del «gran atractivo cultural» para Avilés al «proyecto que no cumplió las expectativas generadas»
El 25 de marzo de 2011, un concierto del archiconocido cineasta Woody Allen, acompañado por su «New Orleans Jazz Band», en la gran plaza abierta del Niemeyer echaba a andar el proyecto cultural más importante de la historia de Avilés. Se hablaba de replicar el «efecto Guggenheim» y de que el centro de la margen derecha de la ría, con su deslumbrante color blanco, haría a la ciudad dejar atrás el gris del humo que seguía saliendo de las chimeneas industriales. Hoy, quince años después, y tras una más que cuestionable gestión, que llevó a la cárcel a su primer director, Natalio Grueso, es evidente que el impacto del Niemeyer en la ciudad no es comparable, ni por asomo, al que tuvo la obra de Frank O. Gehry en Bilbao. Si bien, desde el Principado y el gobierno local hacen un balance más que positivo del impacto de la obra del arquitecto Óscar Niemeyer, «el gran atractivo cultural» de la ciudad; mientras que desde la oposición critican que el Niemeyer no ha alcanzado a cumplir las expectativas y piden cambios en el modelo de gestión.
[–>[–>[–>Para la consejera de Cultura, la socialista Vanesa Gutiérrez, el Niemeyer fue «un proyecto que podría parecer improbable y que fue una apuesta valiente». «Y que, consciente de su vitalidad, supo adaptarse a situaciones a veces complejas afianzándose en una identidad singular en el entorno que lo rodea y al que, por esa naturaleza heterodoxa, complementa y alimenta, siendo una referencia ineludible en el ecosistema cultural asturiano y español», destaca Gutiérrez, que también ensalza «la complicidad y la labor de muchas personas de la cultura que le dieron vida en estos años». Y ahí cita a los fallecidos Xuan Bello, Javier García Rodríguez y Fran Gayo. También se acuerda la consejera de «las diferentes personas, instituciones y entidades que conformaron el patronato de la Fundación a lo largo de estos años» y una declaración de intenciones a futuro: «Desde el Principado vamos a seguir impulsándolo, porque nos debemos puentes que nos comuniquen y nos enriquezcan para hacernos mejores».
[–> [–>[–>La alcaldesa, la socialista Mariví Monteserín, destaca que «para Avilés es una gran suerte poder disfrutar de una infraestructura cultural del nivel del Niemeyer«. «Destaca el gran atractivo de su oferta cultural, que se ve reflejada en todas y cada una de las obras programadas en el centro, pues obtienen el lleno total y consiguen atraer público procedente de muy diversos lugares», ensalza la regidora, para quien la presencia del centro cultural «es sinónimo de modernidad y ambición por el futuro»: «Para cualquier ciudad con visión de permanencia y de superación sería un sueño poder contar con un centro de las dimensiones y la proyección del Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer«.
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La visión de los partidos en la oposición no es tan positiva. Para la portavoz municipal del PP, Esther Llamazares, la evolución del Niemeyer ha sido un tránsito de la «ambición internacional a la dependencia pública». Para la edil, la retirada progresiva de patronos privados, tal y como reflejaba este lunes LA NUEVA ESPAÑA, es la principal evidencia de que el modelo ha perdido credibilidad y capacidad de generar respaldo fuera del sector público. Asimismo, cuestiona la sostenibilidad del centro, destacando que lo que se anunció como un motor económico ha pasado a depender de forma creciente del sector público. «El Niemeyer sigue siendo un activo cultural importante, pero el modelo que lo sustentaba ha cambiado radicalmente. Lo que debía ser un referente con proyección internacional se ha convertido en un equipamiento que depende, casi en exclusiva, del dinero público. Eso obliga a una reflexión seria: sin transparencia, sin evaluación y sin una gestión orientada a resultados, ningún proyecto —por emblemático que sea— puede sostenerse en el tiempo ni cumplir lo que prometió», argumenta Llamazares.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>Una línea muy similar a la que muestra la portavoz de Vox, Arancha Martínez Riola, para quien el Niemeyer es «un proyecto ideológico al servicio de la propagan de la izquierda». «Este 15.º aniversario no es un motivo de celebración, sino un ejemplo de mala gestión y despilfarro sostenido con dinero público», critica la concejala, quien defiende que “el balance real [del centro cultural] está lejos de la versión oficial», ya que, a su juicio, se trata de una infraestructura «incapaz de sostenerse y dependiente permanentemente de la financiación pública, sin ofrecer un retorno claro para el asturianos«. Además, Martinez Riola piensa que el Niemeyer «vive de espaldas a la ciudad de Avilés y nunca ha podido integrarse en la vida cultural avileña», y señala que «el fracaso del proyecto se refleja en la pérdida de mecenas que han abandonado el mecenazgo, sin duda muestra del poco entusiasmo que proyecta».
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Para David García, edil de Podemos, cuyo grupo hasta febrero de 2025 estaba en el gobierno local y también en el patronato del Niemeyer, el centro cultural «no ha cumplido su objetivo de convertirse en el motor de la reactivación económica de Avilés a través de la cultura». «Desde la perspectiva de Podemos, uno de los principales fracasos reside en que la gestión del centro ha funcionado históricamente como un ente ajeno a la ciudad, sin la debida implicación con el tejido social y cultural local. Esta desconexión se vio agravada por una ‘etapa de gestión especialmente cuestionable’ bajo la dirección de Natalio Grueso, que se caracterizó por la falta de transparencia y las polémicas que minaron la credibilidad del proyecto y que han arrastrado consecuencias hasta el presente. También critica García la «huida de patronos» y que el centro cultural necesita «un cambio de rumbo urgente». «Es imprescindible que el Niemeyer se abra a la participación, mire hacia Avilés y una fuerzas con los agentes culturales locales para materializar, por fin, el papel de referente cultural para el que fue diseñado».
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