desde Lecho de Pulgas, la cara más sucia de ‘Juego de Tronos’
Los Siete Reinos de Poniente regresan a HBO Max, aunque el punto de vista no es quizá el que muchos esperaban. El nuevo spin off de la franquicia nacida de los libros de George R. R. Martin se estrenó el lunes en la plataforma, en un año en el que volveremos por partida doble a este universo de ficción, ya que en verano se estrena la nueva temporada de ‘La casa del dragón’. ‘El caballero de los Siete Reinos’ es el tercer título de la saga y transcurre en medio de las otras dos series. La acción se sitúa cien años después de la cruenta guerra civil entre las distintas facciones de la Casa Targaryen que se nos está contando en la precuela, y otros cien años antes de que Ned Stark (Sean Bean) pronunciara aquello de que se acercaba el invierno en la serie madre de la saga. Es el puente desde que desaparecieron los dragones hasta que Daenerys (Emilia Clarke) trató de traerlos de vuelta.
[–>[–>[–>El protagonista de esta nueva serie no pertenece a ninguna de las grandes casas ni está llamado, al menos en apariencia, a desempeñar un papel crucial en los grandes conflictos de Poniente. Ser Duncan el Alto (Peter Claffey) es un caballero errante de origen humilde que recorre los caminos junto a su joven escudero, Egg (Dexter Sol Ansell), sobreviviendo a base de torneos, pequeños encargos y no pocas humillaciones. Este caballero procede de un barrio que seguramente no formaría parte de los itinerarios turísticos de Desembarco del Rey: el Lecho de Pulgas, con dudosa fama de ser el más pobre y miserable de la capital. Es el reverso sucio del esplendor cortesano que rara vez había ocupado el centro del relato en el universo televisivo de ‘Juego de tronos’, aunque de alguna manera ha estado presente en varias tramas. Por ejemplo, era uno de los primeros lugares donde se ocultó Arya Stark (Maisie Williams) tras huir de palacio después de que su padre perdiera literalmente la cabeza. También fue la zona desde la que se produjeron los saqueos en la célebre Batalla de Aguas Negras, durante la segunda temporada.
[–> [–>[–>Ese desplazamiento del punto de vista lo cambia todo. Si las series anteriores nos invitaban a contemplar Poniente desde las alturas como castillos, tronos, linajes e intrigas palaciegas. ‘El caballero de los Siete Reinos’ propone mirar ese mismo mundo desde el barro, desde los márgenes sociales, desde la épica mínima de quienes sobreviven lejos de los focos del poder. Es, en cierto modo, Poniente visto desde Lecho de Pulgas. Aunque hay que matizar que el hecho de haber nacido allí no determina una existencia abocada al fracaso. El infame barrio es el lugar de origen de Sir Davos Seaworth (Liam Cunningham), mano del rey Stannis Baratheon.
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Aquellos que se han estudiado la cronología de los personajes de la saga literaria saben que la historia tiene reservadas unas líneas tanto para Sir Duncan, como para su escudero Egg, que no es quien aparenta ser y cuya identidad va a ser una de las sorpresas de esta serie. Al inicio, Sir Duncan por no tener, no tiene ni armadura propia. Huérfano desde que tiene memoria, pronto abandonó el barrio de su infancia y se crió en los caminos de Poniente como criado de un caballero. Se supone que esta armadura la ha heredado de su señor, Ser Arian del Árbol de la Moneda, antes de morir. Aunque no sabemos las circunstancias en las que le ha nombrado caballero.
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La serie arranca cuando Duncan pierde a su señor, que tampoco tiene alguno de los apellidos de las grandes casas, y encuentra a su escudero, que se convertirán en inseparables. A pesar de su corta edad, sacará más de una vez las castañas del fuego a su señor y está claro que se le da mucho mejor que a él esto de la caballería. Tampoco se puede decir que nuestro héroe brille por sus habilidades como espadachín y se desenvuelve prácticamente como haríamos cualquiera de nosotros en su misma situación. Vamos, que sobreviviríamos de milagro.
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Por el momento, Martin solo tiene un volumen publicado con estos personajes, que recopila tres aventuras diferentes protagonizadas por ellos. El plan es dedicar una temporada a cada una de estas historias y no sabemos si habrá más. Ya sabemos que el escritor se toma su tiempo. No en vano ya llevamos esperando más de diez años los libros que nos contaban el final de Juego de Tronos. Esta semana ya ha dejado caer que podría escribir hasta quince aventuras de este caballero, lo que nos daría para temporadas más que suficientes hasta que se aclare el embrollo de la disputa entre Netflix y Paramount por la compra de Warner. Hay un largo camino por recorrer.
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[–>La relación entre Duncan y Egg remite inevitablemente a la tradición literaria de la pareja formada por Don Quijote y Sancho Panza. Uno, guiado por un ideal de caballería que parece fuera de su tiempo; el otro, más pragmático, más atento a las trampas de la realidad. Pero si Cervantes construía su novela desde la parodia de unos libros de caballerías ya anacrónicos, Martin invierte la operación: introduce a sus personajes en un mundo donde los dragones han existido, los torneos son reales y la épica forma parte del tejido histórico. Donde los gigantes no son molinos, sino criaturas auténticas. Duncan sería, así, uno de esos caballeros que el propio Quijote habría leído con fervor. Quizá ese lugar de la Mancha cuyo nombre no quería recordar el autor podría encajar con el Lecho de Pulgas.
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Las desventuras de Duncan, sometido constantemente a situaciones incómodas, humillantes o directamente dolorosas, refuerzan esa dimensión quijotesca. Hay incluso algo del cine de Sam Raimi en su tratamiento del héroe: un empeño casi sádico por hacerle caer, mancharse, tropezar y levantarse una y otra vez, como si la serie quisiera recordarnos que la épica, observada desde abajo, rara vez es gloriosa. Así, en los cinco primeros minutos del episodio ya nos hemos encontrado con uno de los momentos más escatológicos de la saga.
[–>[–>[–>Paradójicamente, Duncan y Egg, pese a no haber vivido en los grandes momentos de la historia de Poniente y a moverse en los márgenes del poder, demuestran una importancia inesperada en su tiempo. Sus aventuras, pequeñas en la escala de la Historia oficial de los Siete Reinos, ganan protagonismo propio en el relato, aunque los detalles de su destino se mantengan fuera del alcance de la saga literaria, más allá de alguna alusión en la cronología del reino. Una idea que recuerda inevitablemente a lo que ocurre en El Silmarillion, donde la épica central de ‘El Señor de los Anillos’ queda reducida a unas pocas páginas sin que eso reste trascendencia al viaje de Frodo y compañía.
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Ese carácter lateral también concede a la serie una mayor libertad creativa. Al moverse en los márgenes del canon, puede explorar decisiones, conflictos y trayectorias sin el corsé de una mitología demasiado rígida, apostando por un tono más íntimo, aventurero y casi picaresco. Incluso con un solo episodio, El caballero de los Siete Reinos deja clara su propuesta: alejarse del trono para explorar el barro, y recordarnos que, a veces, las historias más reveladoras no nacen en los palacios, sino en los callejones de Lecho de Pulgas.
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