DESAPARECIDOS ESPAÑA | Tamara Morillo, autora del podcast ‘En Paradero desconocido’: «Hasta los asesinos tiene madre y eso no debemos olvidarlo»
«He visto el lado más duro de la sociedad». Así comenzaba Tamara Morillo esta entrevista. Tamara es periodista de sucesos, especializada en casos sobre personas desaparecidas y autora de ‘En Paradero Desconocido’, el podcast de Prensa Ibérica en el que se pone el foco en las desapariciones más impactantes y sin resolver de nuestro país. «Llevo tiempo poniendo voz a las víctimas. Mi objetivo es ser su altavoz», explica.
[–>[–>[–>Cada episodio pone voz a los que no están, desde el corazón de la búsqueda: sus familias, su hogar. Y lo hace mostrando una especial sensibilidad con las víctimas, sin olvidarse del rigor que exige abordar investigaciones policiales y judiciales. “Paco Lobatón fue mi maestro. Él me enseñó dónde están las líneas que no se pueden cruzar. Hay una máxima suya que para mí es fundamental: no añadas más dolor al dolor. Eso resume perfectamente su enseñanza y mi forma de entender este periodismo”, cuenta Tamara.
[–> [–>[–>De todos los casos que has tratado ¿cuál es el que más te ha impactado?
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No te puedo decir un caso. Recuerdo las primeras charlas que tengo con familiares de desaparecidos que me impactaron bastante y cuando digo charlas son horas, empaparme, sentir, sentir su dolor. Recuerdo a Isabel Movilla, la madre de Caroline del Valle. Cómo buscaba… Llevaba muy poquito tiempo desaparecida Carol y ya son diez años. Natalia, la madre de Malen Ortíz. Isidro y Rosa, los padres de Paco Molina. Un caso que también me ha impactado. Desapariciones de larga duración. Cristina Bergua, María Teresa de Motril. Desapariciones en el extranjero: Borja Lázaro, Nathaly Salazar. Crímenes que se disfrazan de desapariciones y en realidad son violencia de género. Crímenes machistas: Ángeles Sureda, Juana Canal, Manuela Chavero, Francisca Cadenas… que no sabemos qué ha pasado.
[–>[–>[–>Son tantos casos que no puedo elegir uno. Me impactan de verdad y de corazón. Me impactan todos, todos y cada uno de los de los casos que he escrito. Al final te los llevas y es inevitable que no pueda elegir uno.
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Después de enfrentarte a tanto dolor, ¿cómo consigues que no te afecte cuando llegas a casa?
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[–>Es inevitable que no me afecte. Mi objetivo no es contar una cosa y adiós, mañana otro caso. No puedes quitarte el traje al apagar el ordenador y no debe ser así. Cuando hablas de una desaparición tienes que sentirla como tuya. Si busco a un padre, puede ser mi padre; si busco a un niño, puede ser mi niño, mi abuela, mi sobrina, etc. Solo así consigues transmitir el respeto y el amor que merece cada caso.
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Muchas madrugadas me he despertado pensando: «se puede hacer esto» y te crees un poco policía, porque al final intentas encontrar respuestas, no solo dar voz, y son cosas que, seguro que la policía ya ha hecho, pero necesitas ayudar. Claro que no es fácil y creo que no sería una buena periodista si todo esto me resbalara.
[–>[–>[–>Así que me pongo una coraza de fortaleza, no de frialdad, porque no puedes ser fría, si no te toca no vas a poder trasladárselo a los lectores. Por eso me pongo esa coraza de fortaleza sabiendo que así voy a ayudar.
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Paco Lobatón te enseñó algo importantísimo a la hora de hacer este tipo de periodismo: «No añadas más dolor al dolor», ¿cómo se evita no añadir más dolor?
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Hablando desde la emoción, pero sin entrar en el amarillismo. Yo tengo que saber transmitir a los lectores o a los oyentes que esa familia está desesperada, por tanto, no puedo maquillar, ni omitir determinados sentimientos, porque si no el mensaje no llega. Pero no puedo ser sensacionalista. Es un caso demasiado duro, la familia ya está sufriendo cómo para leer un titular horroroso o detalles que no aportan.
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¿Cómo es posible que una persona desaparezca tan fácilmente?
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Depende mucho de la causa. Hay desapariciones por desorientación, problemas de salud mental, accidentes, etc. Pero más que desaparecer fácilmente, lo difícil es encontrar cuando no se dan los elementos indispensables para ello. Por ejemplo, la activación inmediata de una búsqueda. Todavía hay familias a las que se les pide esperar 24 horas, eso no existe y eso no puede ser. En el momento justo que se detecta que una persona ha desaparecido se activa la alerta. Fallan muchas cosas, los protocolos, algunos policías y guardias civiles que no tienen los medios necesarios. Hay muchas cosas aún por hacer en materia de desaparecidos, se está luchando y consiguiendo muchas cosas desde las fundaciones, las familias desde el Centro Nacional de Desaparecidos, pero queda mucho por hacer.
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Y como sociedad, ¿qué podemos hacer?
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Como sociedad se muestra empatía y hay muchísimos casos que se han resuelto gracias a la ayuda ciudadana. Dar una pista que parece tonta ha resuelto muchos casos. Pero hay otros que por lo que sea no cuajan, no despiertan esa empatía y son los que más duelen, cuando ni la sociedad te ayuda. Deberíamos interiorizar que cada cartel de desaparecido es una alerta, una emergencia. Igual que apartamos el coche cuando pasa una ambulancia, deberíamos reaccionar ante una desaparición. Si la sociedad se activa, la forma de encontrar a esa persona puede variar y quizás en algunos casos ayudaría a encontrar a ese desaparecido con vida. Nos pasamos el día compartiendo memes, reels… compartir un cartel cuesta tres segundos y puede marcar la diferencia.
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Tú que has acompañado a tantas y tantas familias en estos momentos tan dolorosos entiendes mejor que nadie ese sentimiento y ese dolor, pero ¿cómo te sientes en esos momentos?
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Siento dolor, impotencia, rabia y me duele. Creo que es necesario sentirlo a la hora de afrontar un caso. Para contar una desaparición tienes que ponerte en la piel de la familia. No puedes hablar de desapariciones sin ponerte en la piel de la familia, porque si no, no puedes transmitir ese dolor. Pero también sé que no debo cruzar determinadas líneas rojas para no hacer daño. Porque hasta los asesinos tienen madre. En el caso de Tomás Gimeno, (Tomás mató a sus dos hijas en Tenerife) por ejemplo, yo llamé a su hermana. Ella no tenía culpa, había perdido a sus sobrinas y encima estamos hablando de su hermano. Evidentemente no dulcifiqué nunca, pero mi grito no era hablar de Tomás Gimeno, era hablar de las niñas que eran las desaparecidas y por eso no podemos olvidar que incluso los asesinos tienen familia y a veces llevan un dolor añadido, el del duelo porque muchas veces matan a un familiar y la decepción el no saber por qué su hijo o su hermano ha hecho eso. Por eso, con el contenido de sucesos, de desapariciones, se puede hacer mucho daño porque prima el amarillismo. Con la moda por el ‘true crime’ muchas veces queremos hacer un contenido tan poderoso que nos creemos que estamos en una película, pero los «actores» con los que nosotros trabajamos son personas, son víctimas.
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¿Para qué sirve ‘En Paradero desconocido’?
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Este podcast es una apuesta clara de servicio público. Desde hace años Prensa Ibérica ha apostado siempre por los desaparecidos, hasta el punto de que a mí se me ha permitido siempre escribir un tema sobre desaparecidos sin que hubiera actualidad. Evidentemente los temas de actualidad se tratan, ha habido semanas que hemos tenido tres desaparecidos y uno, probablemente, no era actualidad, pero llevamos años siguiéndolo y aquí solo hay una máxima, el rigor donde yo me propongo no hacer daño, transmitir sin dañar y ‘En Paradero Desconocido’ es un paso más. Teníamos que hacerlo, hay personas que no pueden parar sus vidas para leer, pero sí escuchan mientras conducen, cocinan o hacen deporte. Es una forma de recordar que los familiares siguen buscando a esas personas.
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¿Qué es lo más difícil de hacer este podcast?
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Lo que provoco a las familias. A mí siempre me dan las gracias por hacer esto, pero yo sé que, con cada reportaje, con cada capítulo, al cual dedicamos mucho tiempo, les hago daño. Porque les estoy haciendo recordar cada minuto, ese último mensaje, la última vez que lo vieron, ese último adiós, ese adiós que no llegó… Estoy haciéndoles revivir y sé que les hago daño. Los días posteriores a la entrevista y a la publicación del podcast estoy pendiente de ellos, les mando un mensaje o les llamo, porque sé que han sufrido, que les estoy removiendo, aunque ellos no olvidan nunca porque tienen ahí a su desaparecido, pero sé que les hago daño, aunque nuestro objetivo con esto sea gritar su nombre porque es nuestra forma de buscar.
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Para terminar, ¿te has quedado con ganas de contar algún caso?
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Hay muchos casos que quería incluir en esta primera temporada. Confío en que hagamos una segunda porque a mi corazón y a mi mente me vienen más de 300 nombres, aunque lo que de verdad desearía es que esos nombres para una segunda temporada no estuvieran, porque se hayan resuelto. Por desgracia, hay muchas puertas a las que llamar para invitarles a los periódicos y los micrófonos de Prensa Ibérica y ojalá llegara el momento en el que no nos quedaran historias tristes que contar.
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