Del no a la guerra, al sí a la gorra
España gasta poco en ciencia, pero nunca había invertido tanto el cartón piedra. En el ejercicio del birlibirloque, con Pedro Sánchez hay que quitarse el sombrero: tocado con una gorra roja que proclama “Make Science Great Again” se apunta al bombardeo contra Trump, como si el problema del sistema científico español se solventara con tipografía motivacional estampada. No hay dinero, no hay estabilidad, no hay carrera investigadora… pero queda la chistera del ilusionista. Del “no a la guerra” al “sí a la gorra”.
[–>[–>[–>Al líder plenipotenciario, que va de cabeza en las encuestas, le va mejor el gorro catalán, por el entreguismo a los independentistas; o el gorro frigio, ahora que quiere liderar la internacional de la izquierda como si estuviera al frente de la toma de la Bastilla. Le vale incluso la montera, por su habilidad con el capote para sortear cualquier morlaco; o tal vez la cofia, que parece la Gracita Morales de sus socios de gobierno, a los que acerca hasta el sofá las zapatillas.
[–> [–>[–>El vídeo del presidente con gafas de ciclista y gorra con mensaje es una obra maestra del escapismo institucional. Mientras los investigadores encadenan contratos basura y hacen cola en aeropuertos extranjeros, Sánchez se ajusta la visera, mira a cámara y nos explica que la ciencia es relevante. Eso lo sabemos. Lo que no vemos es el presupuesto para alentar las vocaciones científicas y dotar de aparataje a los laboratorios.
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En Semana Santa al presidente le vendría mejor cubrir la calavera con el cartón de tonto de capirote. Y mientras, los investigadores hasta el gorro, obligados a pasar la gorra para financiar el microscopio.
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