derrota 3-2 en el Nuevo Arcángel
La temporada del Sporting de Gijón quedó vista para sentencia en Córdoba. Los milagros son solo eso, milagros. La derrota del equipo rojiblanco (3-2) en El Arcángel remata otra temporada triste que vulgariza el cuarto proyecto deportivo de Orlegi Sports, que vuelve a incumplir los objetivos y necesita acertar en verano para recuperar credibilidad. El equipo gijonés se ve abocado a un desenlace tedioso en el que no se jugará nada más que dinero y, si acaso, dignificar a una institución que camina hacia una década atrapada en este insoportable laberinto que es la Segunda División. Spoiler, por si no lo han visto: el partido en El Arcángel ya lo jugó antes en muchas otras ocasiones el Sporting a domicilio. Y en todas —como ahora— salió malparado. Equipo frágil, que compite, pero que parece requerir de sobresfuerzos para ganar. No le dio tampoco en Córdoba, tras adelantarse con gol de Otero. A los rojiblancos los tumbó un conjunto más punzante y certero en el área contraria. Pero la sensación irremediable es que este equipo está tan cogido con pinzas que cualquier catarro lo lleva al hospital.
[–>[–>[–>El Sporting saltó al Nuevo Arcángel desnortado, superado por un Córdoba CF más adaptado a las circunstancias, agresivo en la presión y desbocado en ataque hasta que sufrió un repentino apagón. El guion del partido no engañó a nadie: fue un auténtico correcalles entre dos equipos más ofensivos que defensivos y que disfrutan con espacios. Primero amenazó el Córdoba, que tuvo al conjunto asturiano contra las cuerdas. Los primeros quince minutos dejaron aturdido al equipo de Borja Jiménez, sin energía, como quien sufre un golpe de calor —no era para menos, con temperaturas cercanas a los treinta grados a la hora de inicio—.
[–> [–>[–>La caraja fue tan importante que afectó sobremanera a un tipo siempre concentrado como Pablo Vázquez, un zaguero dominante en el área pero limitado cuando se ve obligado a salir de su zona de confort. Vázquez avanzó varios metros para intentar anticipar, pero midió horrible. Su indecisión contrastó con la determinación de Fuentes, un delantero tan veloz como impreciso, a veces acelerado. El punta del Córdoba metió la bota, ganó el duelo y se vio de golpe solo ante Yáñez y con tantos metros por correr que quizá pensó demasiado. Su remate se escapó por centímetros, pero la ocasión exigía mejor definición. El susto dejó temblando al grupo gijonés. Antes del bajón, todavía tuvo otra ocasión enorme el equipo de Ania, que cargaba con insistencia sobre el costado izquierdo del Sporting —el perfil de Diego Sánchez, titular por las molestias de Oliván—, donde se acumulaban Albarrán y, en ocasiones, Fuentes. Alves, el central, pegó un enorme brinco para sacar un remate durísimo de cabeza que rozó el travesaño.
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Ahí el partido viró. Ya no temblaba el equipo asturiano, sino que eran los andaluces quienes sudaban la gota gorda. El Sporting encontró un atajo a la espalda de los centrales de un Córdoba tan admirable en su propuesta como vulnerable en su trastienda. Los de Ania juegan con tal vocación ofensiva que, en ocasiones, se desnudan. Los asturianos, que estaban más que incómodos, encontraron espacios, y en ese contexto jugadores tan veloces como Dubasin, Gelabert y Otero son casi imparables.
[–>[–>[–>Fue precisamente Cuenca, el ‘guaje’ de Adamuz, quien, con un envío larguísimo y preciso, sacó tajada de esa doble cara del conjunto andaluz. El pase del central rojiblanco, de área a área, bien vale que en verano se redoble la apuesta por un chaval que, a sus dieciocho primaveras, tiene hechuras y talento para hacer una carrera importante. La asistencia dejó a Otero solo ante Iker Álvarez. Parecía fuera de juego en algún momento de esos tres segundos de carrera, pero estaba en posición legal; quien quedó retratada fue la zaga andaluza, incapaz de tirar la línea. El colombiano, a un año de acabar contrato y con un verano incierto por delante, hizo lo que no pudo hacer Fuentes: marcar. Su decimotercer gol en Liga, su mejor registro, fue el preludio de su inoportuna lesión.
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El golpe fue doble. En apenas diez minutos cayó lesionado Otero, Dubasin erró el 0-2 —Iker sacó una de esas paradas que se repiten durante meses— y Kevin Medina hizo el 1-1 antes del descanso. El atacante cordobés, que apenas alcanza los 1,70, marcó de cabeza en el segundo palo en uno de esos goles que desesperan a cualquier entrenador. Se apoyó en Rosas y saltó más que todos los zagueros del Sporting.
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[–>Una decisión del Grupo Pachuca tuvo su impacto en el partido. Ania metió al descanso a Jacobo —que lo tiene hecho con el Oviedo para la próxima temporada— por Guardiola, y la reacción del público fue una pitada atronadora. Al futuro jugador azul lo increpó su gente incluso cuando marcó el 2-1. Antes, un remate de Carracedo repelido por Yáñez ya anticipaba un segundo tiempo sin tregua. El avance de los minutos con empate dejaba fuera de la ecuación a ambos equipos. Y el partido no tuvo ni un segundo de respiro.
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Nadie anestesiaba el encuentro. Todo estaba en los detalles. Aunque el Córdoba atacaba más, también dejaba espacios. Primero estuvo cerca de marcar el Sporting tras una gran jugada coral en la que Rosas llegó demasiado forzado a línea de fondo para precisar el pase de la muerte a Dubasin. Después, los andaluces se abalanzaron sobre el área rojiblanca. Vilarrasa estrelló en el poste un disparo muy ajustado que Yáñez alcanzó a desviar. Y el 2-1 fue un accidente: un disparo de Jacobo que parecía inofensivo rebotó en Cuenca y desvió su trayectoria hasta superar al portero.
[–>[–>[–>Borja Jiménez movió el banquillo, dio entrada a Oliván y Bernal y situó al lateral como central para retirar a Pablo Vázquez. Pero las noticias empeoraron. Albarrán encontró descolocado al Sporting para hacer el tercero y sepultar el partido. Gelabert, tras un magnífico pase de Queipo, maquilló el resultado y añadió incertidumbre a un larguísimo descuento. Pero al Sporting le faltaron minutos en El Arcángel. Una paradoja: los que le sobran ahora en este triste epílogo.
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