Director de centro, un oficio de valientes: “Te sientes solo en el universo”
Carmela Bonet es la mujer orquesta. La lista de las funciones que desarrolla en su día a día es larga: “Soy directora, jefa de estudios, profesora, secretaria, conserje”, enumera. Carmela ha sido durante los últimos tres años la directora del CEIP L’Era de Senija pero, cuando su mandato cumpla un cuarto año, no lo renovará. El caso de Carmela es cada vez más frecuente: las asociaciones explican que cada vez cuesta más encontrar vocaciones de director o directora. Entre los factores que explican esa huida están los mismos que queman al cuerpo docente: necesidades educativas especiales disparadas, una burocracia que se les antoja infernal, un complemento salarial insuficiente o el difícil clima de las aulas y los colegios e institutos. “Pasamos el día apagando fuegos”, lamentan.
[–>[–>[–>El incendio es todavía de mayores proporciones cuando se añaden elementos al cóctel. En el caso de Carmela, por ejemplo, el hecho de que no pensaba dirigir el centro en el que trabaja hasta que la anterior directora, que se jubilaba, le pidió que la relevara. Así que aceptó, hizo el curso de dirección y presentó un proyecto que fue aprobado. Pero en su renuncia próxima pesan más factores: su centro es una escuela rural incompleta, es decir, que algunos de los docentes parten su jornada entre este centro y otros de la comarca. Esa particularidad hace que casi no haya profesores fijos: es una plaza que suele cubrirse con interinos que cambian cada año, desincentivados por la dificultad. Y eso a la vez hace que, para Carmela, “cada año es una sorpresa”.
[–> [–>[–>«Solo para cuando me digo que es hora de parar»
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“Hago funciones de administración, de contabilidad, hay que llevarlo todo, y eso además de las clases, que al final se quedan como lo de menos”, reconoce. Son jornadas maratonianas, de hasta 12 horas, con los fines de semana repletos de trabajo pendiente que se ha llevado a casa sin querer. “Solo paro cuando me digo que es hora de parar”, dice. Pero podría seguir casi indefinidamente.
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Cuando entró al cargo, se sintió, al principio, un poco perdida. “Hay muchas cosas que desconocemos, por suerte hay grupos de whatsapp, que son de mucha ayuda pero también un bombardeo constante de mensajes”, dice. Perdida y con la necesidad de enfrentarse a una burocracia disparada: “Implica mucho esfuerzo y energía que acabas quitándole al alumnado”.
[–>[–>[–>Carmela Bonet en su colegio de Senija / Redacción Levante
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Le ha costado, también, separar la vida laboral y personal. “Acabas llevándote a casa problemas”. Asegura que ser profesor es dedicar muchas horas, pero que la responsabilidad de dirigir un centro es mucho más abrumadora. “Tengo ganas de volver a ser profesora, de centrarme 100% en lo que estudié y a lo que me quiero dedicar, dejar el resto de responsabilidades y burocracia”, afirma. Eso sí, añade que, durante estos cuatro años de liderazgo compartido -”sin mis compañeros no podría haber hecho nada”, reconoce- ha conseguido mejorar las infraestructuras, abrir un poco la mente del centro en cuanto a los métodos de estudio e incrementar el alumnado: la matrícula ha pasado de 24 a 43 estudiantes.
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Las asociaciones: «Cada día se presentan menos voluntarios»
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La de la dificultad es una opinión compartida por las asociaciones de directores. Isabel Moreno, presidenta de la Asociación de Directores de Primaria, explica que cada vez son más los centros en los que no se presenta ninguna candidatura para la dirección. La alternativa es que, donde no hay candidatura, escoja la inspección educativa. “Cada día son menos los que se presentan voluntariamente, sobre todo nos encontramos a gente que no quiere renovar al cabo de un primer periodo de cuatro años”, explica.
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[–>“Lo vivimos en el día a día; la función de la dirección escolar es complicadísima porque somos representantes en dos direcciones: representamos a la administración delante de nuestra comunidad educativa y a nuestra comunidad educativa ante la administración”, resume Moreno. Lo que conlleva esa duplicidad es “estrés en todas direcciones”.
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Pero discrepa de que lo único necesario es “mucha vocación”. “También mucha formación”, dice. Su asociación de directores reivindica una mejor formación de cara a profesionalizar la función directiva. La actual, añade, se limita a un curso online sin prácticas y donde se prioriza la presentación de un proyecto de dirección. “Sin prácticas, cuando te aprueban un proyecto de dirección estás solo en el universo, y eso no puede ser”, lamenta.
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El CEIP de Senija dirigido por Carmela Bonet / Redacción Levante
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Coincide Toni González Picornell, que comanda la Associació de Direcions d’Escola Pública del País Valencià. Entre lo que agrava últimamente la falta de vocaciones directivas, señala la burocracia excesiva, la conflictividad en las aulas y con las familias y el crecimiento del alumnado con necesidades educativas especiales, necesidades que terminan por no cubrirse adecuadamente por falta de recursos.
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“El complemento salarial que percibes por ser director no compensa el volumen de tareas que tienes que enfrentar”, considera. El director, dice, debe enfrentarse a un aluvión de normativa en constante actualización. “No sabes a qué atenerte”, lamenta.
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Las nuevas generaciones: «Es una inquietud personal»
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Aun así, hay partido y hay espacio para el recambio generacional. Las vocaciones de directores y directoras siguen existiendo. Como la de Estefania Leyda, del CEIP El Port de Xàbia. “Me preguntan por qué ahora y respondo que es por una inquietud personal”, admite.
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Fruto de esa inquietud personal, empezó la formación de directora, que terminó este mes de febrero. “Siempre lo he tenido en mente: quería hacer el curso de dirección porque me gusta estar en el equipo directivo para poder contribuir al ideal de escuela”, reconoce Estefanía. Eso sí, le habría gustado acabar el curso y sentirse mejor formada. “Si ahora me sueltan en un colegio, tengo base, pero es verdad que en muchas cosas me vería muy sola, desamparada”, admite.
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Sabe que es complicado, pero no renuncia a su “ideal de escuela”: “Que las familias y el colegio caminen juntos hacia un objetivo educativo común, que sean partícipes los dos en ese camino, que es paralelo”. Así que quizá acabe dirigiendo un centro, a pesar de todo. “Me dicen ‘uy, uy, uy y ¿eso? Te gusta estar en todos los fregaos’, y es verdad; tiene que haber gente para todo”, concluye.
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