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Descanso en el balneario de Cofrentes, entre un volcán y una nuclear | Escapadas por España | El Viajero

Descanso en el balneario de Cofrentes, entre un volcán y una nuclear | Escapadas por España | El Viajero
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  • Publishedmayo 12, 2026



En 1934, Florián Rey realizó una segunda versión de la película. Sor San Sulpicio. Basada en la novela de Armando Palacio Valdés, esta historia ya había sido adaptada al cine por el mismo director en 1927. La primera versión, por supuesto, era muda, por lo que Rey lanzó la segunda para el realce vocal de Imperio Argentina. La cantante y bailarina porteña interpreta a una bella monja alegre y de hermosa voz que pasa unos días en el balneario Marmolejo. Por supuesto, este lugar es ficticio. En realidad, la película se rodó en las termas de Cofrentes, inauguradas en 1908 y que rápidamente se convirtieron en un lugar de moda para la burguesía valenciana. Cofrentes es un pueblo de mil habitantes a unos cien kilómetros de Valencia, en la comarca del Valle de Ayora.

El impulso más decisivo para la consolidación de este balneario vino de la mano de los hermanos José y Manuel Casanova, quienes adquirieron las instalaciones a su propietario original, Manuel Aparici Colomer, y las explotaron entre 1924 y 1973. Los hermanos Casanova fueron también accionistas mayoritarios de CIFESA, la compañía cinematográfica valenciana cuyo primer proyecto importante fue precisamente la versión sonora de Sor San Sulpicio. Todo encaja.

A este original manantial y al primitivo hotel modernista de principios del siglo XX se le fueron añadiendo con el tiempo todo tipo de construcciones, hasta llegar al conjunto actual, con piscina de verano, cafetería, teatro, capilla, restaurante, piscinas termales, sala de longevidad y campo de Lanzar y patear que consta de nueve hoyos.

Todo empezó con la fuente original, Hervideros. Esta agua que apareció en un lugar privilegiado entre las montañas apareció sobre la cámara magmática del volcán Cofrentes. Porque efectivamente, estamos en el lugar exacto del único afloramiento volcánico de la Comunidad Valenciana. Este volcán extinto se alza sobre el cerro de Agrás o Cerro Negro, a un kilómetro y medio de la localidad de Cofrentes, y alimenta la fuente de Hervideros, con aguas mixtas bicarbonatadas, sulfato-magnesianas y ferruginosas gaseosas de carbono. Líquido especialmente indicado para el tratamiento de enfermedades del hígado, vías biliares y estreñimiento. Esta original fuente todavía da lugar a largas colas en busca de una cura hidropínica, es decir, la ingesta prescrita y guiada de aguas mineromedicinales por un médico.

Sobre el volcán Cerro de Agras, ya extinto, se encuentra el Castillo de Cofrentes, que puede visitarse. A 394 metros sobre el nivel del mar, su origen es islámico y fue un punto clave para la defensa del valle y para el transporte fluvial realizado desde el siglo XII.

Pero Hervideros no es la única fuente en la región. El Pilón, por ejemplo, con sus aguas ligeramente mineralizadas, se utiliza para el tratamiento de enfermedades reumáticas en forma de balneoterapia. Las Salinas de San Javier, por su parte, cuentan con aguas cloradas-sódicas de muy alta mineralización, indicadas para enfermedades respiratorias y cutáneas.

Sin embargo, con el tiempo, el balneario reorientó su actividad desde la hidroterapia clásica –con gran éxito entre el público del Imserso– hacia sus servicios en la Escuela de la Longevidad. Allí, el Dr. Miguel Ángel Fernández Torán practica sus innovadoras técnicas con ozono o la llamada hipertermia progresiva (aumento gradual de la temperatura corporal para la curación), muy eficaz contra el dolor crónico.

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El huésped que haya decidido planificar una estadía en este spa encontrará en los alrededores otros atractivos que pueden alegrar su agenda. Bien es cierto que lo primero que se ve al llegar por carretera a la zona es la nube de vapor de agua que corona las dos torres de refrigeración hiperboloides de la central nuclear de Cofrentes. Y a pocos kilómetros del balneario y de la localidad que le da nombre, se encuentra desde 1984 una central eléctrica tipo BWR-6 (es decir con reactor nuclear de agua en ebullición). La situación atómica no parece preocupar mucho a visitantes y locales. El spa siempre está lleno. Y en la ciudad observamos con satisfacción el característico doble perfil tubular de la fábrica, que asegura que proporcionó trabajo e ingresos a la región. Para los cofrentinos, de hecho, la energía nuclear ya forma parte de su particularidad, al mismo nivel que su volcán.

Por otro lado, los atractivos del barrio se multiplican. La abundancia de ríos que discurren por estas tierras –Cofrentes está situado en la confluencia del Júcar y el Cabriel– crea una orografía magníficamente abrupta de barrancos, montañas y valles, con una vegetación de tipo mediterráneo en la que abundan los pinares y las arboledas de romero, tomillo, jara, retama y esparto. Más abajo sorprenden gratamente los cultivos de cereales, olivos, vid y frutales como el melocotonero, que alcanza su punto máximo de floración en marzo.

Para los amantes del paisajismo y los deportes de aventura (moderados), un crucero fluvial por los cañones es más que recomendable (congostos Se llaman aquí, acantilados de hasta 400 metros de altura) del río Júcar/Xúquer, y posibilidad de practicar piragüismo, bicicleta o pesca controlada de carpas o anguilas. Desde la silenciosa cumbre del volcán, todo el valle se abre ante nosotros. A continuación, ciclistas, pescadores y marineros se mezclan con los caminantes que abandonan el balneario para sumergirse en un paisaje orográficamente petrificado único. Donde la subterránea e inmemorial cámara de magma del volcán alimenta los manantiales balsámicos, mientras que afuera el vapor de la central nuclear nos transporta instantáneamente a nuestros contradictorios tiempos.



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