Edmundo Arrocet reaparece en España para hablar de su amistad con Julio Iglesias: «Le dejé unos calcetines»
El humorista Edmundo Arrocet ha vuelto a demostrar que el sentido del humor sigue siendo su mejor carta de presentación. El cómico chileno fue uno de los galardonados en los Premios Nacionales Reyes Católicos a la Excelencia, una cita en la que, fiel a su estilo, no dudó en arrancar sonrisas desde el momento en que pisó el photocall. Entre bromas, simuló asomar una pierna con gesto «erótico», mostrando un simpático calcetín mientras posaba divertido ante los medios.
[–>[–>[–>Durante su paso por el evento, Edmundo sorprendió al desvelar una curiosa anécdota que lo une al cantante Julio Iglesias. «Nos conocemos desde hace mucho… la última vez le presté un par de calcetines, porque usamos los mismos, de la marca Ejecutivo», comentaba entre risas. El humorista aseguró sentirse muy sorprendido por las recientes acusaciones hacia el artista: «No me lo creo para nada. Julio siempre ha sido muy cariñoso y afectuoso con todos nosotros».
[–> [–>[–>Arrocet recordó con nostalgia aquellos años compartidos con la familia Iglesias: «Tengo muchas historias de aquella época. Incluso viajé con su padre a Miami, no quería irse en avión si no era conmigo. A mí me quería mucho«, relató, evidenciando el cariño que mantiene hacia ellos.
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En tono más distendido, el cómico también se refirió a Meli Camacho y sus conocidos comentarios sobre los langostinos, confirmando, entre risas, que «sí, se los llevaban de la casa de María Teresa para su casa». Sin embargo, aclaró que a él el marisco no le atrae en absoluto: «A mí lo único que me gustaba era el ajoblanco que hacía Teresita, lo hacía maravilloso».
[–>[–>[–>Las hijas de la recordada María Teresa Campos también tuvieron palabras de admiración por parte del actor, a pesar de las diferencias que presentan desde hace años: «Carmencita cocinaba muy bien, y Terelu igual, las dos heredaron el toque de su madre», afirmó con ternura.
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Eso sí, el buen humor de Edmundo se tambaleó por un instante cuando un periodista le mencionó el calificativo de «tacaño». «Se acabó la entrevista, olvídate», bromeó al principio, para luego zanjar el tema con serenidad: «Que digan lo que quieran, yo estoy muy tranquilo. Se han dicho muchas mentiras y no me merezco ese trato». Con una sonrisa final, Arrocet se despidió deseando suerte a «los programas de televisión que sigan hablando de él».
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