

El conflicto estalló cuando uno de los hijos de Juan decidió alinearse con su tío, situándose en el bando contrario al de su propio padre y desencadenando un enfrentamiento familiar digno de un guion de ficción.

La situación dio un giro inesperado cuando los hijos de Juan decidieron vender por sorpresa un 52% de las acciones a la empresa arrocera SOS Arana por 12.160 millones de pesetas.

Aquella operación dejó automáticamente fuera del negocio a la mitad de la familia.

Y la salida sería total poco después, cuando el Grupo Nutrexpa adquirió la compañía en 2008 por 215 millones de euros y, más tarde, en 2015, Adam Foods -liderada por la familia Ventura- tomó el relevo.

Con estas transacciones, el apellido Cuétara quedó definitivamente desligado de la histórica galletera, mientras que las distintas ramas familiares se convirtieron prácticamente en multimillonarias gracias a la venta.

La fábrica de Cuétara en Villarejo de Salvanés (Madrid).


La fábrica de Cuétara en Villarejo de Salvanés (Madrid).

En otro orden de cosas, para entender cómo esta historia desemboca en la figura de Silvia Gómez‑Cuétara, es necesario trazar el árbol genealógico que conecta a los fundadores con la tercera generación.

Los seis hermanos emigrados a México –Juan, Florencio, Manuel, José, Antonio y Francisco– formaron las distintas ramas familiares. Sus hijos ocuparon puestos clave en la empresa y protagonizaron los primeros desencuentros.

La tercera generación, a la que pertenece Silvia, creció en un entorno marcado por el peso del apellido, la presencia social y la herencia de un imperio que ya no era tan cohesionado como en sus orígenes.

Silvia y el amor

A nivel de crónica social, y entrando ahora en el perfil de Silvia Gómez-Cuétara, cabe aclarar que este poderosa empresariaal mismo tiempo mundanose convirtió en una figura muy conocida en el alta sociedad madrileña.

Su vida, marcada por el lujo y la exposición mediática, se ha desviado, a prioride los conflictos empresariales que habían sacudido a su familia. Por supuesto, la vida le tenía reservada a Silvia otra batalla, una de carácter amoroso.

El debut definitivo de Silvia en la prensa podría situarse durante su matrimonio con el empresario. Luis GarcíaCerecedadueño de Precisola empresa constructora de la exclusiva zona residencial de Madrid La finca.

Posteriormente, durante más de una década, Silvia, consideró la nueva Isabel Preysler de la sociedad española, mantuvo una relación amorosa con el multimillonario Juan Antonio Pérez Simónuno de los mayores coleccionistas de arte del mundo y socio histórico de Carlos Slim.

El matrimonio formaba parte de la élite social y cultural de Madrid. asistió a eventos exclusivos y mantuvo un perfil público discreto pero influyente. Al principio todo fue amor, felicidad y felicitaciones.

Silvia Gómez-Cuétara.

Silvia Gómez-Cuétara.

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Sin embargo, la relación terminó abruptamente y rodeado de versiones contradictorias. Según el entorno de Silvia, Pérez Simón la habría abandonado en un momento especialmente vulnerable, coincidiendo con el diagnóstico de una cáncer que mantuvo en estricta privacidad.

Desde el entorno del empresario, sin embargo, Se insinuó la existencia de una tercera persona, aunque nunca se confirmó..

La ruptura se convirtió en un conflicto un tanto ruidoso en las páginas rosas, que expuso a Silvia a presión pública inesperada.

Su ausencia en eventos sociales, incluida una fiesta multitudinaria organizada por Pérez-Simón en La Finca, alimentó las especulaciones en ese momento. Hasta que se hizo oficial esa ruptura.

La enfermedad la obligó a retirarse temporalmente de la vida pública. y depender de su familia, especialmente de sus hermanas, Mónica y Vísperay en sus hijos y nietos.

La lucha contra el cáncer, combinada con el impacto emocional de la ruptura, fue un prueba de resistencia que marcó profundamente su vida.

Con el tiempo, Silvia logró superar la enfermedad y reconstruir tu vida. En las últimas semanas ha reaparecido en eventos como El Rocío, donde se la ha visto recuperado y acompañado de amigos como Vicky Martín Berrocal (53).

Además, inició una nueva etapa sentimental con el empresario Carlos SánchezHorneroscon quien se la ha visto en varias ocasiones.



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