EEUU está liderando los retrocesos en democracia, inclusión y pluralismo en el mundo
Durante los últimos meses, tras el acuerdo del Partido Popular y Vox para la investidura de María Guardiola en Extremadura, el término ‘prioridad nacional’ ha copado el debate público. Pero esa idea de excluir a un sector de la sociedad por cuestiones de origen, raza o religión está muy lejos de ser original. En EEUU, el profesor de Derecho y catedrático de la Universidad de Berkeley, y director del ‘Othering & Belonging Institute’, john a. powell (Detroit, 1947), cuenta con una más que amplia trayectoria explorando esta idea bajo el término ‘othering’.
[–>[–>[–>En el marco de la ponencia ‘No kings no wars’, impulsada en Barcelona por BCN4Peace y celebrada el pasado miércoles 27 de mayo, powell (que escribe su nombre en minúsculas porque considera que debemos ser «parte del universo, no estar por encima de él, como sugieren las mayúsculas») recibe a EL PERIÓDICO para hablar de cómo esta idea domina el discurso de la Administración de Donald Trump y se propaga cada vez más fuera de las fronteras estadounidenses.
[–> [–>[–>Me pareció muy interesante el término othering, acuñado por usted, y me gustaría preguntarle primero por el significado concreto de esta expresión.
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Othering describe cuando a un grupo de personas o a un individuo no se le concede el mismo grado de dignidad o respeto que a otros. Ahora bien, es común en todas las culturas. A veces decimos que la religión, el país de origen, la raza, la orientación sexual o alguna combinación de todo ello hacen inferior a una persona. Todos hemos oído hablar de sexismo, racismo, homofobia, xenofobia… Todas estas cosas son relatos sobre personas a las que percibimos como diferentes, inferiores y menos merecedoras. Así que othering es un término general que capta la forma en que categorizamos y segmentamos a las personas.
[–>[–>[–>¿Cómo lo describiría aplicándolo a Estados Unidos y las políticas de Trump?
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Ahora mismo hay un debate, no solo en Estados Unidos sino en todo el mundo, sobre la pertenencia. Que es lo contrario de lo que el vicepresidente (de EEUU, J.D) Vance, apelando a la filosofía conservadora alemana de que tu sangre y tu suelo son lo que te convierten en un verdadero estadounidense, dijo acerca de que las creencias y los valores políticos no te convierten en estadounidense. Y lo hizo para decir que las personas que no son cristianas, que los inmigrantes, incluso si se han integrado, no son verdaderos estadounidenses. Hay incluso quienes creen que los verdaderos estadounidenses, los que realmente pertenecen, son solo los protestantes, ni siquiera los católicos. Y cuando defines a alguien como falso estadounidense, estás sugiriendo que sea tratado como inferior.
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[–>Se parece mucho a la idea difundida en España de la ‘prioridad nacional’, pero desde la perspectiva estadounidense…
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Estados Unidos siempre ha sido un país complicado. Nunca ha sido solo una raza ni una religión. Los llamados fundadores pensaban que la gente debía tener la oportunidad de seguir su propia religión. Así que esas personas que ahora dicen que «los verdaderos estadounidenses son cristianos» van en contra de esa idea, pero también de la Constitución, que garantiza la libertad religiosa. Ahora bien, que la garantice no significa que la gente la practique.
[–>[–>[–>El catedrático y catedrático de la Universidad de Berkeley, John A. Powell, durante la presentación ‘No kings no wars’, celebrada en Barcelona. / MIQUEL MUÑOZ / BCN4Peace
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¿Cómo se logra convivir en un ambiente así?
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Algunas personas están nerviosas porque Estados Unidos es un país de inmigrantes. Siempre lo ha sido. La gente está preocupada por los cambios que están ocurriendo y por los líderes que dictan a quién pertenece el país. Y la gente lo define a menudo de forma estrecha, en función de su pertenencia a un grupo. Pero nosotros decimos lo contrario: que pertenece a todos. Y eso marca una diferencia entre la izquierda y la derecha. La izquierda piensa en el «nosotros». Porque la Constitución, la Declaración de Independencia, empiezan con «nosotros, el pueblo».
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La pregunta, entonces, es ¿quién es el «nosotros»?
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Exacto. Cuando nació EEUU, aquel «nosotros, el pueblo» estaba restringido a las personas anglosajonas, hombres y propietarios. No fue hasta 1920 cuando se extendió el derecho al voto a las mujeres; y hasta 1960 cuando la comunidad negra fue incluida en el «nosotros». Cada generación tiene que enfrentarse de alguna forma a esta pregunta. Y ahora mismo, el presidente Trump ha argumentado que deberíamos reinterpretar lo que se llama la ciudadanía por nacimiento. Porque en Estados Unidos, independientemente de quiénes sean tus padres, si naces allí eres ciudadano estadounidense.
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Hablando de Trump, ¿cuáles son los retos a los que hace frente la sociedad estadounidense bajo su mandato?
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Todos los grandes estudios han señalado que el mundo está retrocediendo en democracia, en inclusión y en pluralismo. Y Estados Unidos, que durante años había defendido esos conceptos, está liderando la carga. Muchas de las personas que impulsan esta agenda son ‘autoritarias’ y no creen en la igualdad, la democracia, o el Estado de derecho. Están asociadas a lo que llamamos ‘Ilustración oscura’ y niegan muchos de los valores que defienden la idea de que todas las personas deben ser tratadas con dignidad.
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¿A qué se refiere con ‘Ilustración oscura’?
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La igualdad y la democracia no son solo ideas. Están consagradas en nuestros documentos fundacionales, pero también en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, que han abrazado todos los grandes países. Son el núcleo alrededor del cual se organizan las sociedades. Y puedes tener una interpretación de derechas o de izquierdas, pero hay un acuerdo en que son valores centrales. Lo que ocurre ahora en Hungría, aunque hayan retrocedido, en India y también en algunas partes de España, es que hay gente que cree que algunas personas no tienen derechos y que nunca podrán tener derechos. Y esas son precisamente las ideas que desafían a Occidente, y lo que llamamos ‘Ilustración oscura’.
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Profesor y catedrático de la Universidad de Berkeley john a. Powell, durante la presentación ‘Sin reyes no hay guerras’, celebrada en Barcelona. / MIQUEL MUÑOZ / BCN4Peace
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¿Cómo podemos relacionar todo esto con la situación iraní, con las perspectivas y la opinión de la Administración Trump hacia Irán?
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La guerra en Irán es interesante por muchas razones. Primero porque el Congreso nunca la autorizó. Así que Trump lo está haciendo por decreto con la falsa justificación del «miedo a que vayan a hacer algo». Además, aunque parezca una locura, el mundo está regido por principios de guerra, pero incluso en una guerra hay límites. Y uno de ellos es atacar objetivos civiles. Cosa que Estados Unidos ha hecho constantemente. Por eso, esta es una guerra ilegal tanto por los estándares estadounidenses como internacionales.
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¿Qué debe aprender la comunidad internacional, para no cometer los mismos errores?
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El primer ministro de Canadá (Mark Carney) habló de un nuevo orden mundial donde los países de tamaño medio deben unirse. Hay 8.000 millones de personas y debemos plantearnos cómo convivimos los unos con los otros. Necesitamos algún tipo de orden, tanto para la economía, como para el medio ambiente, la migración, la ciencia, las pandemias, o la tecnología. Porque vivimos en un mundo profundamente interconectado y no puede ser que los fuertes hagan lo que quieran. Por eso es importante que Europa siga abrazando esos valores, pero también que se acerque a quienes, como Canadá, estén dispuestos a abrazarlos.
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Ya por terminar, ¿cómo afecta todo esto a las elecciones de medio mandato de EEUU?
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Trump necesita terminar esta guerra. Su índice de aprobación ahora mismo está en torno a la mitad de los 30 puntos y bajando. El efecto sobre la economía de Estados Unidos está teniendo implicaciones serias. Muchas de las personas que lo apoyaron, incluida parte de la extrema derecha, tenían la idea de que no estaríamos en guerras. Porque esto viola muchas de las cosas que Trump prometió. Y ahora mira hacia Cuba. Mucha gente tenía miedo de que atacara la isla el 20 de mayo. Por suerte, no lo hizo. Y parte de la razón fue porque está atrapado en Irán. Por eso necesita salir de esto rápido o tendrá consecuencias muy negativas para los republicanos.
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